Judicial
Fernando Sanclemente sabía que en su finca había un laboratorio de cocaína
Un micrófono que no se cerró a tiempo, y lo que se dijo después.
El 15 de octubre de 2020, al terminar su programa en las redes de la revista Semana, los periodistas Vicky Dávila y Jairo Lozano siguieron conversando sin advertir que la transmisión continuaba abierta. Lo que dijeron en ese tramo fue lo que convirtió el episodio en noticia.
Qué se escuchó
En la conversación, ambos periodistas se refirieron al caso de Fernando Sanclemente Alzate, entonces embajador de Colombia en Uruguay, en cuya finca de Guasca, en Cundinamarca, la Policía había hallado en mayo de ese año un laboratorio para el procesamiento de cocaína.
Lo que describieron fue un acuerdo: que el mayordomo de la propiedad asumiera la responsabilidad para que la investigación no avanzara contra el embajador. Y añadieron que Sanclemente conocía la existencia del laboratorio.
Por qué importaba
Sanclemente era un nombramiento político directo del presidente Iván Duque y su designación como embajador ya había sido discutida. La versión oficial sostenida hasta ese momento era que el propietario ignoraba lo que ocurría en un predio que tenía arrendado y que la responsabilidad recaía en terceros.
Lo escuchado en el micrófono abierto contradecía esa versión, y lo hacía en boca de dos periodistas que cubrían el caso y que citaban lo que sabían por sus propias fuentes, no lo que habían publicado.
Lo que ocurrió después
Sanclemente renunció a la embajada en mayo de 2020, meses antes de este episodio, invocando razones personales. El proceso por el laboratorio siguió su curso en la justicia colombiana y en noviembre de 2020 se dictó la extinción de dominio sobre la finca, decisión que se registra por separado.
Ni la revista ni los periodistas ampliaron públicamente lo dicho fuera de micrófono.
El detalle que hizo noticia
Lo que convirtió el episodio en asunto público no fue la información en sí —circulaba desde meses antes en versiones no atribuibles— sino su procedencia. Dos periodistas que cubrían el caso a diario afirmaban, sin saberse escuchados, algo distinto de lo que habían publicado.
Esa distancia entre lo que un medio sabe y lo que un medio publica es difícil de documentar, y este es uno de los pocos casos colombianos en que quedó a la vista de forma involuntaria.