jueves, abril 3

El coronel Esparza no tiene quien le escriba

Por: Germán Navas Talero y Pablo Ceballos Navas
Editor: Francisco Cristancho R.

¿Acosó usted a una mujer? Ajúa.

¿La víctima es esposa de otro oficial de la institución que usted dirigió? Ajúa.

¿Retiró usted a la brava y en secreto a este oficial, cuyo reintegro fue ordenado judicialmente? Ajúa.

¿Intentó desaparecer las pruebas del acoso eliminando los mensajes de WhatsApp? Ajúa.

Vuelve al ruedo quien creíamos olvidado y condenado a la indiferencia perenne: el general en retiro Eduardo Zapateiro, excomandante del Ejército Nacional que se hizo célebre al tomarse un estudio de televisión para gritar cánticos militares sin asomo de vergüenza. Zapateiro, público defensor de su entonces jefe y subpresidente de la República, también es conocido en el Valle del Cauca por haberse reunido, en los albores del paro nacional, con empresarios y políticos de derecha de quienes habría recibido la orden de reprimir la movilización a sangre y fuego, directriz que fue cumplida a la noche siguiente con los homicidios de cinco civiles en aparente abuso de la fuerza. Tal es el legado de Zapateiro en la capital del Valle que organizaciones sociales locales han designado la estrategia de represión desplegada por la fuerza pública en abril y mayo de 2021, y que contempló homicidios selectivos; torturas y detenciones arbitrarias, como la Operación Zapateiro.

Como si lo anterior no fuera suficientemente ominoso, Zapateiro reincide en deshonrar su apellido al involucrarse en actos de acoso sexual contra la esposa de un subordinado suyo, el coronel José Luis Esparza. En su columna semanal, el periodista Daniel Coronell explica el intríngulis: tal parece que, además de acosador, el señor Zapateiro habría abusado de su cargo cuando retiró de la institución –en clara desviación de poder, como lo declaró el juzgado administrativo que reintegró a Esparza– al esposo de la mujer que asediaba y a quien dirigía comentarios de índole sexual sin su consentimiento. Agravando su conducta y recordándonos que la vergüenza es para él un concepto extraño, resulta que la víctima de Zapateiro fungía como contratista del Comando General de las Fuerzas Militares al tiempo del acoso. 

En lugar de destinar su tiempo a procurar por la defensa y la seguridad nacional, nuestro entonces comandante del Ejército llegaba a su despacho a “mirar cosas”, imaginarán ustedes de qué naturaleza, y a preparar la prosa lasciva que ahora se tornó explosiva. En los mensajes revelados por Coronell se lee una advertencia de Zapateiro que es grave, tanto por lo que dice como por cuándo y a quién se lo dice: luego de informar que se encontraba en su despacho, presumiblemente en un edificio público, le dice a la víctima –contratista de una entidad del sector defensa– que “cuidado vas al baño” y remata con que “cuando todo se quiere se hace”. Al leer estos mensajes es apenas razonable que la destinataria temiera por su seguridad e integridad física de hacer uso de los baños en las instalaciones en las que trabajaba. 

Hay un dicho muy conocido según el cual “a cada uno lo suyo” y en este caso se traduce en Zapateiro a sus zapatos, tinterillo a sus tinteros. El señor Zapateiro, que viene siendo como Schumacher (hacedor de zapatos) en gallego, es uno de los defensores –curiosamente junto con el coronel Esparza, de quien pretendió deshacerse por motivos non sanctos– de la Operación Jaque, cuya veracidad ha sido cuestionada y capacidad de asombro diezmada por la investigación del periodista Gonzalo Guillén, quien demostró que poco hubo de heroísmo, nada de milagro y mucho de dinero en el procedimiento para rescatar a los secuestrados. Al respecto, los invitamos a ver el documental “Operación Jaque, una jugada no tan maestra”, de autoría de Guillén y disponible acá.

Ahora, sin el peso de las charreteras, el señor Zapateiro es visto y tratado en sus justas proporciones, mientras sus defensores de antaño hacen fila para desvincularse de él o desvincularlo de sus entidades, como habría ocurrido con la gobernadora del Tolima, para quien el general prestaba sus servicios de asesoría hasta el pasado domingo. En los días por venir nos iremos enterando de quiénes más se valían de su experticia demostrada, con suerte no aquella en abuso de poder y acoso sexual.

Adenda: antes de ceder a la tentación de solidarizarse con el coronel Esparza, quien si bien no es la víctima debió afectarse por la revelación de estas informaciones, conviene recordar que este también está sindicado, de tiempo atrás, de incurrir en conducta casi idéntica a la de Zapateiro, como lo explica Cecilia Orozco en su columna de la semana pasada y disponible acá.

Adenda dos: la investigación de Coronell que tratamos en esta columna permite imaginarse cómo sería la literatura pesada de los cuarteles. ¿Quién ganaría entre Zapateiro, Esparza o las hermanas Juliette y Justine del marqués de Sade?

Adenda tres: puede ser conocido por algunos que Germán fue juez permanente en Bogotá. Recordaba él, con ocasión de estos acontecimientos, que los hechos violentos en inmediaciones a cuarteles y a conventos se asemejaban. Va uno entendiendo el porqué.

Hasta la próxima semana.

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