Pambelé, una historia olvidada

Por: Victoria Sandino, senadora de la República  y firmante del Acuerdo de Paz.

Benkos Biohó nos enseñó a ser libres en la misma medida en que Antonio Cervantes ‘Kid Pambelé’ nos enseñó a ganar, nos enseñó a triunfarAlfonso Casiani – Historiador Etnoeducador de San Basilio de Palenque.

Estoy viendo a través de Señal Colombia, el momento en que “Peppermint” cae a la lona noqueado por Antonio Cervantes “Kid Pambelé” mientras el narrador, Napoleón Perea, emocionado grita varias veces “¡Kid Pambelé! ¡Campeón Mundial! ¡Kid Pambelé! ¡Campeón Mundial”.

“Kid Pambelé” bautizado así por su tío, Pablo Salgado, en honor de un boxeador nicaragüense, surge en medio de la nada. ¿Se les hace esta historia conocida? Es el común denominador de una gran cantidad de deportistas en nuestro país. Hijo del bello San Basilio de Palenque, nace pobre y es abandonado por su padre. Su familia se va para Cartagena y debe apoyar a su madre en la producción de pasteles para sostener su casa. Allí, en medio de la rudeza de Chambacú, la “zona caliente”, el “barrio de los negros” como se le conocía de forma despectiva por las élites blancas de esa ciudad, aprende a enfrentar la burla de los otros niños peleando.

Detuve un momento el video del combate de Pambelé y empecé a buscar más sobre la historia de vida del campeón, embriagándome de esa nostalgia macondiana que sólo proporciona un relato de infancia y juventud del Caribe colombiano. Un poco más grande se gana la vida como lustrabotas y vendedor de cigarrillos de contrabando. Duerme en las calles y tiene amigos que también sueñan ser boxeadores. Es descubierto por Nelson Aquiles Arrieta, un promotor del boxeo quien lo describe como “magro como una anguila y sólido como una roca”. Aquiles queda estupefacto ante los golpes de Pambelé y decide llamarlo “Amenaza negra”, entonces empieza su tumultuosa carrera.

Disputó 106 peleas, ganó 91 de ellas, obtuvo tres títulos mundiales defendiéndolos en muchas ocasiones con éxito.

Por un momento dejo de lado la lectura y vuelvo a mirar la pelea en blanco y negro de estos dos cuerpos magros y potentes. Devuelvo un poco en el momento en que “Pepermint” cae al suelo. Me emocioné como si estuviera sucediendo hoy, 49 años después de su victoria un 28 de octubre de 1972, y me vino a la memoria ya algo dispersa, cómo el título de Pambelé convulsionó a mi pueblo, Tierralta, Córdoba, y cómo en mi familia se habló de aquel suceso por largo tiempo como un gran orgullo costeño, sobre todo por parte de mi papá que siguió la pelea por radio y que se movía como si él estuviera viendo la pelea en vivio. Un poblado negro de la costa existió, así fuera por un breve momento, para el resto de Colombia.

Retomo mi lectura. Las ganancias que obtuvo Pambelé durante sus años de gloria se fueron en fiestas, la línea entre el pasado y el presente se desdibujó en su memoria. Apenas en 1999, es reconocido por el periódico El Tiempo como el mejor deportista colombiano del siglo XX. Luchando con múltiples dolencias, a sus 76 años, Cervantes se encuentra en la pobreza, olvidado y lejos de sus mejores días.

Termino la lectura y empiezo a reflexionar acerca de cómo la vida de muchas y muchos de nuestros deportistas parece seguir el mismo hilo trágico. Abandonados por el Estado colombiano y sus élites racistas, centralistas y corruptas, poco después de que estos jóvenes consiguen triunfos para nuestro país regresan a las condiciones precarias de donde vinieron. Ser deportista, traer triunfos a Colombia, a veces se acerca más a una maldición.

Hace poco visité San Basilio de Palenque y sus pobladores me contaron que Pambelé sigue siendo un símbolo de su historia como pueblo en resistencia, y le quieren rescatar del olvido. La Corporación de Campesinos de Palenque “Tiembo Ri Pa” me ha concedido el honor de ser una de las voceras para enaltecer el nombre de Cervantes, buscando hacer incidencia en el proyecto “Celebración del día nacional del boxeador en homenaje a los 49 años de gloria de Antonio Cervantes Reyes – Kid Pambele” en el marco de la iniciativa más amplia de las y los palenqueros de que San Basilio pueda convertirse en un Municipio Especial.

¡Por supuesto que asumo esta tarea! Buscaré que en el Congreso de la República el nombre de Pambelé sea honrado, tanto o más que otros personajes a los que les ha condecorado, muchas veces sin mayores méritos. Pambelé realmente hizo grandes hazañas para un país que no aprecia como es debido a sus deportistas. Hombres y mujeres así, surgidos a pesar de estos gobiernos, de este abandono, de esta injusticia, deberían ser celebrados en el capitolio del Congreso todos los días, deberían ser honrados con buenos gobiernos que tienen políticas serias para incentivar y garantizar la vida y la protección social de las y los deportistas una vez terminan su carrera, deberían ser resguardados por quienes les representan en estas instituciones.

 

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