A propósito de la situación en Cuba

Por: Jaime Gómez, analista internacional y vocero en asuntos de política internacional del partido “Iniciativa Feminista” de Suecia. 

Una vez más, la situación de Cuba es tema de los grandes medios de comunicación. Esta vez se trata del país del Caribe donde recientemente han tenido lugar algunas manifestaciones. Lo que llama la atención es que la gran mayoría de las noticias solo se centra en las manifestaciones contra el gobierno y no incluye las manifestaciones masivas en apoyo al gobierno de la isla.

He visto varias transmisiones de televisión en las que cubanxs residentes en Miami protestaron contra el gobierno cubano y varios de ellxs pedian al gobierno de Estados Unidos una intervención militar en la isla. Niegan o pretenden olvidar, las devastadoras consecuencias de las numerosas y a menudo ilegales intervenciones militares de Estados Unidos en diversas partes del mundo que, en nombre de la libertad y una supuesta democracia, han profundizado los problemas que decían resolver. Basta con mirar, por ejemplo, los casos de Vietnam, Panamá, Irak o más recientemente Afganistán.

Eduardo Galeano, el formidable escritor uruguayo, nos recordaba las palabras de Carlos Fonseca, fundador del Frente Sandinista de Liberación Nacional, cuando dijo que a lxs amigxs se les critica en la cara y se les elogia a sus espaldas. Por ello, se pueden hacer críticas sinceras y constructivas al proceso que restauró la dignidad cubana, como dicen lxs propixs cubanxs, cuando anteriormente habían sido pisoteados por el gobierno de Estados Unidos y sus grandes conglomerados económicos.

Como en todos los procesos que intentan implementar cambios estructurales, se cometen muchos errores. Algunas cosas, como la existencia de un solo partido político o la posición oficial contra el movimiento LGBTQI, no las comparto. Los derechos humanos deben ser respetados en cualquier parte del mundo, pero no se puede pretender hacer una crítica seria, sin incluir el gran tema del bloqueo, por demás ilegal, que desde hace más de sesenta años ha sido auspiciado y promovido por los distintos gobiernos de Estados Unidos, tanto demócratas como republicanos, que ha causado dificultades mayúsculas al pueblo cubano. Un bloqueo que recientemente fue nuevamente condenado por más de 180 países del mundo en una votación de la ONU en donde solo dos países votaron en contra: Estados Unidos e Israel y en donde Colombia se abstuvo de votar, hechos que no sorprendieron a nadie, ya que es conocido el talante autoritario de estos gobiernos.

Ningún país del mundo ha impuesto un bloqueo tan fuerte y largo en el tiempo a otro país, como lo ha hecho Estados Unidos contra Cuba, para luego criticar al país bloqueado por no tener una economía lo suficientemente fuerte, como para satisfacer las necesidades de sus habitantes. ¿Dónde están las voces que, así como critican las indudables debilidades del proceso cubano, también reclamen el fin del bloqueo a Cuba? Criticar y afirmar que se está a favor de la libertad, la democracia y del lado del pueblo cubano, sin exigir el fin del bloqueo y reconocer sus grandes y negativas consecuencias, es una hipocresía de grandes proporciones.

Pese a los errores del proceso y pese al bloqueo y al aislamiento de la isla, son los cubanos quienes brindan su solidaridad cuando un país se ve afectado por un desastre natural o como recientemente, cuando el avance de la pandemia parecía imparable, enviaron médicos y personal de salud a la Unión Europea para ayudar a combatir la pandemia. A pesar del bloqueo, tienen el mejor sistema de salud y, según la UNESCO, el mejor sistema educativo de toda América Latina. Con la poca infraestructura propia de una economía bloqueada, pudieron desarrollar una de las vacunas más efectivas contra el covid-19, sin mencionar sus logros en otros campos de la ciencia o en el deporte. Además, la mortalidad infantil es la más baja de todo el continente americano a nivel de Canadá y mejor que la de Estados Unidos. Ningún(a) niñx cubanx se acuesta con hambre y hay 0% de desnutrición, que es un problema que vemos en muchos de los países de ingresos altos, en donde la pobreza infantil está aumentando como es el caso de Suecia, de acuerdo con un reporte de la Unión Europea.

Si miramos el tema del medio ambiente, vemos que Cuba es el único país del mundo ecológicamente sostenible a largo plazo según organizaciones como Global Footprint Network y el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF). Hasta donde tengo información, nunca he visto grandes manifestaciones o el deseo de una intervención militar contra aquellos países que no logran las metas que Cuba ha logrado. Esto muestra claramente que la crítica debería enfocarse sobre cómo se puede mejorar el proyecto iniciado, no cómo debe ser demolido o deslegitimado.

La visión de democracia arraigada en gran parte del planeta no responde a una visión verdaderamente incluyente y en algunos casos es violatorio de derechos fundamentales de los sectores excluidos de la sociedad. La democracia no debería reducirse solo a la constatación de la existencia de partidos políticos ni al mero hecho mecánico de votar en elecciones cada cierto tiempo. Es una visión en extremo limitada. No revitaliza los procesos democráticos, solo lo convierte en una cuestión de “participación” a través de la introducción de un voto en una urna, sin posibilidad de trabajar activamente en el control político de los que han sido electos o en la veeduría al uso de fondos públicos para solo citar dos ejemplos. Tampoco incluye la visibilización de los mecanismos usados por el neoliberalismo y las consecuencias de carácter antidemocrático de la implementación de esa política económica, del patriarcado o del colonialismo.

Colombia es un buen ejemplo de lo que menciono. El sistema político se ha constituido en una verdadera dictadura de los partidos que encarnan los intereses de la narco-oligarquia gobernante. Cada cuatro años hay elecciones presidenciales, regionales y municipales. Sin embargo, es uno de los regímenes más antidemocráticos del mundo con una extensa historia de violaciones a los derechos humanos y que es, en ciertos casos, tan cruel y en otros muchos, peor que una dictadura militar. Basta con mirar la lista de desaparecidos que se cuentan por miles, los asesinados por parte de las fuerzas armadas que se constituyen en crímenes de estado, la persecución a los opositores políticos, los asesinatos a líderes y lideresas sociales, etc. Ante ello, se hace necesario prestar más atención a quienes, históricamente, pero también hoy en día, han tenido el privilegio y el poder de definir los conceptos, a saber, el Norte global. No es casualidad que el concepto de democracia se reduzca y se limite a algo que beneficia al actual sistema de poder que defiende una visión patriarcal, colonialista y capitalista de la sociedad.

Los avances en el campo de la justicia social en Cuba también explican por qué la mayoría de la población se movilizó para apoyar el proceso que comenzó en 1959. Es importante asegurar que este proceso continúe siendo manejado, discutido y mejorado por el pueblo cubano. Ninguna intervención extranjera es legítima, y ​​mucho menos una de carácter militar. El camino del consenso en Cuba pasa por el levantamiento del bloqueo ilegal y porque el pueblo cubano encuentre sus propios mecanismos para ampliar el diálogo y la participación política para que las protestas pacíficas tengan el lugar natural que se merece y que vitaliza la sociedad.

Si algo podemos aprender de la revolución en Cuba es que no basta con ser antiimperialista y anticapitalista. Es un comienzo, pero también se requiere ser feminista e interseccional. Y para un cambio radical que asuma lo estructural, que no maquille ni se adapte de ninguna manera a las estructuras de poder imperantes, sino que tenga como punto de partida bases completamente diferentes y donde se respeten todas las formas de vida, debe ser decolonial.

 

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