Está de moda el “lavado de rostro”

Por: Jaime Gómez /analista internacional y vocero en asuntos de política exterior del partido Iniciativa Feminista de Suecia.

En el evento del COP27 llevado a cabo en Sharm el Sheij, Egipto, sorprendió a muchos que uno de los patrocinadores del evento hubiera sido la empresa Coca-Cola. Si, lo han leído bien. La empresa que usa inconmensurables cantidades de agua para producir una bebida azucarada que no implica un aporte nutricional positivo para quienes lo consumen. Y es aún más asombroso, cuando ello ocurre, precisamente, en un evento en donde el tema de discusión que está sobre el tapete, son las medidas a implementar para afrontar la crisis del cambio climático en el mundo.

Este tipo de hechos, que en este caso se da en el campo del medio ambiente, es lo que se ha dado en llamar “greenwashing” (lavado verde) que implica que empresas, corporaciones o gobiernos, utilizando un discurso medio ambientalista, intentan lavar su imagen para mostrarse como aliados de este tipo de causas, cuando en realidad sus políticas gubernamentales o metas de producción, según el caso, implican un serio deterioro al medio ambiente y una contribución decisiva al agravamiento de la crisis climática del planeta.

Otros ejemplos de “greenwashing” existen por cantidades. Uno de ellos es el caso de IKEA, una empresa transnacional de origen sueco que próximamente abrirá sus puertas en Colombia, conocida por su producción de muebles y que se ha convertido en uno de los principales consumidores mundiales de madera. Una investigación llevada a cabo por la organización Earthsight, da cuenta que esta empresa ha estado fabricando sillas, utilizando maderas de origen ilegal de los bosques de una región de Ucrania, que alberga algunas de las especies en peligro de extinción. A pesar de ello, IKEA es una empresa con la reputación de tener una gran conciencia de sostenibilidad y de protección al medio ambiente.

El “washing” en términos generales, es un “lavado de rostro” llevado a cabo por empresas, corporaciones, gobiernos o instituciones con el fin de vender una imagen que los haga aparecer como inclusivos y aliados de causas de carácter político o social o que muestren una gran vocación de sostenibilidad. Ello implica, necesariamente, la manipulación de la información y el engaño a un sector de la población, por cuanto no son políticas estructurales sinceras de apoyo a esas reivindicaciones, sino que pretenden mostrar un compromiso que en realidad no existe, con el fin de conseguir réditos de carácter político y/o económico mercantilizando de esta manera, una causa social o política, reproduciendo una dinámica propia del neoliberalismo. Es así como el “washing”, normaliza las políticas neoliberales.

El “washing” no solo existe en el campo del medio ambiente. Tenemos también el “pinkwashing” (lavado rosa) y el “purplewashing” (lavado violeta) que son estrategias de manipulación en donde empresas, instituciones o gobiernos aparecen ante la opinión pública como inclusivos con respecto a la población LGBTQI+ o aliados de causas feministas y de defensa de los derechos de la mujer, sin que genuinamente exista una intención de contribuir a un cambio estructural para erradicar la violencia en contra de las mujeres u otros grupos sociales a los que se pretende excluir. Un ejemplo del “pinkwashing” es cuando el gobierno de Israel autoriza el “Desfile del Orgullo LGBTIQI+” en sus calles, apareciendo como democráticos e inclusivos para ocultar la política de apartheid contra el pueblo de Palestina. Un ejemplo del “purplewashing” lo podemos ver también en Israel, cuando el 8 de marzo del 2016, el ministerio de defensa de ese país, publicó un video para mostrar el empoderamiento de la mujer en las fuerzas armadas y mostraba a soldadas israelíes en acciones de guerra. De esta manera, mostraba que el mantenimiento de la ocupación de Palestina es una victoria feminista, ocultando que ese empoderamiento se hace a costa de la vida de las mujeres palestinas.

Últimamente podemos observar otro tipo de “washing” y es el que realizan países que producen y exportan armas y pretenden aparecer como adalides y promotores de la paz. No he encontrado un nombre específico para este tipo de lavado, por lo que lo llamaré sencillamente “whitewashing”. Un buen ejemplo de este tipo de lavado lo tenemos en el gobierno de Suecia. Al tiempo que vende armamento a Emiratos Árabes Unidos, una de las partes contendientes en el conflicto de Yemen, invitaron a las partes que intervienen en este conflicto armado, en diciembre del 2018, a que suscribieran un acuerdo en la ciudad de Estocolmo, tendiente a allanar el camino a un acuerdo de paz. A pesar de ello, el gobierno sueco continuó con la exportación de armas. Negocio y diplomacia en un contubernio macabro.

Pero existe otro ejemplo actual que cobija a Suecia y Colombia. Las negociaciones de paz entre el gobierno colombiano y el ELN tienen el apoyo del gobierno de varios países, entre ellos Venezuela, Noruega y Cuba. Existe la intención de invitar a apoyar ese proceso a cuatro países europeos: Suiza, Alemania, España y Suecia. Todos ellos son productores y exportadores de armamento. Suecia tiene además un detalle adicional que lo hace especialmente problemático. Por primera vez, una coalición de gobierno perteneciente a la derecha se sostiene gracias al apoyo de un partido de origen nazista, los “Demócratas de Suecia”, abiertamente racista y que no duda en expresar una política migratoria que desconoce por completo el derecho al refugio. Su meta es lograr una inmigración cero hacia Suecia.

Sería una contradicción mayúscula solicitar a países productores y exportadores de armas o a un país como Suecia con un gobierno en donde el fascismo se ha introducido en los corredores del poder, que intervenga en un proceso de paz. El chiste se cuenta solo y la contradicción es evidente. No existe el espacio político para que países, que han construido parte de su bienestar, con el producto de la venta de armas, verdaderos instrumentos de muerte, sean participes de un proceso de paz. Tampoco es éticamente conducente que Suecia participe en dicho grupo cuando su gobierno actual se sostiene con el apoyo de un partido de corte fascista, que promueve la violencia hacia los inmigrantes, que pretende recortar los derechos de los sectores más excluidos de la sociedad y que además anuncia la disminución del presupuesto a la asistencia para el desarrollo en los países del sur global, pretendiendo imponerles condiciones que lesionan su soberanía, dejando al descubierto su carácter colonial.

¿Cómo justificar que un gobierno progresista como el colombiano o que un movimiento que se ha alzado en armas para construir un nuevo tipo de sociedad, permitan que un proceso de paz que ha generado altos niveles de esperanza en la sociedad civil colombiana sirva de instrumento para lavar el rostro de gobiernos que hacen de la guerra un negocio y que normalizan la muerte? Trabajar por un país que sea potencia mundial de la vida implica también cuestionar y limitar el campo de acción de la industria armamentista. Es una de las formas para que la dignidad se haga costumbre.