El “posneoliberalismo”

Por: Gustavo Bolívar Moreno

El primero de diciembre de 2019, cuando se conoció el primer contagio por coronavirus, un hombre de 55 años enfermo de neumonía en la ciudad de Wuhan, provincia de Hubei en China, la humanidad estaba lejos de imaginar que asistíamos al nacimiento de un evento que la haría revisar con obligatoriedad y premura sus sistemas políticos, económicos, sociales y culturales. Ya nada volvería a ser igual. Ya nada volvería a ser normal.

Porque, como se cansaron de decirlo muchos líderes e influencers de varios países, esa “normalidad” era la que nos estaba conduciendo a la debacle. La normalidad de ver despegar y aterrizar 96 millones de vuelos al año que, según Air Transport Action Group, produjeron en 2017, 859 millones de toneladas de CO2, gas tóxico con efecto invernadero (Guzmán, S.M., 2019)

La normalidad de ver transitar por autopistas, carreteras y avenidas de todo el mundo más de 1.200 millones de automóviles, el 99% de ellos movidos por diésel y gasolina, y cerca de 600 millones de motociclistas, que en conjunto emiten al año cerca de 8 billones de toneladas de Dióxido de Carbono. La normalidad de recoger 3.2 millones de cadáveres accidentados en estos vehículos, anualmente.

La normalidad de ver morir 7.2 millones de personas por enfermedades causadas por la contaminación ambiental o un número idéntico por consumo de tabaco. La normalidad de contar los nueve millones de muertos que deja el hambre en el planeta, cada doce meses, seis millones de ellos, niños. La normalidad de enterrar al año 520 mil seres humanos picados por el mosquito que produce la malaria. La normalidad de ver morir por obesidad, principalmente por el alto consumo de grasas y azúcar, a más de 2.8 millones de seres humanos. Cifras tan exorbitantes que el más de un millón de muertos que deje el Coronavirus, serán una cifra anecdótica al lado de los millones de vidas que salvará el rompimiento de la llamada “normalidad”. A hoy 25 de julio de 2020, van 648.000 fallecidos, más del doble de los 303.000 que habían muerto el 25 de mayo.

Al fin y al cabo, como lo decía el sociólogo Emile Durkheim en su obra Las reglas del método sociológico (1985), la normalidad no es más que el “deber ser” dentro del estereotipo de lo correcto que impone cada sociedad. Se va construyendo a través de comportamientos y fenómenos que son constantemente repetidos hasta ser interiorizados por cada uno de sus miembros hasta ser “normalizados”.

Este rompimiento de la normalidad se verá reflejado en el cambio de comportamientos alimenticios, de consumo y de estilos de vida que se darán cuando todo haya pasado. Ahora, lo patológico, antónimo de lo normal, deberá incorporarse en el “posneoliberalismo”. Por ejemplo, al tener más posibilidades de morir en las Unidades de Cuidados intensivos por complicaciones adicionales a las del Covid-19, fumadores, obesos, e hipertensos seguramente replantearán sus dietas alimenticias y de consumo, lo cual traerá como consecuencia una disminución drástica en las estadísticas de muertes a nivel mundial por esas preexistencias.

Lo mismo sucederá con casi todas las naciones del mundo, notificadas ya por la pandemia, de la imposibilidad de continuar dejando la salud de sus pobladores en manos de mercaderes y negociantes. El escaso número de Unidades de Cuidados Intensivos y de respiradores artificiales, que existían en muchos países, salvo contadas excepciones, trajo consigo un aumento en el número de muertos por el virus y, de paso, desnudó la tragedia humanitaria que viven millones de personas en todo el mundo, a quienes el neoliberalismo convirtió en clientes de un negocio privado. Muertes que se habían podido evitar si en vez de buscar la mayor ganancia, como es debido en un negocio privado, los concesionarios de la salud hubiesen invertido decididamente en equipos, en médicos y en enfermeras.

Millones de personas han muerto en el mundo esperando una cita con un especialista, tramitando un tratamiento, muchas veces ante los jueces, o mendigando un medicamento para salvar su vida. Si a esto sumamos que la prevención brilla por su ausencia, porque al consorcio privado le conviene más facturar por enfermos hospitalizados, llegamos a esta inobjetable conclusión: Privatizar la salud es un crimen de lesa humanidad, desprivatizarla con urgencia y estatizarla, un imperativo moral para todas las naciones.

Si fuese verdad que la naturaleza conspiró para detener la debacle del planeta, manifestándose en forma de pandemia y confinándonos para obligarnos a detener el consumismo desbordado que amenazaba la existencia misma, no dudo que sus mayores motivaciones tuvieron que ser, reversar el cambio climático, revisar la criminal desigualdad social que impera en La Tierra y persuadir a todas las naciones de retomar el monopolio de la salud.

Solo pensar que el 1% de los humanos posee el 82% de la riqueza económica mundial, sin mover un dedo para impedirlo es ya, de por sí, un delito por omisión. Desigualdad entre naciones y desigualdad dentro de las naciones. Por ejemplo, reportó la revista Forbes esta semana que en un solo día, Jeff Bezos ganó 13 mil millones de dólares, que es el equivalente a toda la fortuna del hombre más rico de Colombia, Luis Carlos Sarmiento. A su vez, Sarmiento Angulo gana por hora 283 millones de pesos que contrastan, criminalmente, con los 3.000 pesos que gana por hora un empleado con el salario mínimo (Ver gráfica 1).

Y en esos desequilibrios tan brutales debió pensar ella (hablaré siempre en tercera persona de la naturaleza) cuando conspiró para que el murciélago mordiera al pangolín, el hombre se comiera al pangolín, y el virus que se incrustó en él se esparciera por todo el planeta.

Si el lector pone en duda la inteligencia de la naturaleza para inmiscuirse en estos temas, está leyendo en el lugar equivocado. Para entender esta conversación debemos partir del desagradable y subjetivo principio de la suposición, porque no hay más. Hay que armarlo a partir de coincidencias milagrosas y de indicios. Repito, no hay más. Lo otro sería creer en la teoría según la cual el covid-19 fue creado en un laboratorio con fines terroristas y luego distribuido por todo el mundo, incluso, en el mismo país donde se dice fue creado. No es una teoría descabellada, si nos atenemos a la propuesta de China de prestarnos 1.000 millones de dólares para comprarles la vacuna, pero es tan cuestionable como la de la conspiración natural. Igualmente, ambas son respetables.

Las pandemias siempre han existido, incluso con mayores pérdidas de vidas humanas. La Plaga de Justiniano (541 y 542) mató entre 30 a 50 millones de seres humanos (Infobae, 2020). La Peste Negra (1346 y 1353) mató a 200 millones de personas; casi la tercera parte de la humanidad. La Peste Bubónica (1.855 y 1959), con similar sintomatología a la Peste Negra, eliminó a más de 12 millones de terrícolas. La gripa española, altamente contagiosa y alimentada por la insalubridad que dejó la Primera Guerra Mundial, mató a más de 45 millones de humanos (Infobae, 2020). La diferencia con aquellas épocas es que para atender la pandemia de 1918, la Junta de Socorros construyó seis hospitales en Bogotá mientras que para la del coronavirus actual se está destruyendo el San Juan De Dios. (Ver gráfica 2)

Muchos dirán que, a pesar de ser más letales, esas pandemias no causaron tanta alarma porque en aquel entonces no existían las redes sociales. Yo diría lo contrario: mataron a muchas más personas porque no existían las redes sociales. Porque es innegable que este alarmismo, para algunos líderes mundiales como Donald Trump, Jair Bolsonaro o Boris Johnson, benditamente exagerado, nos ha hecho temer, escondernos, saludarnos de lejos, lavarnos las manos varias veces al día, usar tapabocas para salir a la calle, reconocer en la muerte a un enemigo cercano y asustarnos lo suficiente para no contradecir las instrucciones altamente expuestas a través de las redes y los medios de comunicación. Luego, claramente no es el Coronavirus, ni lo será, la pandemia más letal de la historia de la humanidad, pero sí va a ser otra de las que ponga fin a una era económica. Porque casi todas tienen ese particular efecto.

Según algunos historiadores (ver: Pirazzini, 2020) la Plaga de Justiniano, que saltó de las ratas a las pulgas y de estas a los humanos, pudo ser una de las causas de la caída del imperio Romano. Por su parte, la Peste Negra, que se esparció por el mundo en barcos, puso fin a la era medieval. La Gripe Española condujo a la economía del mundo a una debacle que selló su suerte con la depresión de 1.930. Ahora, el coronavirus, por necesidad física, pondrá fin a la era neoliberal que nació con la escuela de Chicago a finales de los años 70 y que se puso en práctica por primera vez, a manera de laboratorio, en la Chile militarista de Augusto Pinochety se consolidó con la llegada al poder de Ronald Reagan en los Estados Unidos y Margaret Tacher en Inglaterra a principios de los años 80.

Este evento pandémico, del que somos testigos hoy, marcará un hito histórico del tamaño de la caída del muro de Berlín en 1989. Es, de hecho, el acontecimiento mundial más importante desde la caída de las Torres Gemelas en Nueva York en 2001. Por muchas razones. Cada uno de esos eventos trajeron consigo consecuencias económicas gigantescas. La caída del muro puso fin a la era soviética y con ella al bastión más importante del comunismo en el mundo. El atentado a las Torres Gemelas cambió el paradigma de seguridad en el mundo y empezó a arrastrar una serie de traumas en la vida económica de los Estados Unidos que desembocaron en la crisis de 2008.

Pero en ninguno de esos eventos se conocieron consecuencias económicas tan devastadoras como en el actual. Recesión mundial, miles de aviones parqueados en las pistas de los aeropuertos, hidrocarburos en su peor precio histórico, países en default, 4 mil millones de seres humanos confinados en sus casas, decrecimientos de entre el 5 y 15 puntos del Producto Interno Bruto de muchas naciones; un desempleo mundial rondando el 30%, millones de empresas quebradas, y lo más paradójico, al otro extremo en contraste con la lista de ruinas y pérdidas, unos ríos translúcidos, los nevados esbeltos, cielos descontaminados, animales salvajes recorriendo ciudades, zonas áridas descansando del fracking, bosques renaciendo de sus cenizas y los más importante, humanos más humanos, más conscientes, menos vanidosos y aquí estoy pensando con optimismo, menos depredadores. Resulta imposible que después de esta bofetada despertadora del universo, las mayorías no estemos reinventándonos para salir de la “normalidad” que nos estaba consumiendo. Si no es así, si seguimos igual, si no tomamos conciencia de esta oportunidad que nos da ella, tendremos que concluir que la nuestra, es una raza de suicidas, autodestructores que merece el cataclismo que ella misma está construyendo.

El solo darse cuenta de que, en una eventualidad como esta, aparte de la alimentación y la salud, nada es tan absolutamente indispensable, ya deja un mensaje claro a los gobernantes sobre la necesidad de volver los ojos hacia un agro sin transgénicos y hacia un sistema de salud público y en lo posible gratuito. Nada más importó en estos meses. Se acabaron los campeonatos de fútbol y nada pasó; se aplazaron los juegos olímpicos y nada pasó; se aplazaron grandes conciertos y nada pasó; se cancelaron millones de viajes de placer y negocios y todo siguió igual; millones de estudiantes no pudieron regresar a sus aulas y la vida siguió su curso. Pero nadie pudo dejar de alimentarse, ni los infectados pudieron prescindir de la prueba, la Uci, el respirador, la cama de hospital.  Todo esto nos debe hacer reflexionar sobre el rol de la angustia en nuestras vidas para llegar a una alegre conclusión: podemos vivir con lo básico, nada puede importar más que la salud y la sana alimentación. Los problemas económicos y los existenciales son secundarios cuando lo que está de por medio es la vida misma. Vidas que podemos replantear a partir de lo verdaderamente esencial.

El mensaje es claro. La lógica nos llama al equilibrio. Ni tanto consumismo que destruya el planeta, ni tanto encierro que acabe la economía. Luego, el reto, para que el encierro sea corto, es encontrar ese punto intermedio que nos permita aplanar la curva del contagio y ese punto no es otro, está probado, que el subsidio a las nónimas de empleados, por lo menos a pequeñas y medianas empresas y una renta básica, de un salario mínimo por familia en condición de vulnerabilidad, durante cuatro meses, para que la gente pueda cumplir con tranquilidad el confinamiento sin generar desorden social. Solo así podremos eliminar rápidamente la amenaza como lo hicieron China, Corea, Costa Rica y otras naciones.

De eso se trata el posneoliberalismo. Encontrarle al capitalismo el lado humano y ecológico para que ni sufran los bolsillos de las personas ni sufra el medio ambiente. Encontrar esa dosis de racionalidad que haga coexistir la economía con su entorno. En pocas palabras, que el planeta se beneficie de la economía y no la economía del planeta. Para que resurjan las empresas, se recuperen los empleos perdidos y el poder adquisitivo de las personas, pero sin destrozar el agua, el aire, los árboles, los nevados, que son la vida misma, haciendo la transición energética que nos acerque al cumplimiento de las metas climáticas para 2050.

No obstante, sería imposible alcanzar esa ecuanimidad sin hacer antes un inventario de lo que había antes y lo que habrá el día en que se supere la pandemia. Ahí sabremos que la economía estaba mejor antes de la irrupción del virus pero que el planeta estaba a punto de colapsar. A partir de ese inventario sabremos que el planeta está mejor ahora, pero la economía es la que está a punto de hundirse. Luego de ese sencillo y básico diagnóstico debemos salir en busca de soluciones. Así mismo, sabremos que el dilema “economía vs salud” es quimérico y artificial, pues uno no existe sin el otro.

Solo un cambio de paradigma nos podría corregir el rumbo. En los siguientes silogismos se resume la necesidad de avanzar en ese cambio de paradigma. El primero de ellos, referente a lo económico, sería el siguiente: Sin salud no hay fuerza de trabajo, sin empleados no hay producción, sin producción no hay salarios, sin salarios no hay consumo, sin consumo no hay empresas, sin empresas no hay recaudo fiscal, sin recaudo de impuestos no hay estado, sin estado no hay salud, ni educación y ahí se repite el círculo vicioso. En lo estatal, el proceder no debería ser socializar las deudas y privatizar las ganancias, sino democratizar el bienestar. Finalmente, en lo ecológico sería así: Sin consumo no hay depredación, sin depredación hay vida, pero solo en su estado primario. Pero, si el hombre además de suplir las necesidades básicas requiere de algún nivel de bienestar y algunas comodidades como buenos autos, grandes autopistas, aparatos electrónicos, viajes por el mundo en avión, comidas exóticas, prendas de vestir finas, la premisa final debería ser: necesitamos de la economía para mejorar el nivel de vida de las personas, pero también salud para disfrutarlo. Porque de nada vale tener las comodidades y el nivel de vida que da la economía, si no se tiene bienestar físico. Entonces, lo primordial termina siendo el cuidado colectivo del planeta para tener salud y por ende vida, y tener vida para emprender o para disfrutar la economía.

No es imposible de entender, pero es difícil de aplicar porque aquí aparecen los intereses mezquinos. Muchos potentados dirán ¿a mí qué me importa el planeta si para cuidarlo tengo que reducir mis ganancias considerablemente y tal vez ello implique la pérdida de algunos puestos en el ranking de Forbes?

Otros ricos, por el contrario, y ya lo están haciendo al solicitar en una carta a sus gobiernos que les cobren más impuestos, se preguntarán ¿De qué me vale tener tanto dinero si no alcanzo a gastarlo ni en varias vidas porque no tengo salud ni tranquilidad? Este par de preguntas plantean y resuelven el principal problema del neoliberalismo: La desigualdad social. Un sistema que privilegia la competencia, pero sin tener en cuenta que en la cabeza del partidor solo están los privilegiados, los que han gozado de una buena educación, herencias poderosas, prebendas corruptas de los estados o mejores posibilidades de ingresos, es un sistema ruin y cruel que, además, por inercia, produce violencia. No podemos poner a competir en igualdad de condiciones a personas que viven con menos de un dólar diario, contra personas que lo tienen todo, de sobra y sin control.

De modo que el nuevo modelo que debe imperar después de esta pandemia, que revuelque las estructuras políticas y financieras del planeta, es el del “capitalismo humano”: un capitalismo progresista. Un capitalismo que respete la propiedad privada y promueva el emprendimiento, pero que a la vez permita que el Estado subsane esos profundos desequilibrios que se ahondaron con el neoliberalismo, para que en el partidor de la libre competencia quepan todas las expresiones y todas las clases sociales. Esto no significa el regreso del Estado Benefactor a ultranza, sino el regreso al sentido común. El Estado que educa con calidad y sin excepciones a sus hijos más débiles hasta ponerlos en el partidor, con posibilidades de triunfar, al lado de los que no necesitan del Estado.

Es un revolcón ambicioso y obligatorio para el que, desafortunadamente, tenemos poco tiempo si lo queremos hacer de manera pacífica. Digo poco tiempo porque los estallidos sociales por las profundas injusticias que generó el neoliberalismo ya habían empezado a recorrer el mundo antes de la pandemia. Francia, Hong Kong, Ecuador, Chile, Colombia, entre otros, ya tenían a millones de inconformes en las calles, protestando contra el modelo que profundizó las desigualdades a través de mafias políticas que privilegian al gran capital, a cambio de financiación para sus campañas y negocios turbios, a costa del erario, en los que participan, casi siempre, miembros de los partidos tradicionales.

En conclusión, si millones de personas pedían revolución, esta ya se produjo. Todo por un inesperado enemigo invisible, que ni las grandes potencias con sus fabulosos arsenales bélicos pudieron detener a tiempo. Un enemigo silencioso que ataca hasta hoy a más de 16 millones de personas, sin que hasta ahora nadie pueda frenarlo. Y dentro de ese replanteamiento se debe discutir el papel de las naciones que no invierten en Ciencia y Tecnología, dándole prioridad, en muchas ocasiones, a la guerra. Esas que debieron esperar meses, mientras los infectados morían en sus casas, para que los países que sí invierten desarrollo tecnológico, les enviaran respiradores artificiales o reactivos para la elaboración de pruebas, las mismas que deben hacer cola para comprar la vacuna cuando esta aparezca y sea comercializada.

La pospandemia no será menos grave. Las pérdidas por el cierre del comercio y las industrias se calculan en trillones de dólares. Con aeropuertos cerrados, millones de personas confinadas, empresas en ley de salvamento, estados subsidiando el desempleo y medidas de bioseguridad extremas, la humanidad debe asumir la nueva realidad del distanciamiento social y la reorganización de las prioridades económicas.

Aunque acabará con la forma más salvaje de neoliberalismo, la pandemia no será el fin del capitalismo, aunque sí de su forma cruel de convertir en negocio los derechos fundamentales de las personas. Y aunque la salida a los dilemas que plantea esta reorganización debe pasar, necesariamente, por retomar algunos de los postulados keynesianos, no podemos llegar al extremo contrario de convertir al Estado en un benefactor universal inviable. En lo que sí debemos ser radicales, sin titubeo alguno, es en que la redistribución del ingreso alcance para que la educación, la salud y el saneamiento básico tengan un carácter universal, gratuito y de calidad. Que los derechos fundamentales no puedan ser privatizables, que los gobernantes entiendan la diferencia entre un servicio y un derecho fundamental.

Si esto se consigue, junto al logro de evitar millones de muertes por la forzosa lección a la que tuvimos que someternos, podríamos estar diciendo, en pocos años, que en 2020 la humanidad sufrió una pandemia que fue bendita porque frenó la destrucción del planeta y sepultó, ojalá para siempre, un sistema económico que solo sirvió para acrecentar los privilegios, la desigualdad social y las riquezas de unos pocos, a costa de pauperizar la vida de miles de millones. Bienvenidos al posneoliberalismo.


Bibliografía

 

 

 

 

 

  • Pirazzini, G. (2020). “La peste que asoló el imperio de justiniano”. National Geographic. Recuperado de: https://historia.nationalgeographic.com.es/a/peste-que-asolo-imperio-justiniano_13631

 

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39 Comments on "El “posneoliberalismo”"

  1. SILETTE REDONDO | 26 julio, 2020 at 7:20 am | Responder

    Interesante la columna de Bolívar . Nos debe llevar a una profunda reflexión a visionar el futuro que depara a la raza humana.

  2. Amanda Velasquez | 26 julio, 2020 at 7:25 am | Responder

    Excelente columna más didactica no se puede Gracias millones de gracias por tu lucha por nuestra amada Colombia.

  3. Veo como un error en éste texto el que se trate de definir la pospandemia a partir de las condiciones normales definidas el día de hoy. Si no se libera el análisis de esta limitación, finalmente el resultado volverá a ser «el mundo como lo conocíamos antes de la pandemia». Ejemplo: la calidad del ambiente no se puede medir por contaminación o depredación, debe mirarse como la mejor integración y equilibrio entre la humanidad (su cultura, su consumo) y su soporte vital (la posibilidad de auto-regeneración, proliferación y posible ampliación a otros mundos). Cuando quiera le explico.

  4. Pedro Arturo Díaz | 26 julio, 2020 at 7:43 am | Responder

    Una biografía del antes, del ahora y el después, le admiro tiene mucho mundo en su cabeza.

  5. Es una visión bastante clara de lo que nos trajo el virus y los cambios que individual y colectivamente la sociedad y el estado debe implementar, para un mejor vivir y un buen respirar de la Pachá mamá.

  6. Jonathan yustres | 26 julio, 2020 at 8:00 am | Responder

    Excelente columna senador Bolívar de verdad leerlo a usted es una delicia ,datos,gráficos, información valiosa ,es usted un crack ,muchas gracias por darnos ese lujo de leerlo semanalmente ,espero que Dios lo tenga bien por mucho tiempo y le.doy gracias a Dios por tener a un hombre como usted en el congreso, de verdad es absolutamente facinante leer una columna de su autoría ,un gran abrazo Dios lo bendiga por lo que hace por el país y por apoyar a Gustavo petro ,hacen un equipo excelente y no puede estar mejor acompañado

  7. Genial. Excelente planteamiento. El mundo civilizado esta entendiendo este cambio y seguramente encontraremos paises avanzados y progresistas que lo apliquen, sin embargo Latinoamerica parece no caer en la cuenta del mensaje y seguiran los abusos de los capitalistas y la obediencia de los borregos que como en el caso de Colombia los engañan con dias sin IVA y se matan endeudandose para conseguir una supuesta promocion a cambio de su salud. La primera reaccion al cambio, debe ser la protesta en las calles por tantas medidas arbitrarias y abusivas sin que se pudiera salir a reclamar frente a estas nefastas medidas.

  8. Que genialidad de columns senador Bolivar.
    Yo vote por ud. y me llena de orgullo leerlo.
    Que tenga un feliz dia

  9. De acuerdo con todas sus apreciaciones,… la vida que vivíamos cambio indudablemente y reiventarnos es una necesidad en todo los aspectos que conforma la sociedad. Gratificante columna

  10. Gracias senador por su columna y su acertada reflexión. Que siga la lucha por la democracia y un país justo.

    • Lleno de equívocos históricos, empezando con la fecha de publicación de la obra de Durkheim, hasta la perspectiva de análisis del capitalismo. El problema Gustavo,no es solamente el consumo es sobretodo la Producción, que también es un consumo. Pero Ud., no está preparado para esa discusión.

  11. Hola estimando Gustavo Bolivar, esta vez su columna muestra q su liderazgo es innato y q su pensamiento está libre del odio y de la discordia a la q se refieren sus contradictores, así q sigamos promoviendo este tipo de planteamiento y de propuestas en la esfera de lo político, lo social y lo económico. Sumerced hace eco en lo racional en lo práctico en el sentido común, todo para reconciliar a los ciudadanos con el ambiente con la salud con lo buenos hábitos con la convivencia con La Paz con el amor al entorno, así q ese es el camino la reconciliación y el desarrollo equilibrado tanto para el entorno como para los individuos pensantes! Fuerza maestro ni un paso atrás y adelante con este proyecto de hacer de colombia un país decente y mejor!

  12. Excelente gracias por mostrarnos la realidad del país

  13. Eso será muy difícil porque si roban ahora en pandemia, no quiero pensar en lo que van hacer en la pos pandemia.

  14. GB. Toda una cátedra de miradas críticas al desarrollo y retos paradigmáticos, con un hilo conductor muy claro y con deseo de generar pedagogías hacia un pacto de conciencias colectivas. Gracias

  15. Gracias senador Gustavo Bolivar por ese llamado a reflexionar con sensatez y sin egoismos y pensar en un planeta menos contaminado y con oportunidad para todos . porque en esta pandemia desde el más poderoso asta el más débil sufrió sus consecuencias.

  16. Guillermo Valencia López | 26 julio, 2020 at 9:59 am | Responder

    Mis respetos Gustavo, que cosa tan buena y tan bien escrita, digna de leerse en todas las aulas de clases del país, así sean virtuales.

  17. Gracias senador Bolivar, excelente columna, bien dateada, gracias por esa lucha y por esa posición correcta ante este país que se desploma, pero que con educación y libertad podremos sacar adelante.

  18. Excelente resumen de lo que nos está pasando. Debemos reaccionar.

  19. Qué buen documento, no vol mana de opinión.
    Cesudo, preciso y cargado de posibilismo.
    Gracias!

  20. Qué buen documento, no columna de opinión.
    Cesudo, preciso y cargado de posibilismo.
    Gracias!

  21. Fenomenal columna.Felicitaciones senador Bolivar.
    Ya se dijo…de aqui en adelante es de conciencia del capitalismo hacer reversar las consecuencias para el futuro.
    Dios le siga dando esa luz de entendimiento y la fuerza para darla a conocer aun en contrade quienes te critican.

  22. ongreso, como auténticos | 26 julio, 2020 at 11:01 am | Responder

    Senador G.B.Sólo personas sensibles sociales como ud.,son los que deberían llegar al Congreso,como auténticos representantes de los intereses de la población en general,ajenos a la codicia y la avaricia de intereses personales, y a la expoliación de los dineros fiscales aportados por los asalariados,a través del pago de los impuestos a las rentas de su trabajo, por demás injusto y regresivo, cuando las Rentas de Capital gozan de grandes exenciones.
    No sobra recordar que en cuestión de servicios de salud, antes de la creación del mercado de la salud en Colombia(ley 100/93), existía un modelo de salud algo equilibrado:Existía Cajanal que atendía a todos los funcionarios del Estado;El ISS que atendía a todos los trabajadores de la Empresa Privada;y existían los Hospitales Públicos en cabeza de los Entes Territoriales, para aquellas personas que no accedían a Cajanal ni al ISS,por ser desempleados. Y de otra parte la existencia de los Consultorios y Clínicas particulares para atender a los independientes.

  23. Fernando José Holguín Gallego | 26 julio, 2020 at 11:43 am | Responder

    Muy claro y contundente, debemos generar un cambio que nos beneficie a todos e impulse a desarrollar nuestras habilidades para vivir feliz y decentemente. Debería poderse bajar las columnas en formato PDF y poderlas compartir y leerlas fuera de linea. Gracias

  24. Cristián Buñay | 26 julio, 2020 at 11:45 am | Responder

    Un sueño que esperamos todos, ojalá un día se diga que la pandemia generó un cambio social, un cambio humano.

  25. Los humanos somos inhumanos la naturaleza nos cobrará con vidas nosotros tenemos el poder de apoyar un cambio para que nuevas fuerzas e ideales puedan tener el poder de emprender ese cambio social,económico y ambiental.

  26. Muy cierto senador aquí en Canadá lo primero que el gobierno hizo fue enviar un cheque a los desempleados y ayudar a las empresas consignando dinero con la condición que no despidieran a los empleados. No es una ayuda pues aquí saben que si no es así la economía se estanca.

  27. Muy buena reflexión, ya Gustavo petro lo había planteado, pero nosotros los seres humanos, siempre esperamos entender de la forma mas dura.

  28. Me encantó el análisis de la situación mundial, hecha por el Senador Bolívar.
    Como la mayoría sabemos y a muchos les es difícil entender, en todo esto hay un transfondo espíritual.
    Que Dios Padre nos envíe su Luz y Espíritu.
    Millones de bendiciones.

  29. María Consuelo Olaya López | 26 julio, 2020 at 1:26 pm | Responder

    Está preparado para dirigir ese cambio de paradigma y mucho más. Ánimo cuenta con mi voto

  30. Maratha L Vallejo | 26 julio, 2020 at 1:47 pm | Responder

    Gracias GB por su columna. Los datos historicos y bibliograficos nos guian al estudio profundo y la interrelacion entre economia y salud/bienestar invitan a la reflexion y el compromiso con la re-construccion social, ambiental y economica.

  31. Muy interesante la columna, felicitaciones…Claro que si fueran mas cortas serian mas amenas, sobre todo para los lectores que están inquietos apenas conociendo las posiciones del escritor

  32. Es notable la capacidad de escribir largos textos de Gustavo Bolivar pero para una columna semanal es demasiado extenso. El tema se puede escribir en un fracción del tamaño, comunicando las mismas ideas y facilitando su lectura masiva, logrando así mucha mayor efectividad. Deplorable que use medios como Infobae de fuentes pues este un medio que tiene un sesgo ideológico podrido, me explico, quieren hacernos creer que todo es una porquería precisamente para que toleremos las porquerías del neoliberalismo. Hasta hace poco Noam Chomsky, tal vez el decano de los progresistas occidentales, logró entender que Cuba y China, entre otros, son países progresistas, lo están demostrando en esta pandemia, que están ayudando a la humanidad con su solidaridad. Los chinos declararon las vacunas anti covid-19 producidas por ellos como bienes comunes de la humanidad por eso las van a distribuir al costo y ofrecen préstamos blandos, para que los países empobrecidos por sus «dirigentes» puedan comprarlas masivamente. No es fácil distinguir entre represión y defensa de un país del saboteo financiado por las potencias occidentales, sobretodo si uno se informa de fuentes como Infobae. Compañero Gustavo espero que esta crítica franca sea constructiva, le reitero mi admiración y aprecio por su compromiso con la Colombia Humana.

  33. Jairo Alberto Roa | 26 julio, 2020 at 6:26 pm | Responder

    No soy un erudito ni en fechas históricas, ni en conocimientos médicos, pero el sentido común me deja ver un hombre con intención de hacer sus aportes casi filantrópicos para cambiar un poco ésta humanidad consumista y desbordada en la que nos hemos convertido. Si bien las críticas por errores de documentación o conceptuales son válidas y respetables, creo que lo verdaderamente esencial es el propósito de proponer cambios y crear conciencia de verdaderos humanos.Y aunque reitero mi respeto por las críticas que leo de algunos lectores de la columna, me sucede que me quedo esperando sus propuestas para el cambio, sus aportes para seguir aterrizando a la población en el nuevo terreno al que nos ha traído ésta pandemia.En mi caso personal tuve que cambiar mi hábito de salir siempre de carrera y sobre el tiempo a cumplir mis deberes y luego querer llegar a culpar a algún funcionario en el supermercado ó algún otro establecimiento por no atenderme rápido.Ahora que todo se volvió hacer filas lo que hago es calcular bien mi tiempo y aprendí que quien esté delante de mi mí en la fila pues llegó primero y tiene derecho a ser atendido antes que yo y que el servidor no tiene por que pagar por el retraso de nadie. Ése es quizás uno de los cambios y quizás no suene relevante pero al fin es cambio.Ahora cuido más los servicios públicos por que nada sería peor que estar confinados y sin agua por ejemplo(A sabiendas que hay poblaciones que lo están viviendo).¿Cuál es tu cambio, cuál es tu propuesta?

  34. Excelente columna senador, como docente la tendré en cuenta para hacer una lectura crítica de la realidad. ¡Muchas gracias!

  35. Jairo Alberto pregunta «¿Cuál es tu cambio, cuál es tu propuesta?». Concuerdo con Evo en cuanto a que los derechos Humanos no pueden ser mercancía, la pandemia actual está demostrando que privatizar los servicios de salud incluyendo un intermediario financiero, o sea un especulador que no aporta, puede convertirse en un genocidio de los pobres, los ricos en Colombia tienen excelente servicio de salud, por culpa de los políticos al servicio de las grandes corporaciones capitalistas. Estas son las culpables determinantes por anteponer su afán de lucro, a la vida y a la naturaleza.

    Es necesario definir con claridad el sistema económico progresista, desde 2011 pretendo hacerlo con este artículo: http://hernanpardosilva.blogspot.com/2011/03/un-sistema-economico-mixto-para.html

  36. A JORGE IVAN ORTEGA: ME PARECE ESTUPIDO SU COMENTARIO. NINGUN APORTE AL ESCRITO. CUANDO QUIERA LE EXPLICO

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