Crónica de la vida real

El dinosaurio bueno y la jirafita rota

La historia que voy a narrar sucedió a comienzos del nuevo milenio. Los perpetradores del crimen fueron las autodefensas del magdalena medio que reconocían en el presidente de la época: a su líder supremo. Si el presidente se enteró de este asesinato en particular, no lo creo. Si celebró con aguardiente -como dicen que lo hacía en el despacho de la gobernación de Antioquia cada vez que los paramilitares cometían alguna masacre-, no lo sé. Fueron tantos los muertos durante ese régimen que singularizar alguno resultaba a todas luces una tarea imposible. A Colombia la convirtieron en la fosa común a cielo abierto más grande de la tierra.