Resultó más barato un Uber que una bicicleta

Por: Germán Navas Talero y Pablo Ceballos Navas

La lealtad y la amistad son cualidades que todos tienen a flor de boca, pero muy pocos a flor de corazón.

Los amigos son difíciles de conseguir y fáciles de perder.

Han pasado las horas y los días y aún no hemos podido averiguar quién pagará la recompensa por el entierro de Mordisco. Por estos días muchos se preguntan, ¿quién pegó ahí la mordida? Quienes deberían contestar hicieron como en las malas comedias, mutis por el foro. Los cuestionamientos se dirigen sin vueltas ni revueltas a quien en ese momento era presidente de la República, Iván Duque; su ministro de mala leche, Diego Mamolano; y al entonces director de la Policía, general Jorge Luis Vargas. Estos tres personajes se han hecho los pendejos y nada han dicho en vista de la reciente reaparición de alias Iván Mordisco. Mientras tanto, tres mil millones de pesos que, como en la historia de Condorito, hicieron plop y desaparecieron; sin embargo, le hemos dado la misión –imposible– de encontrarlos a la Pantera Rosa.

Como este es el país de las cosas extrañas, tenemos ahora inversión en bicicletas de vaya y venga, o sea, de alquiler. El negocio lo montó la alcaldesa Claudia López, no sabemos si en compañía de su íntimo Enrique Peñalosa, pero nos da la impresión de que esto será muy redituable para alguien. Según cálculos de algunos, el alquiler por una hora cuesta alrededor de $9.000 pesos, a diferencia de lo que ocurría en el plan piloto que puso en marcha el muy criticado alcalde de la Colombia Humana, en el cual el préstamo era gratuito y hasta donde sabemos funcionó bien, pues en caso contrario lo habríamos sabido de buenas fuentes cabales y palomas. Vale la pena citar el comentario del tuitero Tulio Trajano (@TrajanoAndino), quien en respuesta a un tuit de la Secretaría de Movilidad dijo “siga quemando los recursos e impuestos de la gente en tonterías y autobombo. Entiéndalo: la inmovilidad de Bogotá se empieza a solucionar cuando Uds. hablen en serio de metro subterráneo, trenes y más y mejores vías. Con “micro movilidad” serán micro tontines.” Con ocasión de este asunto, recordábamos una famosa aria de Giuseppe Verdi que dice “la donna è mobile”, expresión que en macarrónica traducción nuestra pareciera haber sido compuesta para Enrique y Claudia en reconocimiento a sus gestiones para tornar imposible moverse por la ciudad.

Hacer un metro requiere de retroexcavadoras y taladros ‘topos’, pero no sabíamos que fuese requisito sine qua non el empleo del serrucho. En Bogotá un puñado de funcionarios resolvieron elevar lo que era de excavar, favoreciendo negocios de privados en detrimento del interés general. Hace unos años, Nueva York y Boston enterraron varios tramos de sus metros con el objetivo de preservar su paisaje urbano, mientras que acá se presenta como el “futuro” un puente gigantesco que servirá de orinal en sus 23.9 kilómetros y que ensombrecerá la ya deteriorada Avenida Caracas, produciendo una ‘cicatriz urbana’ difícil de sanar, empleando la expresión que sobre este tema le escuchamos a la socióloga Juana Afanador.

Mientras escribíamos esta columna, nuestros hermanos regionales, los brasileños, chapoteaban para quitarse de encima al godo Bolsonaro. Es triste que un gran país como ese deba soportar a esa caspa de gobernante. En ocasiones resulta difícil entender a los seres humanos, ¿cómo pueden pensar que deba discriminarse por religión o por raza? Es sabido que a Bolsonaro no le caen en gracia los negros y aun así habrá quien vote por él. Confiamos en que a finales de octubre Brasil saldrá del atolladero en el que está y regresará a la democracia plena, dejando atrás el espanto del conservadurismo evangélico. Corremos con la suerte de que por primera vez a nosotros se nos permitió hacer un experimento con la izquierda en el poder y creemos que va bien, así algunos medios de incomunicación digan lo contrario. Nosotros creemos en el cambio, lo defenderemos y aportaremos lo que esté a nuestro alcance para que sea un éxito. La consigna, tanto en Brasil como en Colombia, es la misma: ¡no pasarán!, ¡no volveremos al marasmo al que nos sometieron!

Desde una ventana –que bien podría haber sido una silla en un circo– pudimos apreciar la exigua convocatoria a la marcha de la derecha y nos aterró enterarnos de que dentro de estas movilizaciones había personas de clase trabajadora e incluso algunos desempleados, quienes se presentaron para defender los privilegios de una clase a la que no pertenecen. ¿No se habrán dado cuenta de que esta es la primera vez en que el pueblo raso, o chusma, como lo llamaba Gaitán, tiene la oportunidad de hacer realidad sus derechos? Otra cosa que nos hizo gracia por estos días fue la contradicción entre el desagrado generalizado por el servicio de salud en el país y la oposición inmediata de muchos a cualquier voz de reforma. Tras haber leído algunos cuestionamientos al proyecto de ley que circula por los medios, recordamos Babia, territorio por el que Pinocho pasó una temporada en una de sus múltiples aventuras. Tras escuchar unas –pocas– defensas acérrimas de las EPS, alguien comentó sobre la semejanza con quienes exigían que se mantuviera el servicio militar obligatorio, probablemente tanto estos como aquellos no han tenido que padecer la realidad de lo que defienden.

Y hablando de reformas, se dice que se reformó la Policía porque cambió el color de sus uniformes, pero su estructura sigue siendo la misma. Esperamos que en los proyectos por venir adquiera un carácter civilista como lo manda la Constitución. Solo en un país de desquiciados se podría afirmar que la Policía es un cuerpo civil y sin embargo su conducción es entregada al ministerio de los militares y sus integrantes son sujetos de la justicia penal militar.

Adenda: al cierre de esta columna supimos de la inminente designación de Diego Molano como candidato del Centro Democrático para la Alcaldía de Bogotá. No es justo que un mismo pueblo pueda ser sometido a tres desgracias sucesivas: Peñalosa, Claudia y ahora… Mamolano.

Adenda dos: desesperados tratan de sobrevivir comerciantes en la capital. Según nos cuenta nuestro periodista Francisco Cristancho R. (@FACristancho) en varios barrios de Bogotá la delincuencia los está extorsionando. Anoche –según lo emitió un noticiero de tv– varios locales fueron tiroteados en el barrio San Fernando porque sus dueños se han negado a pagar las extorsiones. Y mientras tanto, la señora López, pensado en afectar aún más al sector, con días sin carro y eternas obras que, claramente, terminarán por exterminarlos.

¡Hasta la próxima!