No se deje mandar de la opinión pública

 

Por: Germán Navas Talero y Pablo Ceballos Navas

Una persona inteligente es aquella que es capaz de comportarse como cree que debe hacerlo, sin temor a que otros le puedan criticar porque no logran entender los alcances de la expresión de quien se encuentra dos escalones por encima de ellos.

Día tras día capturan a un ‘Mordisco’, al ‘Risitas’ y a cuánto alias encuentran, pero nadie nos ha podido aclarar en qué van las averiguaciones sobre una china queridísima a la que llaman ‘La Madrina’. Todos sabemos, por la película, que ‘El Padrino’ era Vito Corleone, pero en este caso… ¿quién diablos es ‘La Madrina’? Se habla de ella a diario, y sin embargo el fiscal de papel –y decimos de papel porque solo ostenta el cargo en los periódicos– no ha dicho ni mu sobre su existencia. En los cuentos hay madrinas buenas y madrinas malas; buena es el hada madrina que hace milagros con su varita, mientras que mala podría ser la madrastra de La Cenicienta o la que no da regalo a su ahijado en Navidad. Aún no sabemos en qué categoría entra ‘La Madrina’ y para tal efecto le pedimos al ‘fiscalito’ que haga su trabajo y nos diga quién es este personaje.

–Cambiando de tema– Estamos aterrados del poder que le atribuyen al presidente Petro. Según algunos individuos que dicen hacer oposición, le acusan de ser el responsable de las bruscas oscilaciones del dólar. Estos fabuladores que añoran el serrucho de los gobiernos pasados viven culpando al presidente de todo, hasta del tsunami de las divisas que está generando repercusiones en el mundo entero y afectando incluso al euro y a la libra, otrora monedas fuertes. Si el presidente Petro tuviera la capacidad de provocar una crisis de estas dimensiones, podríamos afirmar que su capacidad política solo sería equiparable a la de Biden o a la de Putin. ¿Qué tendrían por decir los uribistas de que Duque no produjera ni una rebaja en las tiendas de barrio? Seguramente guardarían silencio, pues lo importante era que amparara y permitiera el serrucho.

Y hablando de serrucho, parece que en la SAE hicieron halloween por varios años y a punta de brujas se comieron a cuento al inocente Duque. Todo indica que se embolsillaron, derrocharon, dilapidaron miles de millones, pero nadie sabe ni qué era lo que había como tampoco qué fue lo que se perdió. Nosotros, como columnistas metiches que somos, sabemos que hay un jurgo de plata embolatada, pero creemos que será más fácil encontrar los huesitos que nuestra perrita Nieve esconde por la casa que ubicar en poder de quién o en dónde se encuentran esos sí tesoros que los vivos amigos de la SAE se embolsillaron. Nos cuentan que hasta un general que vuela bajito –por ser apenas palomino y no paloma– recibió en administración cipotudas fincas, con lo cual a uno no le queda sino preguntarse, ¿por qué dárselas a él y no a un campesino que las necesitara? A nosotros se nos está contagiando la tontería de Duque, hacemos preguntas que nunca tendrán respuesta.

Debemos confesar que nos gustan mucho las canciones de Joe Arroyo, él nos parece –como dicen los jóvenes– un man chévere, con buena música para mover el cuerpo. Lo que definitivamente no nos gusta son los arroyos que se arman desde tiempo inmemorial en la ciudad que lo vio triunfar: Barranquilla. Arroyos desde antes de los Char, en tiempo de los Char y seguramente después de los Char; a pesar de que algunos digan que esa familia ha producido los mejores alcaldes del mundo después –claro está– de Enrique Peñalosa, de cualquier forma, no deja de sorprendernos que esta problemática no haya sido resuelta. Cuando vemos publicidad sobre el metro imaginario de Bogotá o la que se hace con los Char-cos o arroyos en Barranquilla, insistimos en la necesidad de darles a sus autores un premio por la imaginación y por la habilidad de hacer pasar una mentira como hecho cierto. Estamos seguros de que en próximos días veremos una gran pieza publicitaria, a cargo de una señora que le hace cuarto a uno de los mentados alcaldes, consistente en una serie de fotografías a bordo del vagón sin ruedas que hizo traer de China y que en vista de la imposibilidad de guardarlo en una bodega, mandó instalar en un parque de la ciudad.

Cuando uno va a Jerusalén observa que detrás del Muro de los Lamentos está el Domo de la Roca, que es el sitio desde donde los cristianos dicen que partió el profeta Elías en un carro de fuego hacia los cielos. Suponemos que hasta allá habrá que llevar el vagón del metro que trajeron, posarlo sobre la cúpula y que salga para el carajo porque esa vaina no va a volar. Las crónicas bíblicas cuentan que después de que ese vagón salió disparado para el cielo, el profeta Eliseo regresó aburrido por la partida de su amigo y cuando empezó la búsqueda de un transporte que lo llevara de vuelta, unos chicuelos le gritaron “¡calvo, sube!, ¡calvo, sube!”, en clara referencia a su alopecia. Como castigo, el gobernante de toda la vida les mandó unos osos que se papearon a los chinos. Si no lo recuerdan, revisen sus notas de historia bíblica.

Para cerrar esta columna nos dio por dar consejos –Germán dice que en razón de la edad– y es por ello que queremos decirles a ustedes, apreciados lectores, que hagan lo que les plazca. Aquellos que quieren que uno haga, no lo que se le dé la gana a uno, sino a ellos, son quienes ante la primera oportunidad se desharán en críticas, cuestionándolo por no hacer “lo correcto”. Lady Godiva salió empelota a la calle montando un caballo y por fortuna no se encontró en su paseíllo con la decana de la facultad de Derecho de La Gran Colombia, pues de haberla visto esta, habría llamado a su censura inmediata. Godiva se desvistió y cubierta a medio pelo salió a cabalgar, la historia cuenta que los transeúntes se volteaban para evitar verla, pero estamos seguros de que desde las rendijas y tras las cortinas, muchos hipócritas entrecerraban los ojos para alcanzar a ver algo de la escena. Otra que salvó de las críticas de la decana fue la Venus de Milo, que como sabemos perdió sus bracitos por comerse las uñas, pero aun así la gente hace fila para ver su torso desnudo. No faltará quien, en su mente pacata y retrógrada considere que este tipo de obras atentan contra la moral pública y las sanas costumbres. Desde esta pequeña pero honesta tribuna coreamos: ¡Que viva el arte, con mujeres desnudas y hombres ídem! ¡Que viva el humor, así a los malpensantes no les guste!

La maja desnuda, Francisco de Goya

Adenda: El periodista Francisco Cristancho R., colaborador nuestro, afirmaba algo que hoy nos cae como anillo al dedo: “Poco creíble resulta que en esta época existan instituciones académicas que –por quienes las dirigen– no puedan enseñar, instruir o referirse libremente al arte. ¿Será que para algunos rectores obras como La venus del espejo, de Velásquez; La maja desnuda, de Goya; o Desayuno sobre la hierba, de Manet, son simple porno?