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La fintech española y su huella en América Latina: una mirada al crédito al consumidor

De la sucursal a la aplicación: qué cruza el Atlántico y qué no.

La banca española lleva más de tres décadas redibujando el mapa financiero latinoamericano. Lo que empezó como una expansión clásica de sucursales —BBVA y Santander a la cabeza— se ha convertido en la última década en algo distinto: una red de plataformas digitales y servicios de crédito que ya no necesitan oficina.

El segmento que más cambió

El crédito al consumo en línea es la parte más dinámica de esa transformación. En España han proliferado las plataformas de préstamos online, con solicitud íntegramente digital y respuesta en minutos, y han redefinido lo que el consumidor da por supuesto: aprobación rápida, condiciones visibles antes de firmar y un trámite que no exige presentarse en ninguna parte. Su aparición es lo que empujó a la banca tradicional a competir en esos mismos términos.

Los grandes adoptaron el discurso

BBVA invirtió de forma sostenida en su aplicación y en banca digital regional; Santander construyó Openbank como su brazo digital y lo llevó a varios mercados. Ambos siguen siendo la referencia de la banca minorista en América Latina, pero ahora compiten con actores que nacieron sin sucursales y sin el coste que estas suponen.

Los datos del Banco de España muestran que la proporción de operaciones financieras realizadas íntegramente por canales digitales superó el sesenta por ciento en 2022. La generación que aprendió a comprar por móvil espera lo mismo del crédito.

El vínculo transatlántico

Para los hogares latinoamericanos con lazos económicos en España —familias que envían remesas, autónomos que prestan servicios entre los dos continentes, emprendedores con operaciones binacionales— estas plataformas se han vuelto referencias prácticas más que teóricas.

Lo que no se puede copiar

Buena parte del modelo español no es trasladable. La regulación europea de crédito al consumo, la infraestructura de datos crediticios y el coste del capital en euros son condiciones de contexto que no se reproducen en un mercado como el colombiano.

Pero hay tres cosas que sí cruzan el océano: la exigencia de transparencia en el coste total del crédito, la normalización de la comparación entre ofertas antes de contratar, y la presión regulatoria sobre las prácticas de cobro abusivas.

Hacia dónde va Colombia

Si el país acelera su infraestructura digital de crédito —algo que la Superintendencia Financiera ha venido impulsando con cautela— el mercado colombiano se parecerá dentro de unos años al ecosistema español actual: más actores, más comparación y más presión regulatoria.

Ese es el escenario deseable. El indeseable es el mismo crecimiento sin las tres condiciones anteriores, que es exactamente como el crédito al consumo se expandió en varios países de la región durante la década pasada.

Fuentes