De la Calle Real a un tugurio

Por: Germán Navas Talero y Pablo Ceballos Navas

Las derechas tienen tanto miedo a la libertad que en sus gobiernos el letrero que más se ve es el que reza “prohibido”. En una verdadera democracia no se prohíbe, se educa y se permite.

Hay quienes dicen que están más atorados que corcho en un remolino para referirse a que están pasando por una situación difícil de sobrellevar. Sin embargo, hay una Corcho que merece todos los aplausos. Es el caso de la ministra de salud, doctora Carolina Corcho, quien a pesar de las trampas, malabares y argucias de los dueños de las EPS se mantiene segura y firme. No les será fácil a estos personajes atorar el corcho que les está poniendo en cintura. Los autores de esta columna exaltamos el trabajo de la Ministra y respaldamos todo intento para corregir y acabar con esta rémora de tres letras.

Nos hemos puesto a la tarea de averiguar por qué hay tantas casas de estilo inglés en sectores como La Magdalena, Teusaquillo, Quinta Camacho, Palermo o El Nogal. La respuesta que se nos ha dado por parte de algunos urbanistas es que este se debe, en parte, a la influencia de Alfonso López Pumarejo, quien tras vivir muchos años en Inglaterra trajo el conocimiento necesario para replicar este modo de construcción. Lástima que muchas de estas edificaciones hayan caído por la mal llamada pica del progreso y que nosotros calificaríamos como la pica que destrozó el pasado de una ciudad elegante y agradable. Si le interesa este tema y encuentra valor en los retazos que quedan después de años de gobiernos desinteresados por el patrimonio, le invitamos a ver este video.

Ustedes y nosotros ya tenemos alguna idea de lo que es una pandemia, estuvimos encerrados por culpa de ella; pero hay otro tipo de pandemia que opera en razón de la clase y por familias. Esta epidemia de poder ha sido diagnosticada por expertos en varias familias que contagiados por esta han pretendido enquistarse en las instituciones del Estado. Ejemplo de ellos son los Turbay, que han tenido cuanto cargo han querido y ahora parece que no ha sido suficiente, pues dicen que uno de sus descendientes terminó lucrándose con la importación de vacunas en plena emergencia sanitaria, según información publicada en algunos medios de comunicación.

Hay una notable concentración de familias contagiadas por esta epidemia en la costa atlántica, pasándose la enfermedad –y los puestos– de abuelos a nietos, entre esposos y con amantes. Otro ejemplo reseñable, de otra región del país, es el de una familia en la que el padre salió del Capitolio con las bígamas o esposas puestas a pagar un carcelazo, periplo en el que después le acompañaría su esposa, y tiempo después su hijo llegó a ocupar el escaño vacado para dejarlo vacante tras ser capturado por orden de la Corte Suprema. Lo más grave del cuento es que el pueblo borrego, al que no le han pasado la epidemia, sigue agachando el ‘tuste’ y continua votándoles, para al día siguiente comenzar a despotricar de la “clase política”, cuando tendrían que estar criticándose a sí mismos.

–Cambiando de tema– Nos hemos enterado de que el trino –ese del cual nos valemos ya sea para opinar, alabar o denigrar– no tiene la fidelidad que algunos creían, pues se ha descubierto en días recientes, según informaciones de El Espectador, que esta aplicación tenía todos los medios para infiltrar, controlar y modificar las comunicaciones que discurrían por ella. Si alguna vez ejercieron ese poder, no lo sabemos, pero sí nos consta que en el pasado hubo actos de censura y bloqueo que fueron oportunamente protestados por organizaciones defensoras de la libertad de expresión. Si escuchamos con atención el ruido que Piolín hace cuando el astuto gato Silvestre lo busca para engullírselo, podríamos decir que igual reacción generan en los poderosos las opiniones que se expresan por las redes sociales y por los medios alternativos. El tuit terminó por ser expresión de libertad y grito de ayuda.

Hay pícaros con suerte y otros sin ella; y hay quienes pasan de tenerla a perderla, como es el caso de aquel paraco, de nombre Andrés Escobar, quien intimidó y disparó contra manifestantes en el paro nacional y salió, pistola en mano, a hacer aspaviento de sus amistades con la fuerza pública. Escobar se voló del país en medio de la causa judicial que enfrenta, convencido de que la suerte le permitiría seguir cometiendo abusos de fuerza, sin embargo, después de haber hecho el periplo de volarse por Panamá y recorrer Centroamérica, llegó a México y tras intentar cruzar la frontera por una trocha fue apañado por las autoridades estadounidenses, quienes lo deportaron de regreso a Colombia, donde pronto tendrá que servir una pena privativa de la libertad. Aquellos que otrora lo defendieron y alabaron su comportamiento de plomo contra los jóvenes inconformes, ¿qué tendrán que decir ahora? ¿Estarán de plácemes por el intento de fuga? ¿Les seguirá pareciendo ejemplar? Algunos periodistas, refiriéndose a este individuo, decían que era un empresario exitoso, pero visto lo visto habría que ponerlo en duda. ¿Será que el coyote que habría de pasarlo al otro lado se ‘calceteó’, como se dice en la jerga del hampa en la que es fluido el señor Escobar?

Adenda: que la carrera séptima está hecha una desgracia, sí. Hace años dejó de ser la vía emblemática, el pedazo de la Calle Real, esa de la que se ufanaban los bogotanos, para convertirse en un tugurio. Y es ese proyecto espantoso el que aspiran a prolongar de la calle 26 al norte. Qué odio el que le tiene la alcaldesa a los ciudadanos que la eligieron. Qué desprecio el que siente por la ciudad a la que tiene por obligación servir. No descansará hasta verla completamente destruida. Nos corresponde a todos impedir que lleve a término sus objetivos perversos.

Adenda II: –A cargo de nuestro periodista colaborador, Francisco Cristancho R.– “No se puede entender cómo hay algunas, dizque ‘personas’, que aún defiendan cabalgatas, corridas de toros, o cualquier otro tipo de maltrato animal. Los hechos ocurridos en Ubalá, Cundinamarca este fin de semana, denunciados por la senadora Andrea Padilla, demuestran la indiferencia y crueldad de esas bestias que participan y defienden estos supuestos espectáculos. Urge, si no la eliminación de estas violentas prácticas, una drástica regulación.”

Coletilla a cargo del ex-presidente de la República, Ernesto Samper Pizano: “Si algún tema ha de ocupar la atención de los latinoamericanos por estos días es el efecto perverso que están produciendo las sanciones unilaterales contra algunos países como Venezuela y Cuba, que están prácticamente asfixiados por cuenta de las restricciones impuestas de manera arbitraria contra ellos por parte de Estados Unidos y por los países de la Unión Europea. Las sanciones unilaterales no solamente son ilegales, al estar condenadas por distintos instrumentos interamericanos y mundiales, sino también contraproducentes, pues en lugar de estimular el intercambio económico entre los países lo que hacen es cerrar los canales de globalización que se han abierto para facilitar la movilidad de personas, bienes y servicios. Pero sobre todo son inmorales, porque parten de la base de que se debe hacer sufrir a la población quitándole el pan, afectándole sus empleos y privándole de servicios públicos para obtener unos réditos políticos. Es una causa muy importante para asumir sin demora, con el fin de evitar casos dramáticos como el de Cuba, que se ha convertido prácticamente en el George Floyd de América Latina.”