Uribe-Duque-Fico, artífices de la simulación

Por: Rafael Ballén

Según el Drae, la voz simulación tiene dos acepciones. La primera: acción y efecto de simular. La segunda: alteración aparente de la causa, la índole o el objeto verdadero de un acto o contrato. A su vez, la palabra simular significa: «representar una cosa, fingiendo o imitando lo que no es». Etimológicamente la palabra simulación se deriva de dos vocablos latinos: simul y actio, que significan alteración de la verdad. En castellano simple, la simulación tiene por objeto cambiar la auténtica realidad de un acto. Por medio de la simulación se consigue crear la apariencia de algo que en realidad no existe, su finalidad es engañar. Exactamente es lo que hacen los tres hombres con los que se titula esta nota. Vamos por partes.

Uribe es un dechado de simulación por donde quiera que se le mire. Como director de la Aeronáutica Civil, como alcalde de Medellín, como gobernador de Antioquia, como senador y como presidente de la república. Como jefe de Estado fue donde más actos de simulación hizo. La seguridad democrática, la negociación con los paramilitares, los consejos comunitarios, la antipolítica, la lucha contra la corrupción, el intercambio humanitario e inclusive sus rabietas. Muchos recordamos aquella simulación de bravucón: «Si te veo te rompo la cara marica». El asesinato de los 6.402 jóvenes de los falsos positivos fueron crímenes para simular ante la opinión pública que le iba ganando la guerra a la insurgencia.

Como expresidente, todas las actuaciones de Uribe, son una cadena de simulaciones. En el proceso ante la Corte Suprema de Justicia contra el senador Iván Cepeda, luego ante la Fiscalía y finalmente, ante el juzgado del conocimiento ha movido el bajo mundo para simular su inocencia. En el actual proceso político, todo ha sido simulación. La candidatura de Oscar Iván Zuluaga, su renuncia y su anticipada adhesión a alias Fico, no ha sido sino una camino de simulaciones. ¿Para qué? Para demostrar que Federico Gutiérrez no es su candidato.

Iván Duque va a cumplir cuatro años de simulaciones. ¿Qué no ha simulado este hombre, hechura de Uribe y jefe de campaña de alias Fico? Solo menciono la más monumental de sus simulaciones: tratar de mostrar que no entorpeció e hizo hasta lo imposible para volver trizas el proceso de Paz. Después de haber gastado todo su primer año de desgobierno para acabar con la JEP, única herramienta de la paz que se mantiene viva, la ha saboteado a más no poder. El presupuesto que  el Plan de Desarrollo le asigna a la guerra lo hace pasar como si fuera para la paz.

Para deslegitimar el proceso de paz y los propios textos constitucionales y legales que lo respaldan se inventó la frasecita «paz con legalidad». Es el discurso que ha tratado de vender en sus innumerables viajes a Europa, Estados Unidos y Naciones Unidas. Sin embargo, la comunidad internacional no se ha comido esa simulación. El Secretario General de la ONU, Antonio Guterres, lo desmintió y ridiculizó, en su visita a Colombia, cuando le dijo: «Yo no he conocido una paz ilegal». Increíble: un día nos enteramos que hay vías terciarias que Duque las denomina las «carreteras de la legalidad». Es decir, sacó del rubro de la paz partidas  para contratar unas carreteras, y, otra vez, para simular que está haciendo grandes obras para cumplir los Acuerdos firmados entre el Estado y la guerrilla de las Farc.

Alias Fico, antes de ser alcalde de Medellín fue asesor del gobierno de la Seguridad Democrática y profesor de esa doctrina en Argentina y México, pero hoy hace ingentes esfuerzos para simular que no es el candidato de Uribe y de Duque. El país y el mundo saben que los partidos del actual gobierno son el Centro Democrático, el Conservador, el de la U y  Cambio Radical. Para ocultar esa realidad Fico simuló ser independiente recogiendo firmas. Luego, se sometió a una consulta en la que no participó el Centro Democrático. Sin embargo, la  realidad  es que, buena parte de  los votos que obtuvo Gutiérrez en la consulta, vinieron del partido de gobierno.

Pero la simulación de alias Fico no para ahí. A diario pretende simular que es un hombre serio, que se proyecta como estadista. Empero, su propia actitud, su propia vestimenta, su propio lenguaje lo desmienten. Está en todo el derecho de pretender gobernar a Colombia algún día, pero para ello tendrá que hacer un cursito para principiantes de democracia, libertades, expropiación y lucha de clases, que son las cuatro palabritas que menciona en todos los debates y declaraciones. De ahí que, la mejor definición de alias Fico, es laque dio Francia Márquez, en la entrevista a Vicky Dávila: «Un bufón más de Uribe».

 

 

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