martes, julio 23

Con la nueva ley de reforma pensional avanza el cambio

Por: Germán Navas Talero y Pablo Ceballos Navas
Editor: Francisco Cristancho R.

Nunca más un sistema pensional que no pensiona. 

Como todos los fines de semana nos correspondió revisar las últimas ediciones de la prensa y pasear por las redes sociales para escoger un tema de interés del que pudiéramos hablar largo y tendido. Con beneplácito recibimos la aprobación en último debate del proyecto de ley de reforma pensional, el cual –salvo que ocurra un verdadero cataclismo– ya es ley de la República, pues la sanción presidencial se da por descontada. Esta victoria en el Legislativo con amplia mayoría entre los votantes, 86 a 32, marca un hito en la gestión del primer gobierno de izquierda, y augura tiempos mejores para las demás reformas sociales, tan necesarias como esta. 

Por iniciativa del Presidente de la República y con el concurso de la bancada del Pacto Histórico, el gobierno tramitó con éxito un proyecto que pretende sustituir el sistema fallido de pensiones –que dejaba a siete de cada diez cotizantes sin jubilación y que mantenía en el desamparo a la vejez empobrecida– por un modelo vanguardista, a tono con las principales legislaciones del mundo, el cual garantiza una pensión universal de subsistencia; provee mecanismos para facilitar la obtención de la mesada; robustece el fondo público con un margen obligatorio de afiliación; asegura la pensión de los cotizantes hasta por dos salarios mínimos y corrige desigualdades que perjudicaban la posibilidad de las mujeres de acceder a la pensión. Todo esto al tiempo que custodia el ahorro pensional a buen recaudo y con independencia del gobierno y de los voraces fondos privados, a quienes les preserva el régimen de libre concurrencia en el pilar de ahorro voluntario.

Desde esta tribuna felicitamos al señor Presidente, a la ministra de Trabajo que demostró su sagacidad e infatigable liderazgo –cualidades que Germán le conoce desde sus años en el Congreso y por las que puede dar crédito– y a los ponentes del proyecto, en particular a la representante Martha Alfonso, quien no solo instruyó a sus colegas y a la opinión pública en los tejemanejes de la reforma, sino que también hubo de tomar la difícil y necesaria decisión de priorizar el texto aprobado en el Senado y dejar atrás su encomiable trabajo con la ponencia de la Cámara. Confiamos y esperamos que el gobierno respalde la iniciativa de la representante Alfonso para presentar, en la siguiente legislatura, un proyecto que corrija algunas deficiencias del texto aprobado con miras a tener la mejor reforma posible. 

–Pasando a otro tema– Nos resultaron en todo preocupantes, aunque elocuentes respecto de la maldad perenne en nuestro país, algunos comentarios de descrédito, reproche e incluso celebración por el atentado contra el padre de la vicepresidente de la República. Un grupúsculo de ciudadanos azuzados por ‘líderes’ de oposición ultraderechistas, oportunamente justificados por un medio de comunicación que destaca más por sus yerros que por sus primicias, cuestionó la veracidad del ataque, su lesividad e incluso la intención de los atacantes. Esto último llamó poderosamente nuestra atención, ¿cómo pueden afirmar el “real” propósito de un atentado? O mejor dicho, ¿quién podría saber cuál era su “verdadero” objetivo? Un lector desconfiado bien podría concluir que no hay persona que conozca mejor las respuestas a estos interrogantes que aquel que determinó o ejecutó el ataque. 

Adenda: inaceptables las críticas a Cielo Rusinque por la contratación de un esquema de seguridad cuya necesidad ha quedado demostrada más allá de duda, tras las amenazas y los seguimientos de los que ha sido objeto. No solo está en su derecho, es del interés de todos los colombianos –sin distinción ideológica– que la doctora Rusinque pueda ejercer sus funciones como superintendente y continuar con su liderazgo político, libre de preocupación por su integridad y la de su familia, así como lo hacen vocales opositores del gobierno.

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