¡El derecho a la ciudad no se decreta!

Por: Gabriel Becerra Yañes

El 2021 terminará, para Bogotá y los municipios que la circundan, con tres importantes instrumentos de planificación urbana impuestos desde el poder central que afectarán radicalmente la vida de sus habitantes, a saber: la Ley Orgánica de Región Metropolitana, el Estatuto Orgánico de Bogotá y el Plan de Ordenamiento Territorial de Bogotá que la Alcaldesa de Bogotá muy probablemente aprobará por decreto en las próximas horas. Estos tres instrumentos moldearán la ciudad en el mediano plazo y sus efectos se extenderán por muchas décadas con implicaciones negativas para las democracias locales, la Estructura Ecológica Principal y el bolsillo de la ciudadanía.

En el caso del POT de López, este ha estado rodeado por un fuerte debate ciudadano, de expertos y de varios concejales y concejalas que han evidenciado profundas falencias en los procesos de participación ciudadana, contenidos poco claros y/o contrarios a las medidas necesarias para la mitigación de la emergencia climática que amenaza gravemente a la ciudad y la falta de apuestas estructurales para la solución de las problemáticas sociales más apremiantes de la ciudad. El POT que ha sido discutido en el Concejo de Bogotá, y que la administración distrital pretende decretar, solo logró recoger los intereses de los grandes grupos inmobiliarios, constructores y especuladores financieros que proyectan en la ciudad una gran oportunidad de negocio. Decretar el POT no solo es un incumplimiento a las promesas de la alcaldesa en campaña, sino que significa una afrenta con la democracia misma, pues las opiniones, sugerencias, aportes al articulado y objeciones ciudadanas no fueron tenidas en cuenta en ninguna parte del proceso.

A lo largo de los debates, con interminables dilaciones que servían para evadir las discusiones profundas que había en torno al POT, el proyecto que presentó la Alcaldía empezó a perder el favor de los cabildantes. Ahora que la “aplanadora” de López en el Concejo de Bogotá no rindió frutos para aprobar el POT, la alcaldesa asume con el cabildo la misma actitud que tuvo con los ciudadanos: el desprecio autoritario. Al suscribir el Plan de Ordenamiento Territorial por decreto, la alcaldesa estará obligada por ley a promulgarlo tal como lo presentó al Concejo, es decir, que no puede agregar ninguna modificación al texto original, so pena de incurrir en inconsistencias jurídicas que facilitarían la caída, por vía judicial, del POT decretado. Así pues, un POT decretado condena a la ciudad a la incertidumbre, pero sobre todo ofende su democracia.

Sin duda, Bogotá está en mora de construir un Plan de Ordenamiento Territorial que atienda a las necesidades y las proyecciones de la ciudad. Pero el ordenamiento territorial de la ciudad debe ser construido democráticamente con los hombres y mujeres que la habitan. Ordenar el territorio significa ordenar nuestro espacio común, el lugar donde vivimos y trabajamos. Ahí se pone en juego el modelo de ciudad que les interesa, les sirve y desean sus habitantes. Por eso, la Alcaldesa Claudia López debe escuchar a las organizaciones sociales; a los movimientos ambientales y de moradores históricos; a las veedurías ciudadanas y comunidades de distintos territorios de Bogotá; a las y los concejales que juiciosamente aportaron a la discusión de manera constante y argumentada, que hoy exigen el retiro del proyecto de acuerdo del Plan de Ordenamiento Territorial para que este sea ampliamente debatido con distintos sectores de la sociedad civil, durante el año 2022, con el objetivo de promulgar un POT democrático y debidamente concertado.

Claudia López todavía tiene en sus manos honrar su palabra con los y las bogotanas, honrar su cargo de elección popular frente a los principios democráticos que mandatan la construcción ciudadana incidente de estos instrumentos de planeación. El derecho a la ciudad no se puede decretar y mucho menos endosar a unos grupos minoritarios poderosos que pretenden seguir gobernando los destinos de la ciudadanía a su favor ¡Alcaldesa, escuche! La ciudadanía está presta para construir el POT que Bogotá necesita.

 

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