LAS FUERZAS ARMADAS Y EL PACTO HISTÓRICO

Por Gustavo Petro

Es muy importante que, dentro del proyecto de un Pacto Histórico para Colombia, las fuerzas armadas y de policía, a través de sus reservas y su personal en retiro se puedan expresar.

No se trata de ideologizar las fuerzas armadas que de hecho vienen sufriendo ese proceso a partir de la cooptación de sus estructuras educativas y asesoras por personas de extrema derecha. El caso de José Miguel Narváez, el asesino de Jaime Garzón, como asesor de la escuela de guerra, de la 17 brigada en el Urabá, de su papel de asesor en el ministerio de defensa y luego como alto directivo del DAS, nos demuestra como activistas, filo fascistas, han planificado la estrategia de penetrar los órganos educativos de la fuerza pública.

Parecido papel ha cumplido Fernando Londoño Hoyos y otros. Grupos políticos de extrema derecha han buscado por todos los medios cooptar la labor de educación de la Fuerza Pública, haciendo perder a la institución su carácter nacional, para desplazarla hacia ser el simple brazo armado de un grupúsculo político completamente descontextualizado de la realidad mundial y nacional.

Han popularizado una peligrosa idea, según la cual, las fuerzas armadas son de derecha y la izquierda es su enemiga. Tal adefesio antidemocrático se ha sustentado sobre la existencia misma de la guerra insurgente.

El Pacto Histórico no puede plantear el proceso inverso, es decir, ideologizar las fuerzas armadas desde la izquierda. Pero si debe presentar, ayudado por las mismas organizaciones de oficiales retirados, de organizaciones de base tanto de las fuerzas armadas como de la policía, una reforma integral a la fuerza publica.

¿Cómo lograr el propósito de una fuerza publica profundamente profesional y respetuosa de la Constitución y de los derechos y las libertades de toda la población colombiana sin ningún tipo de exclusión?

Hemos lanzado algunas propuestas algo desligadas. El que todo integrante profesional de las fuerzas armadas y de la policía pase por estudios superiores en instituciones académicas. La misma fuerza pública, integrada mayoritariamente por jóvenes del sector popular, puede ayudarnos en el objetivo de la sociedad del conocimiento que proponemos, usando parte de su presupuesto en la educación superior de sus integrantes. El incremento de saberes multidisciplinarios acumulados en la fuerza pública puede incluso ayudar a crear allí, secciones científicas, de avance tecnológico, en ayuda de toda la Nación. Desde los saberes acumulados la misma fuerza publica puede construir una base productiva poderosa. La industria aeronáutica, marítima, pueden desarrollarse, junto con muchas otras, al interior de la fuerza pública.

Propusimos también, democratizar la estructura organizativa de la fuerza publica. En el caso de la Policía el control ciudadano es fundamental. Los ascensos de la carrera policial deberían contener la opinión de la ciudadanía que ha sido testigo del desarrollo de la carrera de un oficial de policía en un territorio concreto.

Para toda la fuerza pública la posibilidad que un soldado o un agente de policía, puedan ascender sin barreras por todo el escalafón de la carrera policial o militar, permite eliminar una odiosa barrera de clases sociales, que no debe existir en unas Fuerzas Armadas que son de la Nación.

Pero estas propuestas aun en sí mismas son insuficientes. Si el primer gobierno del Pacto Histórico, se propone acabar la guerra, tanto la antigua insurgente, ya prácticamente en superación, y la de las nuevas organizaciones narcotraficantes que intentan ejercer control territorial, surge entonces la pregunta de cómo encontrar un papel constructivo a la Fuerza Pública en tiempos de paz.

En alguna entrevista, cuando toqué este punto y traté de explicar porque las nuevas realidades de la seguridad pasaban a contemplar temas ambientales, como las pandemias y el cambio climático, una periodista reaccionó diciendo que si quería convertir el ejercito en Boy Scouts. Indudablemente existe en la reacción una gran falta de información sobre lo que es el cambio climático y los problemas de seguridad que genera. Pero poner a las fuerzas armadas como un eje central de la adaptación al cambio climático, puede mostrar el camino de unas fuerzas armadas activas y constructivas en una Era de Paz. Ni más ni menos significa para ellas detener la deforestación de la selva amazónica de terratenientes armados, cuidar los cauces de agua de la minería ilegal depredadora. Cuidar las fuentes del agua en todo el país, etc.

Para elaborar una propuesta integral de reforma a la Fuerza Publica para adaptarla a los tiempos de paz, es más clave que explicar nuestras propias ideas al respecto, escuchar la voz del soldado y del policía.

Han comenzado las reuniones de centenares de exintegrantes de las fuerzas armadas y policiales para trabajar una propuesta integral. En su debido momento las reuniones serán públicas y congregarán miles de personas, hombres y mujeres, en todas las regiones del país.

Que el Pacto histórico reconozca la voz del soldado y del policía es fundamental, precisamente para construir una Era de Paz.

La idea de unas Fuerzas Armadas obedientes a la extrema derecha debe desaparecer. La fuerza pública pertenece a la Nación toda. Le responde a su pueblo del que nace. La estabilidad del primer gobierno del Pacto Histórico no solo pasa por ganar las elecciones en el 2022, pasa además por conseguir un numero de curules estratégico para ser mayoría en el Congreso de la República y por establecer una reforma consensuada con la fuerza publica en la perspectiva de recuperar su dignidad y su valía.

La dignidad de la Fuerza pública no es un simple discurso de politiquero demagógico. No depende del lenguaje guerrerista de los mequetrefes y leguleyos que ponen a dirigirla sin el menor conocimiento. Personas que ocultan su debilidad y su ausencia de sapiencia militar con la altisonancia de su voz.

La dignidad de la fuerza publica se construye en el seno y con el apoyo de la sociedad misma, por su férreo respaldo a la Constitución y las libertades y derechos de la población colombiana. La Nación mas que un territorio y una bandera, es una población. La patria se vuelve real cuando su rostro es de las personas humanas que habitan nuestro país.

 

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