viernes, mayo 24

En la escuela de Mockus se enseña tanto de mímica como de mañas

Por: Germán Navas Talero y Pablo Ceballos Navas
Editor: Francisco Cristancho R. 

Los colombianos vivimos de golpe en golpe, maltratados por propios y extraños, pero especialmente por quienes elegimos para que nos gobiernen.

Después de presenciar sus enseñanzas y conocer a sus alumnos, ni siquiera nosotros nos atreveríamos a cuestionar las calidades profesorales de Antanas Mockus. Al igual que el maestro, los pupilos son duchos en trapisonda, lagartería, ‘contratitis’ e irrespeto disfrazado. Por lo anterior no nos resultó extraño que a su salida del partido Alianza Verde le siguiera Claudia López, quien es tan falta de imaginación que no agregó mayor justificación a su renuncia; reconoció que se sumaba “a lo expresado por el profesor Antanas Mockus” y le birló, cual copista, el mantra de “los Recursos Públicos son Sagrados” (sic). Lo cierto es que la ortografía no es tan sagrada para la exalcaldesa. 

Otro alumno de la escuela mockusiana es el pícaro –y zorrillo– exalcalde Enrique Peñalosa, a quien su maestro le dio el visto bueno para la segunda elección desde Nueva York y con ello le aseguró la victoria, aun cuando su partido no había avalado ni respaldado a Peñalosa. Esa manifestación de apoyo, no autorizada ni en línea con la postura de la colectividad, se sanciona como falta gravísima en los estatutos partidistas –por regla general– y conduce a la retractación o a la expulsión. ¿Pasó algo en este caso? Por supuesto que no, porque las normas no se extienden al “faro moral” del partido “anticorrupción”. 

Germán recuerda que durante un viaje a Lituania, país de donde provienen los ancestros de Mockus, le preguntó a unos estudiantes de ingeniería qué pensaban de un señor que se bajaba los pantalones en cada auditorio al que llegaba y uno de ellos contestó –en inglés– que “ese hombre debe estar loco”. Imaginen ustedes cuál habría sido el futuro político de Antanas Mockus en ese país o en cualquier otro en el que sus ciudadanos exigieran respeto por parte de sus dignatarios, a diferencia del nuestro en el que los votantes ceden al espectáculo y a las monerías sin sentido.

Continuando con los pupilos de Mockus, en este caso una mujer, leímos con gran interés un artículo en la sección judicial de El Espectador titulado “Fiscalía llamó a interrogatorio a Claudia López en caso por corrupción en el Metro”. La nota es en todo reveladora e incluye unos extractos de las interceptaciones efectuadas a José Joaquín Silva Ardila, relacionado por el periódico como “exfuncionario del Ministerio de Transporte”, quien en una de las llamadas escuchadas por la Fiscalía dijo que “la plata se está moviendo de una manera impresionante (…) Pues yo no sé, pero eso (es) para el partido ese Verde donde ella participa, eso fue para el Partido Verde, para elegir seguro a la señora de ella, a la que está en el Senado”. Si lo dicho resulta ser cierto, las mentadas políticas estarían en un cabeza a cabeza con sus colegas implicados en la trama criminal de Las Marionetas. 

Y falta mucho por saber de los cuatro años de administración de la señora López, quien según voces enteradas malacostumbró a los concejales con tantas prebendas que para el nuevo alcalde ha sido difícil seguirle el ritmo. Llama la atención que por estos días parecen haberse esfumado los aliados y defensores de la exalcaldesa, los primeros en un intento por distanciarse de la fuente de riesgos y los segundos al verse defraudados por un discurso “anticorrupción” que se quedó en palabras. 

También nos resulta curioso que quienes han sido críticos de Germán por ejercer su derecho a vigilar las acciones de una funcionaria (ahora ex) y líder política, hoy guardan unánime silencio ante las revelaciones en contra de su protegida. Estando en pleno acuerdo, concluimos este asunto con un tuit del senador Inti Asprilla que se lee: “respecto al llamado a indagatoria a Claudia López por parte de la Fiscalía, solo quiero recordar el dicho: con la vara que mides…”.

Para el cierre, desquiciado es el único adjetivo que describe nuestra reacción con que Álvaro Hernán Prada sea, un día, ponente de una decisión sin competencia –y por ende ilegal– con la que pretende sancionar al Presidente de la República y, al día siguiente, llamado a comparecer para el inicio del juicio en su contra por fraude procesal y soborno a testigos. Solo falta que se quite la toga y acto seguido le pongan los grilletes. Únicamente en Colombia. 

Adenda: vuelve a figurar el señor Emilio Archila Peñalosa por motivos non sanctos. Recordábamos con Pacho Cristancho, editor de esta columna, que este personaje era el delegado de confianza de su primo, Enrique, en cuanta junta directiva había. ¿Seguirá el camino de Andrés Camargo?

Adenda dos: suena –y suena bien– el nombre de María José Pizarro para representar a la izquierda en las próximas elecciones presidenciales. Ha demostrado su probidad, lealtad, ingenio y capacidad al liderar la agenda legislativa del gobierno, y vemos en ella una candidata formidable en quien confiamos sin asomo de duda. 

Pregunta: ¿será cierto que Carlos Amaya, gobernador de Boyacá y copresidente de la Alianza Verde, pidió permiso a la Asamblea para salir del país en fechas cercanas a la renuncia de Claudia López al partido? ¿Estarán Claudia y Carlos reunidos en estos momentos? El señor Amaya nos trae a la memoria aquella calandria del señor Pedro Infante, la cual voló, voló y voló…

Hasta la próxima semana 

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