Alcanzar logros tangibles y medibles: ese es el reto histórico

Por: Jaime Gómez /analista internacional y vocero en asuntos de política exterior del partido Iniciativa Feminista de Suecia.

El pasado 7 de agosto, se formalizó la llegada al gobierno de Colombia de una propuesta de corte progresista en cabeza de Francia Márquez y Gustavo Petro. Por primera vez, las grandes mayorías de este país pueden ver y oír como desde las toldas del alto gobierno se habla de priorizar las necesidades de los sectores mas excluidos de la sociedad colombiana. Esta ducha de alegría requiere ahora grandes oleadas de concretismo para que el regocijo y alborozo de los primeros días no se conviertan en cántaros de decepción en el futuro.

Al igual que en los partidos de fútbol, los equipos muestran en sus primeros minutos la estrategia que asumirán para enfrentar el encuentro. Los diferentes protagonistas de la vida política nacional han dejado ver en donde realizarán los énfasis de sus esfuerzos y hacia dónde apuntan las energías en miras a lograr sus objetivos políticos.

Con gran acierto, el gobierno de Francia Márquez y Gustavo Petro ha hecho un énfasis en el logro de una “Paz Total” que tiene que ver con el reinicio de los diálogos de paz con el ELN así como también con el rol de la policía y las fuerzas armadas en la implementación de una nueva política de seguridad, la seguridad humana, un énfasis en la reforma tributaria que genere los recursos necesarios que permitan comenzar el pago de esa gran deuda social que tiene el estado colombiano con sus ciudadanxs excluidxs, otro énfasis en la lucha contra el hambre, con la democratización de la tenencia de la tierra, con el reinicio de las relaciones con Venezuela con la consiguiente reapertura de la frontera con ese país y la prohibición del fracking como proceso extractivo atentatorio contra el medio ambiente. Todo esto, en medio de la re-estructuración del aparato estatal que debe estar dotado con funcionarios con las calificaciones adecuadas tanto en conocimiento como éticas y que estén dispuestxs a implementar las políticas progresistas del nuevo gobierno. La monumental exigencia gerencial y administrativa que esto requiere no es tema menor. Pienso que, en estas pocas semanas, el nuevo gobierno lo ha hecho bien y ha mostrado que tiene claro cuál es el norte a seguir.

En un sistema político como el colombiano, es muy importante el papel que desarrolle la oposición y en este campo encontramos una gran decepción. ¿Dónde está la oposición? Quiero decir, una oposición con una visión de país seria, democrática y sustentada en el conocimiento. Lo que vemos es una autodenominada “oposición” usurpada por el Centro Democrático ante el vacío dejado por el candidato Rodolfo Hernández, derrotado en la segunda vuelta por la presidencia de Colombia. Las voces altisonantes, los gritos fundamentalistas contra un supuesto comunismo que lo encarnan en el Pacto Histórico y sus voceros, son lacónicas pruebas de una oposición ignorante, oportunista, torpe y ausente de propuestas, que sólo atina a criticar los tenis de una ministra o a expresar arengas añejas que nos recuerdan las épocas de la guerra fría, pero que están ávidas por dar el zarpazo para dejar herido un proyecto de cambio. Por ello, no debemos subestimar su peligrosidad.

A esto se agrega el componente internacional. No me voy a detener ahora a analizar en detalle este aspecto, pues su importancia amerita otro artículo. Quiero limitarme a traer a colación un reciente pronunciamiento del senador estadounidense por el partido Republicano, Ted Cruz, con motivo de la presentación de un proyecto de ley denominado “Caution Act” (Ley de precaución). Dicha propuesta estaría encaminada a condicionar la ayuda de Estados Unidos a Colombia según el camino que el gobierno progresista de Márquez y Petro decida seguir. Esto es, si el actual gobierno progresista de Colombia realiza actos que sean interpretados como atentatorios a los intereses de USA, como por ejemplo frenar la lucha antinarcóticos, el gobierno estadounidense bloquearía los recursos destinados a la lucha antidroga y si no colabora para frenar la inmigración ilegal hacia ese país, se suspenderían los dineros destinados a la asistencia para el mal llamado “desarrollo”. Así, concluye el citado senador, incondicional seguidor del expresidente Donald Trump: “No estoy interesado en dar a los izquierdistas antiamericanos dólares de los contribuyentes americanos como ayuda. Creo que nuestra política exterior debería usar palos y zanahorias para incentivar a otros países a comportarse de una manera que beneficie los intereses americanos y fortalezca nuestras amistades, y una forma que disuada a los países de buscar dañar y socavar a los Estados Unidos de América”. La historia nos enseña a no desestimar las amenazas de la política exterior de Estado Unidos, sobre todo cuando provienen de sectores de ultraderecha como al que pertenece el senador Cruz.

Además de los contenidos populares de las políticas gubernamentales, se requiere no romper nunca la conexión gobierno-pueblo. Esa alianza debe ser fortalecida permanentemente, día a día. Y la mejor forma de fortalecerla es seguir en la construcción de organización popular desde las bases, desde las regiones hacia el centro. Además, se requiere alcanzar logros tangibles y medibles. Es un imperativo histórico. Si no concretamos en políticas de Estado, las justas aspiraciones de las grandes mayorías, estaremos desperdiciando una posibilidad única para que una alternativa democrática y popular vuelva a sentarse en la Casa de Nariño.