Economía
Sin desprendible de nómina: cómo se le presta a quien trabaja por su cuenta
La banca sigue midiendo la capacidad de pago con un papel que más de la mitad de los trabajadores del país no tiene. Los datos alternativos abren la puerta, pero no bajan el precio.
En el trimestre de abril a junio de 2026, el 54,5 % de las personas ocupadas en Colombia trabajaba en la informalidad, según el boletín que el DANE publicó el 13 de agosto. En las trece principales ciudades la proporción baja al 40,7 %; en los centros poblados y el campo disperso sube al 83,2 %. Es la proporción más baja para ese trimestre en los últimos seis años, y aun así describe a la mayoría del país: el vendedor de la plaza de mercado, la peluquera que atiende en la sala de su casa, el conductor que trabaja por plataforma, el maestro de obra que cobra por jornal.
Casi todos tienen ingresos. Lo que no tienen es el papel con que el crédito bancario empieza la conversación.
Lo que pide el banco, y por qué
Las normas de riesgo de crédito de la Superintendencia Financiera obligan a las entidades vigiladas a evaluar la capacidad de pago de cada deudor antes de prestarle. El desprendible de nómina es la forma más barata de hacerlo: un empleador identificado, un salario fijo, un descuento que ya pasó por la seguridad social. Para un asalariado formal el trámite cabe en una tarde.
Para quien trabaja por su cuenta, la lista cambia. El banco pide extractos de varios meses, declaración de renta, certificados de ingresos firmados por un contador, a veces un codeudor con nómina. Cada papel cuesta tiempo o dinero, y muchos independientes no lo tienen porque nunca lo necesitaron para trabajar. La respuesta, en la práctica, no es una tasa más alta. Es un no, o un silencio que equivale a un no, y la necesidad termina en el prestamista del barrio.
Los otros datos y sus límites
La alternativa que ofrecen las plataformas digitales es mirar otra huella: los pagos de servicios públicos y del celular, los movimientos de las billeteras digitales, las ventas registradas en una caja electrónica, la regularidad con que entra el dinero aunque no venga de un patrono. Ninguno de esos datos es un desprendible, pero todos dicen algo sobre si una persona paga lo que debe.
Usarlos tiene reglas. La Ley 1581 de 2012 exige una autorización previa, expresa e informada del titular para tratar sus datos personales, y la Ley 1266 de 2008, la del hábeas data financiero, cubre también la información de servicios y obliga a avisar al deudor antes de cualquier reporte negativo, para que pueda pagar o discutir la deuda. Ninguna de las dos dice cuánto puede cobrarse por prestar con esos datos, ni obliga a una entidad a aceptarlos. Abren la puerta a mirar; no garantizan que alguien mire.
El problema no es solo colombiano. En el Perú, donde según el INEI cerca de siete de cada diez ocupados tienen un empleo informal, la discusión empezó antes y algunas respuestas ya funcionan a la vista de cualquiera.
El crédito digital ha empezado a mirar otros papeles. En Lima, una fintech de préstamos personales en línea no pide boletas de pago ni contrato laboral: valida la identidad con el RENIEC, consulta la SUNAT y la central de riesgo Infocorp, y aclara que evalúa la solicitud sin importar si quien la presenta tiene un empleo formal, es independiente o tiene un negocio propio. Si esos datos bastan para prestar bien es otra discusión. Lo que el caso peruano muestra es que el desprendible de nómina no es la única prueba posible de que alguien puede pagar.
El acceso no es el precio
Que un independiente pueda ser evaluado sin nómina resuelve la primera barrera, la de entrar. No resuelve la segunda. Un prestamista que sabe menos de su cliente cobra por la incertidumbre, y el crédito de monto pequeño y plazo corto que suele llegar primero a quien no tiene historial es también el más caro por cada peso prestado. En Colombia ese costo tiene un techo, la tasa de usura que certifica la Superintendencia Financiera, pero un techo no es un precio bajo.
Por eso la pregunta útil para quien trabaja por su cuenta no es si le prestan, sino cuánto termina pagando y en qué plazo. Un crédito que entra rápido y cuesta el doble no mejora la situación de nadie si se usa para cubrir el mes. Sirve cuando paga algo que produce: la nevera del puesto de jugos, la herramienta del maestro de obra, el inventario de diciembre.
La huella propia
Hay una parte que depende del propio trabajador, y es más barata que cualquier crédito. Recibir los pagos en una cuenta o una billetera a su nombre, y no solo en efectivo, deja un registro de ingresos que cualquier entidad puede leer. Facturar electrónicamente cuando la actividad lo exige, cotizar como independiente a la seguridad social y mantener el RUT al día producen, mes a mes, el equivalente a un desprendible. No es el papel que pide el banco, pero cada vez más entidades aprenden a leerlo.