ALUMNO DE FEMINISMOS

Por Gustavo Bolívar Moreno.

Preguntas para hombres. Respondan tres de estas cuatro preguntas:
1. ¿Qué saben del supuesto colapso de la función de onda en la interpretación de Copenhague?
2. ¿Qué saben sobre algoritmos de identificación facial a través de inteligencia artificial?
3. ¿Por qué el mecanismo de Higgs puede dar masa a algunas partículas sin romper la simetría del gauge?
4. ¿Qué sabe de los feminismos en construcción y fije su posición frente a ese tema?

Compañeros, sé que para la gran mayoría de nosotros, incluso para algunas mujeres, no pocas, es más fácil y menos miedoso responder las tres primeras preguntas, pues para hacerlo solo basta con ir a google, de donde las tomé, seleccionar, cortar y pegar las respuestas.

Llevo meses aplazando la cuarta respuesta, no por pereza, no por miedo, aunque no niego que me asusta, sino por pura ignorancia. Y reconocer la ignorancia en un tema tan actual y tan sensible, que ha evolucionado tanto en las últimas décadas, para mí como político es casi como cometer un delito.

Nací en un hogar machista, de un barrio machista, de una ciudad machista, de un departamento machista, de un país machista, de un continente machista, de un planeta machista ––salvo notables excepciones— desde la irrupción de la humanidad misma, o desde que se tiene noticias de los sumerios, la primera civilización por allá en la Mesopotamia, en las cuencas de los ríos Tigris y Éufrates, según las tablas cuneiformes, hace más o menos 5.000 años.

Crecí bajo la tutela de una madre superprotectora y tres hermanas sumisas que en la niñez me bañaban, me llevaban a la escuela, me ayudaban a hacer las tareas, me cocinaban, me lavaban la ropa, me peinaban y hasta me cedían sus pocos privilegios.

En mi juventud estas mismas cuatro valiosas mujeres me prestaban plata para que saliera, mis tres hermanas me hacían cuarto ante mi madre para que me quedara en casa de otros amigos, me alcahueteaban la pereza y me seguían lavando la ropa, cocinando, planchando y me seguían manifestando su amor a través de su cuidado hacia mí.

En lo espiritual, desde niño me enseñaron a creer en un Dios hombre, con barba blanca, melena larga, representado en el padre el hijo y el espíritu santo, tres símbolos masculinos. En lo político siempre he sido gobernado por presidentes masculinos. Mis ídolos deportivos siempre fueron hombres, porque el fútbol y el ciclismo han sido mis deportes favoritos y por aquella época las mujeres no eran visibles en estas disciplinas. Los vallenatos con los que me enamoraba y pasaba las penas de amor, eran compuestos y cantados por hombres.

En mi adolescencia, luego del fallecimiento de mi padre, y a pesar de que mis hermanas eran mayores que yo 4, 6 y 8 años, respectivamente, recuerdo que yo tenía más privilegios que ellas. Mi madre no las dejaba ir a fiestas solas, a mí sí. Mi madre no les permitía quedarse por fuera de casa, a mí sí y lo peor, y aquí demuestro que desde casa nace la desigualdad, a mí me daban más dinero para las onces que a ellas. El plato de comida más robusto era para mí. En fin, podría enumerar una serie de hechos que justificarían mi machismo pero de eso no se trata esta columna. Se trata de responder la cuarta pregunta. Y la venía aplazando hasta que la semana pasada, la socióloga y feminista Juana Afanador, nos puso la tarea en Twitter, a algunos congresistas, de responder cuatro preguntas tan o más difíciles que las tres primeras con las que abrí esta columna.

Estupefacto con las preguntas y muy preocupado por las respuestas, que obviamente no tenía en mente en ese momento, le dije que en una columna le respondería sus interrogantes. Obviamente estaba tratando de ganar tiempo para estudiarlas y responderlas de la manera más prudente a sabiendas de lo delicado del asunto y también con la esperanza de no salir lapidado en el intento como le sucedió hace poco Gustavo Petro cuando se refirió a las mujeres de la Colombia Humana como “hermanas” y fue objeto de burlas y ridiculización. O como me sucedió a mí, un día internacional de la mujer cuando escribí que “las mujeres son un patrimonio moral de la humanidad”: Enseguida me cayeron mil a gritarme que ellas “no son patrimonio de nadie” lo cual es cierto y ahora entiendo. Nuevas disculpas.

Para ser sincero, el Feminismo es un tema que vengo abordando apenas hace tres años cuando llegué a la Colombia Humana y me vi rodeado de mujeres empoderadas, de las que sentí un trato diametralmente opuesto al que me daban mis hermanas y mi madre. De tú a tú me cuestionaban, me hacían preguntas, me pedían incluir en mi lenguaje la igualdad de género. Por allá en mi primer discurso aprendí a decir: Buenos días a todos y a todas. Debo admitir que en ese momento no me nació del alma. Venía de vivir lo que ya les describí en los primeros párrafos y de escribir 11 libros y casi 4.000 libretos en los que los pronombres genéricos son la constante, además admitidos por la RAE.

Obviamente, como líder de opinión o referente político que puedo ser, tengo una responsabilidad mayor y por eso me tomé el tiempo de pensar las respuestas pedidas por Juana. Me he sumergido estos días a estudiar el tema, a escudriñarlo, a entenderlo, con la ayuda de mis asesores y asesoras. Inmersión, que llaman. No es fácil porque lo abordo desde el temor a equivocarme. Lo abordo desde el trauma que me han producido algunas respuestas agresivas por equivocaciones mías. Y todo porque no pocas veces he sido reprendido con soberbia ante algunas imprecisiones, propias de un ser que apenas está aprendiendo el lenguaje, los términos, las luchas y las causas, por demás justas, del feminismo.

Este movimiento tiene la fuerza de quien quiere un cambio “aquí y ahora” y por eso a veces sus protagonistas pierden la paciencia. Su pedagogía es tajante. Su tolerancia está desgastada por siglos de derechos vulnerados. “Ellas están tirando piedra como lo hicimos nosotros en nuestra juventud para lograr cambios” me dijo uno de mis asesores a manera de metáfora. Las entiendo. Las mujeres están revelándose contra el mundo, están haciendo su revolución y tenemos que agarrar las piedras que nos tiran y con ellas ayudarles a construir la igualdad que con justicia reclaman. Tal vez así demoraremos menos tiempo en desaprender el camino machista recorrido y en adaptarnos a la manera en que debió marchar el mundo desde sus inicios: la igualdad.

Cuando tuve que conformar mi UTL, recién elegido, quise que el ejemplo de la igualdad entrara por casa. Nombre 5 mujeres y 5 hombres. Carolina, Diana, Pilar, Gloria y Maritza, cuatro de ellas activamente feministas. Debo admitir que me introdujeron en el tema con paciencia y se han esmerado en corregir varias posturas que había normalizado con el paso de las décadas. Pero deconstruir no es fácil, aún cometo mis pifias y estas me han costado escarnio y vergüenza. Sin embargo, no por quedar bien, no por obrar de la manera política más correcta, sino porque me nace, desde mi sentido de justicia y de humanidad, trabajo desde lo legislativo para que ninguna mujer sea tratada de manera desigual o denigrante en Colombia, por que el país se fundamente en la paridad. Jamás he maltratado a una mujer como es mi deber y si alguna cree que miento puede decirlo en este momento.

Un trato justo hacia las mujeres, también ha sido nuestro accionar, dentro del Partido MAIS y la Colombia Humana. Y no es un discurso. Son hechos. Creemos en la igualdad, creemos en la capacidad de las mujeres y peleamos con leyes para que esa igualdad de oportunidades, esa igualdad de salarios se dé en el menor tiempo. Desde la conformación de las listas para las corporaciones públicas, desde nuestra lucha contra el feminicidio, desde la apertura de espacios políticos reales en nuestros nodos, desde el respeto, desde la no cohonestación con el abuso hacia la mujer. Pero nos faltan las políticas, que el tema sea transversal en nuestros esfuerzos por un país justo.

En fin, es un tema del que me declaro alumno interesado más no avanzado, con la esperanza de enterrar, para siempre, el camino andado dentro del machismo.

Y ahora sí, sin más preámbulos, las respuestas a las cuatro preguntas de Juana Afanador agradeciendo su invitación a entrar en el debate y advirtiendo que son solo un aporte personal a una discusión a la que los hombres no hemos sido invitados ni tenemos por qué serlo. Son las mujeres las llamadas a definir esas respuestas y nosotros a aceptarlas. Pero como Juana pide mi opinión, aquí está:

1. ¿Cuál es la posición de la CH (Colombia Humana) sobre la prostitución?

Con respecto a mi posición frente a la prostitución debo señalar que entiendo que existen dos posiciones: una corriente del feminismo abolicionista que considera que no es un empleo sino una forma de explotación de las mujeres más vulnerables. Otra, las llamadas regulacionistas o pro-derechos, que consideran que cuando la prostitución se ejerce de forma voluntaria, es decir como un trabajo, este debería estar regulado. En cualquier caso, no es coincidencia que sean principalmente las mujeres quienes ofrezcan servicios sexuales, lo cual indica que este si es un asunto de desigualdades de género.

En el libro A Great Divide, J. Stiglitz ofrece una amplia serie de argumentos y evidencias sobre la relación entre desigualdad social y violencia. Una de las conclusiones más importantes de este documento es que la violencia de género se explica por una mayor vulnerabilidad de las mujeres al contar con menores remuneraciones salariales y de rentas, mayores niveles de desempleo y por ende quedan en muchos casos sometidas y expuestas a las explotación sexual.

La solución que propongo es la siguiente: trabajo y educación universal garantizados que saque de la vulnerabilidad a toda la población, incluyendo a mujeres que pueden caer en las manos de mafias proxenetas; luego, una regulación de la prostitución para quienes deseen seguir conformando ese gremio, asegurando la garantía de sus derechos humanos y laborales.

2. Varias participantes hablaron de hacer un protocolo amplio que no excluya a los hombres, hablaron de creación colectiva. ¿Para ustedes un protocolo contra la violencia de género entra dentro de una política publica necesaria, o es algo que se debe discutir?

En mi opinión, el protocolo en contrucción, dentro de un gobierno progresista, tiene que hacer parte de una política pública amplia y transversal que involucre a todos los actores de la sociedad. Es necesario avanzar en un cambio social ambicioso y contundente que subsane todas las fallas estructurales del Estado que han permitido la exclusión de la mujer y elimine toda conducta monolítica, que reconozca, garantice y restablezca los derechos de todas las identidades en un país violento como el nuestro, para procurar una sociedad más igualitaria y más equitativa con más garantías para las mujeres. Caminar hacia cambios políticos reales, más allá de los simbolismos.

Un protocolo dentro de un estado social de derecho debe establecer instrumentos, instancias y procedimientos que den garantías a las mujeres para complementar la acción del Estado en la lucha contra las violencias de género.

Tendríamos que explorar si las luchas feministas quieren o no excluir a los hombres. Los feminismos no son solo asuntos de mujeres, son también asunto del progresismo. Tenemos una lucha contra las injusticias hacia la población más vulnerable, bien sea por su condición socioeconómica o por pertenecer a una minoría. Sin embargo, como dice Luciana Cadahia, mientras la lucha contra las injusticias hacia los pobres lleva siglos, la lucha por la justicia hacia las mujeres comenzó hace menos de un siglo.

3) Una de las participantes dijo que había muchas denuncias falsas y que no había que creerle a las mujeres. También dijo que los más excluidos son los hombres blancos heterosexuales y que hay que hacer un protocolo contra la violencia en general. ¿Qué opinan?

Las denuncias de las víctimas siempre tienen que ser tomadas con toda seriedad. Así como les creo y apoyo a las víctimas del conflicto armado, les creo y acompaño a las mujeres víctimas de todo tipo de violencia de género. A mi modo de ver esta es una de las violencias más difíciles de probar y de tramitar, por muchos factores, porque en muchos casos los victimarios son sus propios compañeros o esposos, o sucedieron hace muchos años. Ahora, también considero que se debe respetar todos los derechos, especialmente, el debido proceso y las garantías constitucionales que tenemos previstas en nuestro estado social de derecho.

El sistema judicial no está funcionando para delitos de género. Según No es Hora de Callar, para El Tiempo, “En el tema de violencia sexual la impunidad llega al 98 por ciento, la violencia intrafamiliar a 86 por ciento y solo uno de cada tres feminicidios son atendidos, pero en la mayoría de los casos los asesinos no han pagado un solo día de prisión”. La vida de las mujeres, desde su niñez, se desarrolla en un marco de miedo a ser violadas y a que ese hecho quede en la injusticia. Más aún, el sistema judicial ha tenido históricamente un carácter patriarcal que sólo recientemente se está evaluando.

Soy consciente de la necesidad de una perspectiva de género en la administración de justicia que aborde con un criterio diferencial las violencias de género. Aumentar los presupuestos en justicia ordinaria y transicional, y así reducir los índices de impunidad en delitos hacia las mujeres.

4) Finalmente no hubo diálogo, anunciaron que serán una serie de foros en todas las regiones. No hay garantías democráticas de participación en las discusiones. Espero ansiosamente sus respuestas, necesitamos saber dónde están parados en estos temas.

Según ha expresado Gustavo Petro, la estructura de esta organización está basada en nodos interconectados horizontalmente. Esto incluye a Nodos que conformen mujeres, en temas de su agenda, si ese es su parecer. Esta estructura tiene que tener la capacidad de contrastar visiones de voces que difieren. De otro modo el movimiento estaría condenado a la extinción. Corresponde a las mujeres establecer las garantias y los lineamientos metodológicos para que se de ese dialogo con condiciones de equidad e igualdad y participación abierta de todas las mujeres.

Que la manera de llegar sea un asomo al país que proponemos. Me alegra enormemente que estemos dando estas discusiones a puerta abierta desde ahora: lo que nos une debe ser principalmente lo programático y en esa lista de principios el de la justicia hacia las identidades está en la primera línea.

Se deben reconocer los pasos que ha dado Colombia Humana para hacer efectiva su propuesta frente a los feminismos. La elección de las cuatro concejalas de Bogotá, encabezando la lista, marcan un hito en la lucha de las mujeres por construir igualdad desde la política. Somos conscientes de que falta mucho por hacer, pero ya lo estamos haciendo. Dentro de las discusiones del actual proyecto de Reforma Política, nos hemos abanderado de la lista cerrada con modalidad cremayera, es decir, alternar hombres y mujeres en todos los renglones, para lograr que ese 17% de mujeres que integran hoy en el Congreso de la República, pronto llegue al 50%, como debiera ser hoy.

Hay voces dentro de de los movimientos alternativos que hablan de la instrumentalización del feminismo con fines electorales, lo cual sería lamentable. Los episodios de las últimas semanas en los que bandos opuestos se enfrentan por las redes sociales, descarnadamente, no son un buen síntoma porque, retomando la metáfora de mi asesor, en nuestra juventud nosotros tiramos piedras al establecimiento, no a los amigos. Lo mejor sería, y disculpen mujeres por la intromisión, armonizar, organizar un dialogo horizontal en el que se puedan expresar las mujeres en toda su diversidad en igual de condiciones y no fomentar el canibalismo entre ellas.

Las imposiciones en la construcción del feminismo es más de lo que ya han tenido históricamente. El feminismo en sí mismo no puede repetir la exclusión que le dio pie a su nacimiento. Callar o pelearse con las diferentes expresiones son nuevas categorías de opresión. Si el feminismo excluye, estará cometiendo el mismo error histórico que cometimos los hombres.

No puede haber un feminismo académico desligado de la lucha en los territorios, del mismo modo que no puede haber feminismo comunitario sin la teoría académica. Hay que abolir el sentido de rivalidad y entender que se necesitan mutuamente. Establecer un dialogo igualitario porque la academia y el feminismo de base se necesitan, no pueden ir desligadas.

Es evidente que los feminismos están en ebullición. En redes es evidente que hay discusiones intensas que están removiendo cimientos individuales y colectivos. Sin embargo, debo decir que estas discusiones y enfrentamientos, propios de una revolución naciente, no son del todo malas. Nos han enriquecido al punto que ya entendemos varios tipos de feminismos. Sabemos lo que es el feminismo interseccional, el feminismo decomunitario y decolonial, y entendemos términos como sororidad y economía del cuidado. Con esto logran que los hombres nos volvamos aliados en su lucha por la paridad y la igualdad. Con esto están llamando la atención de juventudes con identidades de género más versátiles y fluídas que se están volviendo aliadas en su lucha por la paridad y la igualdad

Ojalá que esas discusiones entre las diferentes expresiones del feminismo puedan converger en dos hechos concretos para beneficio de todas: Establecer el protocolo para la prevención, atención, y erradicación total de las violencias basadas en género y el seguimiento y aplicación de los mismos y la concreción, en el menor tiempo posible, de la tan anhelada y necesaria igualdad.

Gracias a todes.

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