viernes, mayo 24

La desinformación hundió la reforma a la salud

Por: Germán Navas Talero y Pablo Ceballos Navas
Editor: Francisco Cristancho R.

No hay peor mentiroso que aquel político quien a renglón seguido dice que dirá la verdad. 

Cuando uno ve la forma en que se coleccionaron los libros y papeles para formar la biblioteca de Alejandría, concluye que en la Colombia de hoy ese ejercicio sería bastante sencillo: considerando que allí se custodiaba todo lo que se imprimía, sin mayor criterio editorial y con el propósito de atiborrar de papeles un edificio, y atendiendo a que aquí se dice y se escribe en un día más de lo que cualquiera puede escuchar o leer en su vida entera, dicha empresa sería por estos días como soplar y hacer botellas. Lo grave con el detrito es que, como se dice comúnmente, “la basura de unos es el tesoro de otros” y por tanto quien selecciona cuál va dónde podría disponer de esta columna, misma que para nosotros –y confiamos también para algunos de nuestros lectores– merece mayor exposición que la que provee una caneca o, en este caso, la pestaña cerrada en el navegador o el historial vaciado del dispositivo. 

Hoy en día son pocos quienes escriben bien y menos quienes encuentran en la escritura aquella vía de escape que le ha dado prestancia y vigencia por siglos. Por el contrario, se advierten al auge los redactores dedicados a satisfacer los intereses de algún particular o grupo de interés, bien su jefe; la familia del jefe; las compañías del jefe; las amistades o enemistades del jefe; o la pertenencia gremial y postura política del patrono. Escribir para servir a otro, para reconocerle a este el poder –casi divino– de controlar la palabra a cambio de un salario precario, para confundir; atizar la bronca y ensanchar la división de la sociedad: a eso estamos abocados sin que se ofrezca una alternativa viable y pronta. 

En alguna medida como consecuencia de la desinformación fue archivada en la Comisión Séptima del Senado el proyecto de reforma a la salud, decisión celebrada por buena parte de la opinión, entre ellos algunos elementos que en el pasado han expresado la necesidad de reformar o intervenir el mercado de las EPS, como la veleidosa exalcaldesa Claudia López, quien en su afán por proponerse como candidata para las próximas elecciones está dispuesta a afirmar el éxito de un modelo de atención en salud cuyos mismos operadores reconocen y advierten defectuoso y desfinanciado. 

En el entretanto y mientras el Senado cuadra cuentas, cierran EPS e IPS; se congelan proyectos de largo plazo y se detienen las contrataciones de personal, al tiempo que el cuidado de los pacientes flaquea en manos de algunos operadores del sistema. Confiamos en que el gobierno podrá redactar un nuevo proyecto, en acuerdo con las mayorías de la Comisión Séptima, pero sin ceder a los chantajes y tajadas groseras reclamadas por algunos de sus integrantes, pues conforme pasan los días son más los colombianos que reconocen la crisis del sistema, por crítica, explícita e imposible de conjurar con los medios actuales.

Hasta la próxima semana, respetados lectores.

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