Los Héroes: paradojas de un monumento a la Independencia

Por: Carlos Fino. Ganador del Premio Literario Casa de las Américas 2014. Literato. Magister en Historia del Arte y la Arquitectura. Estudiante de Doctorado. Universidad Nacional de Colombia.

Inició la demolición del monumento de Los Héroes ubicado en la intersección de la Calle 80 con Avenida Caracas en Bogotá. Los Héroes tuvieron especial significado durante las protestas contra el mandato de Iván Duque. Su demolición anticipada, con la excusa de que por allí pasará el Metro de Bogotá —el cual no ha iniciado su construcción pero que si ha servido para demoler y expropiar— busca negarle un lugar a la protesta social que con fuerza tuvo un enclave en este lugar. Ante tal efeméride vale la pena recordar las intenciones originales del monumento.

En pleno auge del Fascismo, entre los años 30 al 40, Gustavo Santos Montejo forjó amistad en Italia con Angiolo Mazzoni, quien se desempeñaba como funcionario del Ministerio de Trasporte y como uno de los arquitectos de gabinete de Benito Mussolini. Acabada la guerra, Mazzoni es recibido por el presidente Eduardo Santos Montejo —hermano de Gustavo— el 4 de marzo de 1948, y rápidamente nombrado director del Ministerio de Obras Públicas y docente de la Universidad Nacional de Colombia. Mazzoni publicó el Manifesto futurista dell’architettura aérea, en la que se adhirió públicamente al Futurismo, ya teorizado por Marinetti desde 1908. El Futurismo se caracterizó por su agresividad y violencia, queriendo la innovación mecánica y objetual a toda costa. El tercer punto del Manifiesto sostiene: “No hay belleza sino en la lucha. Ninguna obra de arte sin carácter agresivo puede ser considerada una obra maestra. La pintura ha de ser concebida como un asalto violento contra las fuerzas desconocidas, para reducirlas a postrarse delante del hombre”. Con la presidencia de Laureano Gómez se dio la oportunidad de diseñar abiertamente arquitectura fascista en Bogotá. Laureano, promotor de la Violencia en Colombia, anticomunista, buscó exaltar el Nacionalismo, discurso que le justificaba la estigmatización de las guerrillas liberales colombianas a las que las trató literalmente de plaga la cual era preciso fumigar. Su discurso eugenésico e higienista no fue muy diferente del de Mussolini. Mazzoni diseñó un monumento magnificente, apabullante y de líneas claras: un edificio de paredes lisas, al mejor estilo futurista el cual estuvo pensado para verse desde el automóvil, para hacer sentir pequeño al visitante. En él la heroicidad prima sobre la historia, la gesta sobre la reflexión. El monumento a Los Héroes fue malintencionado no sólo por la violencia epistémica o permitirnos que contaran nuestra historia desde los baremos europeos, sino que esta imagen nacionalista justificó la Violencia y el intervencionismo colombiano en Corea. Este lugar fue un hito de la ultraderecha colombiana que quiso ver en la Independencia una gesta nacionalista y no una emancipación continental. Quiere mostrar a Bolívar como un emperador romano y no como un criollo ultramarino. Hoy un gesto más violento que el futurista, un metro elevado, la promesa de progreso de Claudia López, derriba el monumento fascista, ejerciendo la violencia de estado sobre la prueba pública de la presencia del fascismo institucional en Bogotá. No deja de ser paradójico que el Fascismo construya el monumento a la Independencia, pero resulta irónico que el pseudo–progreso, el Metro, sea quien derribe el monumento que se construyó para la posteridad llevando a ulteridad la premisa futurista: la gentrificación.

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