El futuro es ahora, el 13 de marzo invito a votar por las aspiraciones alternativas.

Por: Victoria Sandino Simanca Herrera

Hemos pasado cuatro años inmersos en fuertes debates sobre el futuro del país. Ello se evidencia en lo intenso de la discusión pública sobre la conducción de Colombia y en lo que sucede en los territorios con la escalada de violencia y el calentamiento de las zonas que por algún tiempo estuvieron en relativa calma tras la firma del Acuerdo de Paz. Lamentablemente esa calma fue pasajera, puesto que en las elecciones de 2018 se impuso el uribismo apalancado en patrañas sobre la paz, en la campaña del miedo y en el fantasma inexistente del castrochavismo.

La lección de estos cuatro años ha sido muy dura y sumando la pandemia, deja un saldo devastador en términos económicos, sociales, humanitarios y de incumplimiento de un Acuerdo de Paz que marcaba una ruta de superación de la violencia y parte de las desigualdades de nuestro país. También una lección sobre la clase dirigente que gobierna a partir del engaño, de las falacias, de las traiciones, de los odios y las violencias.

Hoy estamos nuevamente en un momento decisivo. Lo que nos estamos jugando no es cualquier cosa. Es sobre el país que merecemos y que anhelamos la mayoría de los colombianos y colombianas: el futuro es ahora. Si bien todos los ojos están puestos en la carrera por la Presidencia de la República, el domingo 13 de marzo se elige una pieza clave para cualquier gobierno: el Congreso. Para cualquier jefa o jefe de Estado es fundamental tener las mayorías en Senado y Cámara, aún más para que un gobierno alternativo avance en transformaciones democráticas y sociales de fondo. La acogida masiva del pueblo a las opciones alternativas demuestra el agotamiento del modelo impuesto por eternos gobiernos de derecha: la gente está decidida a ganar en las urnas.

Sin embargo, la corrupción, la compra de votos y el manejo clientelar de las elecciones en Colombia son tradiciones y prácticas que siguen vigentes y que no van a dejar de usarse por quienes detentan el poder. No dudemos que en esta ocasión se utilizarán, como siempre, en contra del sentir de las mayorías de colombianos y colombianas. Hay que estar alerta, pues el fenómeno de las masas movilizadas, el cansancio de las gentes humildes de nuestro país, incrementa los riesgos de fraude y de violencia política.

Así las cosas, es preciso decir que hay un quiebre en la política colombiana que es innegable, pero también se mantienen las estructuras y prácticas tradicionales. Estamos en una coyuntura en la que “lo viejo no termina de morir y lo nuevo no termina de nacer” como diría Antonio Gramsci. El pueblo debe emerger en esta coyuntura tal como se ha expresado en las calles desde el 21 de noviembre de 2019 para mandatar un futuro distinto, por lo que invito a los colombianos y colombianas a vencer el miedo. Hay que sepultar la vieja política de la compra de votos y el fraude que pretenden imponer de manera perenne el autoritarismo, la violencia y la pobreza en nuestro país.

El futuro es ahora: apostemos por la paz. En tiempos en los que han estallado conflictos que pueden tener una escala global, debemos abogar por el respeto de la palabra empeñada, por la honra de los pactos y por la paz. En otras latitudes se libra una guerra que creemos que no nos toca, pero que es definitiva para el porvenir global. Los gobernantes que se elegirán no nos pueden llevar por la deriva guerrerista, dependiente y subordinada a intereses imperiales que vulnera nuestra soberanía nacional y ponen en riesgo la paz de la región latinoamericana.

Los cambios sociales y el cese de la violencia que necesita y anhela el país sólo son posibles si el próximo Congreso está decididamente comprometido con la implementación integral y efectiva del Acuerdo Final de Paz y con el logro de la PAZ COMPLETA. Debemos optar, impulsar y exigir esto de quienes salgan elegidos este domingo. Preparémonos para un cuatrienio lleno de movilización social, de luchas, de decisiones, y estas deben comenzar a tomarse el próximo domingo 13 de marzo. Votemos por la paz.  

 

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