La política cordobesa es un buen negocio

Por: Germán Navas Talero y Pablo Ceballos Navas

Las pasiones racionalizadas dejan de ser pasiones y se convierten en comportamientos racionales.

San José es fiesta que se celebra en marzo, sin embargo la fiesta del Galeón San José –hundido en el Mar Caribe– sigue siendo una pachanga informativa que se extiende por todo el año. Ahora están con el cuento de que este tesoro será rescatado –una vez más– y habrá una exhibición de lo que se encuentre en un museo de Cartagena. Operaciones nacionales, multinacionales y locales para ver quien se “chorrea” unas cuantas monedas de las que los españoles llevaban en esos barquitos de viento desde el lugar del hurto hasta la patria de los depredadores.

El tesoro de San José fue Jesucristo, o al menos eso afirman quienes creen que María, siendo virgen, tuvo un hijo con él. No sabemos si José también era virgen, nadie se ocupó en su momento de indagar por estas intimidades; ni siquiera San Pablo, quien era el más chismoso de los evangelistas. Nosotros creemos que lo robado, esté donde esté, sigue siendo robado y que el ladrón no tiene ningún derecho sobre el objeto material del ilícito. Esta precisión la hacemos por cuanto se dice que España –su casa real y sus cortes– reclamará parte del botín, bajo el argumento de que se transportaba en un barco de la Real Armada española, al mando de tripulación chapetona y otras argucias que no merecen ser replicadas. Nosotros argumentamos, por oposición, que aun cuando se vale de instrumentos propios, el ladrón jamás tiene derecho sobre lo hurtado. Esperemos a ver qué pasa y quién termina con lo robado.

Y viniendo unos siglos hacia adelante, nos encontramos con que una ex-representante a la Cámara, Sara Piedrahita Lyons, habría financiado su campaña birlándose los dineros destinados a la recuperación de los pacientes con hemofilia en Córdoba. Esta joyita sin ningún escrúpulo se escamoteó 600 millones de pesos con la ayuda de su primito, el exgobernador Alejandro Lyons, y de un buen amigo de ambos, el exsenador Musa Besaile, conocido ‘serruchero’ de los recursos públicos. Al primo todos lo conocemos por su célebre participación en el cartel de la hemofilia, que consistía en algo tan simple como inventar enfermos y destinar recursos del erario para tratarlos, que al no haber en qué invertirlos terminaban en los bolsillos de estos personajes.

En conversación con El Espectador, el magistrado de la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia, Marco Antonio Rueda Soto, afirmó que cuentan con pruebas suficientes para mandar a Piedrahita a la chirona por los delitos de lavado de activos y enriquecimiento ilícito. Es que la sola lectura del expediente dibuja fielmente lo ocurrido, que no es inusual sino todo lo contrario: es la forma en que se desempeña la política en ese departamento. Un cordobés muy cínico nos decía: “político que no roba en Córdoba es porque es pendejo”. Nosotros le replicamos que “lo que pasa es que es honrado”, a lo cual él respondió, “la honradez de los políticos solo existe en las fábulas”. Según parece –y aunque no deje de sorprendernos–, político cordobés que no robe tendría que dedicarse al fútbol si quiere que le sigan metiendo goles.

Y no es únicamente Sara la ‘emproblemada’ de la familia. En la edición dominical de El Espectador se cuenta que el exgobernador Alejandro Lyons aún tiene deudas con la justicia. Este ciudadano está pagando primero sus faltas con los gringos, quienes le han puesto la mano por delitos cometidos contra los intereses de EE.UU. y nosotros esperamos que pronto sea enviado a Colombia para que pague aquí lo que debe en pesos colombianos. Nos quedan solo dos comentarios, el primero no sabemos si de resignación; inconformismo o ironía: linda la política colombiana y lindos los políticos cordobeses. Y el segundo, todo lo anterior lo contamos porque otros lo han hecho antes y no cualquier otro, sino el diario El Espectador, que nos inspira plena confianza y fidelidad con la verdad.

–Cambiando de tema– En el Senado están que se jalan de las mechas aquellos que no son calvos por el asunto de la reforma política. Hay quienes opinan que es lo que el país requiere en este momento, mientras otros sostienen lo contrario y aseveran que es incluso antidemocrática. Nosotros la leeremos con cuidado y daremos nuestra opinión cuando estemos suficientemente informados. En lo que a los autores de esta columna se refiere, no estamos muy convencidos de las bondades del voto cerrado, pues sirve para que los dueños de los partidos terminen siendo los nominadores y únicos autorizados para decidir quiénes pueden representar a los ciudadanos. Ustedes como lectores tienen en esta columna el espacio para sus críticas, positivas o negativas, sobre los temas que abordamos. Puede que tras escuchar sus opiniones alcancemos otras conclusiones.

Termina el mundial de fútbol y para muchos concluye la histeria que este deporte produce. Algunos aficionados parecían genuinamente locos, gesticulando y gritando cuantas barbaridades se les ocurría a un televisor. Insultos iban y venían, hasta contra el VAR y el bar de la casa, pero sin duda las más vilipendiadas fueron las madres de los árbitros. No sobra comentar el elevado consumo etílico de la hinchada ‘pantallera’ y la epidemia de juego que ha llamado la atención de las autoridades. Para seguir con esta carnestolenda, nada más divertido que escuchar a esos que se dicen sabihondos del deporte, quienes le ponen psicología hasta al giro del esférico, negándose a reconocer un ‘chepazo’ y atribuyendo traumas por doquier. Por fortuna se acabó, pero dentro de cuatro años volverá el mismo espectáculo, marcado por el consumo desaforado y con carta blanca para la ludopatía.

Adenda: nos pareció interesante la nota que fue publicada el domingo en El Espectador sobre el programa de M.B.A. que ofrece la Universidad de Los Andes. Estaremos pendientes de las innovaciones que proponen, pues para nadie es un secreto que nuestro sistema educativo requiere de ajustes incisivos y reformas estructurales.

Adenda II: A cargo de nuestro periodista colaborador, Francisco Cristancho R.
“Esta semana el edil Hernando Franco publicó un video clip en su cuenta de Twitter acompañado del siguiente texto: “La falacia de «TransMilenio hace lo mismo que el metro, pero más barato» en 41 segundos.” El tuit muestra la realidad de un sistema totalmente colapsado y desmitifica una vez más aquella frasecita del entonces alcalde Enrique Peñalosa. Y es que varios años después del monumental engaño por parte del falso ‘doctor’, nace una nueva versión –igual de falaz–: “El corredor verde es la mejor opción para la carrera Séptima”. Un cuento que no se traga ni el mismísimo Peñalosa, y que sin lugar a dudas, dejará a Bogotá sumida en un caos peor al que hoy padece. Sería un acto de responsabilidad política que los bogotanos alzaran sus voces en contra de la clon de Kike, a quien parece importarle un bledo el infortunio de los capitalinos.”

Coletilla a cargo del ex fiscal general Eduardo Montealegre Lynett: “La protesta social es un derecho fundamental, protegido por la Constitución. El ejercicio legítimo de este derecho no puede convertirse en un delito. Por esta razón, los jóvenes de la “primera línea” deben ser liberados. No pueden convertirse en objetivo militar de la ultraderecha latinoamericana. Su liberación es un deber para el progresismo de nuestro continente. ¡Bienvenidos como gestores de paz! La nación los necesita. Sus cantos y odas a la libertad son nuestra esperanza.”