MINERÍA ILEGAL: MUERTE Y DESTRUCCIÓN

Autor: Jairo Torres Oviedo, presidente del Sistema Universitario Estatal SUE y rector de la Universidad de Córdoba.

Desde su configuración espacial, el sur de Córdoba ha sido un territorio estratégico en el contexto del Caribe colombiano. Por el occidente se accede al Mar Caribe, Golfo de Urabá y Océano Pacífico; además, se comunica por vía terrestre con el norte del Chocó y Panamá, donde cuenta con 300 kilómetros de frontera. Por el Oriente limita con el Bajo Cauca, Nordeste antioqueño y sur de Bolívar; zonas mineras productoras de oro desde la época de la colonia. El contexto minero y social del sur del departamento de Córdoba está determinado por la gran cuenca de minería aurífera del Bajo Cauca antioqueño; que tiene sus extensiones en los municipios de San José de Uré, Puerto Libertador, Montelíbano, La apartada, Ayapel y Planeta Rica; donde existe una histórica extracción de oro, que en estos tiempos  se ha hecho violenta; debido al control que sobre esta actividad ejercen actores armados ilegales bajo dominio del narcotráfico; labor realizada en una extensión aproximada de 20 mil hectáreas.

Importante señalar, que las personas que se dedican a esta actividad económica informal e ilegal,  lo hacen ante la inexistencia de  otros medios de producción que les permita subsistir dignamente; debido a que estos territorios están caracterizados por condiciones de pobreza multidimensional, necesidades básicas insatisfechas e informalidad en la tenencia de la tierra; en donde la presencia del Estado, ha sido ausente, impidiendo la realización de derechos; y con ello, el dominio de actores “paraestatales” al servicio del tráfico ilegal de drogas.

La minería como actividad económica ilegal genera alrededor de dos toneladas de oro al año, comercializada en algunos municipios del Bajo Cauca; entre estos: Caucasia, Nechí y Tarazá; lo cual produce millones de pesos al año; lo que, sin duda, se convierte en un modelo económico y productivo ilegal que configura, nuevas formas de relaciones socioeconómicas, dependencia y control territorial; construidas sobre el miedo y la pobreza. A esto se suma, la generación de problemas ambientales, como lo es la contaminación de ecosistemas acuáticos, deforestación, erosión; convirtiendo ríos en corrientes de mercurio, destrucción y alteración del sistema hídrico, animal y humano; ocasionando problemas de salud en el sistema reproductivo y daños neuronales. Todo un imperio mafioso y criminal que destruye el medio ambiente; marcando el pasado y presente de este territorio.

En este sentido, el sur de Córdoba es un eslabón del narcotráfico, es una de las principales regiones productoras y comercializadoras de coca. Además, el bajo Cauca y el sur de Bolívar aportan cultivos de coca y minería ilegal. De allí que esta región se encuentre articulada por incontables corredores abiertos por las organizaciones criminales, manteniendo vigente el conflicto armado y la cadena del narcotráfico. Así las cosas, los problemas provocados por el narcotráfico siguen vigentes.

Lo anterior, requiere la presencia del Estado, y una política de sustitución de cultivos de uso ilícito, articulado con una reforma agraria integral que recupere el verdadero uso de la tierra. Por ello, la paz total implica, no repetición de nuevas formas de conflicto y la recuperación del control social del territorio por parte del Estado.