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Bogotá · Colombia

Cuarto de Hora

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Los Gustavos

¿Un pacto histórico?

De 1.287 muertos por covid en Bogotá, 813 eran de estratos 1 y 2. La cifra no estaba en ningún boletín público.

En julio de 2020, cuando la primera ola de la pandemia llevaba cuatro meses sobre Colombia, una petición formal de información a la Secretaría de Salud de Bogotá devolvió un dato que no aparecía en los boletines diarios: la distribución por estrato socioeconómico de las personas fallecidas por covid en la ciudad.

El resultado ocupó el centro de la columna publicada aquí ese domingo. De 1.287 muertos, 813 pertenecían a los estratos 1 y 2. De los estratos 5 y 6 había 33. Y solo el 38% del total había pasado por una Unidad de Cuidado Intensivo, lo que significaba que la mayoría murió en su casa o en un hospital, sin acceso oportuno a cuidado respiratorio.

El argumento

La tesis del texto era que esa diferencia no admite explicación biológica. Un virus no distingue estrato; lo que distingue es quién llega a tiempo a una UCI, quién puede dejar de salir a trabajar y quién vive en una casa donde es posible aislarse. La desigualdad, sostenía la columna, no fue un agravante de la pandemia sino su mecanismo de reparto.

De ahí el salto al asunto que daba título al texto. Si el sistema de salud, la estructura del empleo y la propiedad de la tierra producen resultados de esa magnitud en cuatro meses, la respuesta no puede ser un paquete de alivios temporales. Tiene que ser un acuerdo de fondo entre sectores que hasta entonces no se habían sentado juntos.

La genealogía que propone

Para nombrar ese acuerdo, la columna recurre a una lectura larga de la historia colombiana. Aparecen el general José María Melo y su alianza fugaz con los artesanos de Bogotá en 1854; Rafael Uribe Uribe y su intento de traducir la guerra civil en programa social; López Pumarejo y la Revolución en Marcha; y la Constitución de 1991, descrita como un pacto entre diferentes que quedó inaplicado por la violencia paramilitar de la década siguiente.

El hilo que une esos episodios, según el texto, es el mismo: cada vez que en Colombia se intentó un acuerdo amplio entre clases y regiones, el intento fue interrumpido por la fuerza antes de completarse. La conclusión —que ese pacto sigue latente y pendiente— cerraba la columna con la expresión que después daría nombre a una coalición electoral.

El dato que sigue en pie

La expresión que da título al texto todavía no designaba nada concreto cuando se publicó: faltaban dos años para las elecciones presidenciales de 2022 y no existía el vehículo para ejecutar nada de lo que aquí se propone.

La cifra de Bogotá es otra cosa. Sigue siendo el registro más claro de cómo se repartió la mortalidad de la primera ola entre estratos, y sigue sin aparecer en ningún boletín oficial. Ninguna autoridad la ha desmentido y ninguna la ha publicado.