Se va el 2021 entre reactivación, pandemia y luchas

Por: Victoria Sandino, senadora de la República  y firmante del Acuerdo de Paz.

Arribamos al final del 2021después de un dolorosísimo 2020 de pandemia. Este año hubo que sortear la permanencia de la pandemia, la necesidad de la reactivación, los cinco años de la firma del Acuerdo Final de Paz sin cumplimiento integral, el estallido de la indignación manifiesta en el paro nacional, todo ello en medio de las disputas por el rumbo de nuestro país.

Este año el país debió enfrentar el duro reto de tratar de sortear una profunda crisis en el ámbito político, económico y social. Asistimos a la crisis de un modelo que se opone a la vida digna, pero que la clase dirigente defiende y pretende mantener intacto. No hay duda que el Acuerdo final de Paz firmado en el 2016 sienta las bases para abrir paso a un porvenir más alegre y en paz para las grandes mayorías sociales de nuestro país.

La insostenible situación de las familias colombianas empujó a la gente a la calle para rebuscarse el sustento diario en un mercado laboral dominado por la informalidad y la precariedad, ante la falta de mínimos de bienestar social que debe proveer un Estado a sus ciudadanos. El “Quédate en casa” quedó en el olvido por la falta de alimentos en el hogar y el pico más recio de la pandemia llegó sin que la vacunación lograra mitigarlo, entre las fallas del gobierno y la desigualdad de distribución de vacunas en el mundo. Afortunadamente hoy hemos avanzado y espero que sigamos haciéndolo en lograr una vacunación total.

La pobreza y la inequidad social desbordaron el descontento popular; en el 2021 acudimos al crecimiento y continuación del estallido social que había comenzado en noviembre de 2019. La alegre rebeldía de las y los jóvenes que sueñan con ganarse en las calles un mejor mañana contó con la tradicional respuesta represiva y violenta del Estado colombiano y sus cuerpos de policía que profesan la doctrina del enemigo contra todo aquel que se declare inconforme. Hoy como en el pasado, la fuerza pública se ensañó contra la resistencia legítima de las mayorías en las calles; con saña cercenaron ojos, golpearon y violaron a mujeres en la marcha, desaparecieron jóvenes y de forma descarada personal de civil disparaban contra la multitud movilizada ante la mirada impávida de la Policía Nacional. Ninguno de estos hechos pudo amilanar ni doblegar la dignidad y voluntad de lucha del pueblo colombiano movilizado.

El reciente informe de las Naciones Unidas confirmó que en septiembre de 2020 se perpetró una masacre policial contra jóvenes, este organismo multilateral de autoridad indiscutible para el Estado colombiano certifica la confirmación de la violación de los DDHH por parte de la fuerza pública, producto del autoritarismo y la doctrina contrainsurgencia que las cobija.

El 2021 también trajo desempleo y alza de los precios de la canasta básica que generan gran preocupación, máxime cuando la tendencia ha sido que cada vez menos hogares colombianos puedan comer tres veces al día. En medio de esta crisis, el aumento del 10,07 % del salario mínimo no es más que un clamor de la gente pobre de este país, es el resultado de las luchas sociales, recordemos que desde 2019 los y las trabajadoras colombianas pedían salario mínimo de un millón de pesos. Lamentablemente, es una victoria a medias: más del 60% de la población trabajadora se encuentra en la informalidad y en trabajos precarios, esto sin tener en cuenta el alto costo de los alimentos que traen del exterior; no se ha implementado el nuevo salario mínimo y ya se oyen voces que dicen que se afectará el empleo formal, así que debemos estar alerta por que bajo esta consigna se va a promover la agenda pendiente de reformas nefastas en contra de las clases trabajadoras por parte del gobierno.

Se va el 2021: la crisis económica y social, la pandemia, las luchas y la reactivación demarcan el escenario de unas elecciones históricas y determinantes. Unas elecciones que nos pueden llevar a cambiar el rumbo a darle una oportunidad verdadera a las grandes mayorías colombianas, o, que nos pueden precipitar al abismo y desechar una oportunidad histórica. Tenemos que ser inteligentes, democráticos, amplios y determinados. No nos dejemos obnubilar por el ritual electoral, por las ambiciones individuales y por las cuentas alegres. Esta oportunidad es posible porque hay un pueblo que le ha puesto el pecho y las ganas, que tiene puestas sus esperanzas en este proceso, porque firmamos un Acuerdo final de Paz que se constituye en una oportunidad. Los líderes/as, los partidos y organizaciones tenemos el deber moral, ético y político de estar a la altura de este momento histórico único.

En este 2021 se cumplieron cinco años de la firma del Acuerdo Final de Paz, su cumplimiento no será posible si el próximo gobierno no está decididamente comprometido con la implementación integral y efectiva del Acuerdo Final de Paz y con el logro de la paz completa. Pongo a disposición, no sólo en 2022 sino en lo que me queda de vida, toda mi capacidad de trabajo para que así sea.

Le deseo una Feliz Navidad a las familias colombianas pese a las dificultades que millones atraviesan. Espero que el nuevo año traiga paz, la esperanza y la posibilidad de construir un país donde no se pasen navidades con hambre. Felices fiestas ¡Salud y rebeldía!