viernes, mayo 24

Tierras santas y calientes

Por: Germán Navas Talero y Pablo Ceballos Navas
Editor: Francisco Cristancho R.

Confundidos quedamos todos después de los acontecimientos recientes en Medio Oriente. Tras el ataque dirigido de Israel a un edificio anexo a la sede diplomática iraní en Damasco, el gobierno del ayatolá decidió cobrar venganza en un modo bastante peculiar: días antes de que liberaran decenas de drones y lanzaron otros cuantos misiles balísticos, informaron sus planes ofensivos a los países vecinos y de tránsito entre Irán e Israel, de forma que amigos y enemigos de uno u otro país tuvieron tiempo de sobra para prepararse. 

Sorpresiva –y afortunada– fue la postura adoptada por Jordania, país que derribó al menos trescientos misiles y drones en ruta hacia Israel, considerando que no han sido los mejores amigos y, por el contrario, aquel ha sido crítico de este por la guerra que libra en Gaza y que ha provocado una catástrofe humanitaria como pocas en la historia. Para acrecentar el desconcierto, imaginen ustedes que un funcionario del gobierno israelí expresó ante la prensa que “no confirman ni niegan que Irán les informó de la naturaleza y oportunidad de su respuesta”. Hay quienes dicen que la diplomacia no funciona o que está forzada a receder ante el murmullo insuperable de las armas, pero puede que esta vez el diálogo entre naciones hermanadas –no por nada se habla de los países árabes aun cuando se refiere a países por fuera de la península– por vínculos históricos e ideológicos haya salvado a Israel de una tragedia y evitado una guerra regional. 

La pelota está en manos de Netanyahu, un sub judice con todos los incentivos para prolongar el estado de guerra en su país mientras continúa radicalizando a sus electores, mismos que sin reparo decidió abandonar durante la represalia iraní escondiéndose en el búnker de un multimillonario amigo y donante suyo. Irán expresó ante Naciones Unidas que, si Israel no ataca de vuelta, ellos dan por concluido el asunto, pero en la mañana de ayer se supo que el ministro de defensa israelí informó a su homólogo estadounidense que la decisión del gabinete de guerra va por otra línea, pues se sienten “obligados” a actuar. De la sensatez de Netanyahu, poco conocida, y de la influencia que pueda ejercer Biden sobre este depende que emerja o no un nuevo conflicto, mucho más intrincado, extenso y difícil de ganar (para cualquiera) que el de la Franja de Gaza.

¿Que quién tiene la razón? Si nos preguntan a nosotros, ninguno de los dos. Por oportuna y, a nuestro juicio, perfectamente escrita, nos permitimos traducir y transcribir una opinión del catedrático israelí Ori Goldberg en la que reflexiona sobre el estado de su nación: “necesitamos ser restringidos por nuestro propio bien. Nuestro gobierno ha implosionado, generando terror (miedo) en contra de un enemigo extranjero mientras se arrodilla atemorizado ante los terrores en casa. Estamos atrapados en un torbellino de miedo, sin razón, destruyéndonos mientras este discurre”. 

Igual de caliente, aunque por otras razones, está Bogotá, ciudad otrora fría a la altura de un páramo, pero con el clima; la resolana y el agobio de una ciudad ribereña. Si no llueve pronto, además de insoportablemente caliente se quedará sin agua y la luz seguirá después. Al tiempo y sin mayores dificultades, las constructoras edifican a paso acelerado el borde norte de la ciudad, extendiendo innecesariamente la mancha urbana (con todas sus suciedades) y afectando suelos de alto valor para los sistemas hídricos y los servicios ambientales de la capital. Una planeación urbana en torno al agua y a los ecosistemas existentes –propuesta por el presidente Petro y vista con recelo por algunos– se torna inaplazable, por mucho que disguste a los poderosos urbanizadores que piensan como “tierreros” con matrícula mercantil. 

Adenda: para muchos es costumbre echar chisme y hablar mal del vecino. En esta columna solo hay dos vecinos, abuelo y nieto, así que mucho no podemos contarles. Sin embargo, en esta oportunidad el abuelo quiere referirse a su vecino para echarles un buen chisme: el nieto, estudiante para cuando comenzó este espacio de opinión, dejó de serlo y no porque lo hubiesen echado de la universidad, sino porque se hizo profesional. Complacido me siento como abuelo y como colega.

¡Hasta la próxima!

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