Cerro Seco: entre la avaricia de la extracción minera y la defensa comunitaria

Por: Heidy Sánchez Barreto

Bogotá es una ciudad de contrastes, no solo con relación a su diversidad cultural, económica y social, sino que concentra una multiplicidad de ecosistemas únicos que permiten la satisfacción de sus necesidades. De allí que, dentro de su ordenamiento territorial, se haya contemplado la delimitación, configuración y creación de parques ecológicos distritales con el objetivo de preservar, conservar y restaurar las funcionalidades ambientales de territorios específicos en la ciudad, los cuales, por su importancia natural, deben poseer una figura específica de protección ambiental.

Este es el caso del Parque Ecológico Distrital de Montaña Cerro Seco, el cual, según la Secretaría Distrital de Ambiente (2011), a pesar de caracterizarse por presentar índices bajos de diversidad y abundancia, posee condiciones particulares de su paleoecología que le brindan un alto grado de endemismo y especiación, elementos que lo hacen considerar estratégico al contener especies vegetales con alto potencial para la captura de gases contaminantes y para la adaptación al cambio climático (Sáenz, 2018, pág. 22). Este parque ecológico, no solo es reconocido por su importancia desde el ámbito ambiental, sino que, además, en él se encuentran elementos ancestrales de alto valor espiritual y tradicional, los cuales se han convertido en símbolos de identidad y representatividad de la comunidad capitalina; tales como el Cerro de las Tres Cruces y el Palo del Ahorcado, que se ha llegado a considerar como el tercer lugar de peregrinación (en Semana Santa) más grande en la capital.

Este parque, que ha tenido una apropiación histórica por parte de la comunidad que cohabita con dicho ecosistema, fue reconocido por medio de la resolución 01197 de 2013[1] de la administración distrital como un ecosistema de importancia estratégica para la ciudad, declarando 148,14 hectáreas de área protegida; lo que implicó una intervención por parte del Distrito en cabeza de la Secretaría Distrital de Ambiente para su restauración y preservación.

Esta declaratoria prohibía actividades antrópicas que afectaran el desarrollo natural del ecosistema, tales como la minería, la expansión urbana mediante edificaciones, endurecimiento, vías, entre otras. No obstante, la presión del interés minero y su permisividad durante la administración de Enrique Peñalosa conllevaron a que mediante Resolución 520 de 2017, la Secretaría de Ambiente retirara el carácter de reserva al cerro, aduciendo razones técnicas y jurídicas, permitiendo que compañías como la Minera Lasacan S.A. continuaran con sus actividades extractivas que se podrían extender incluso hasta 2030, generando pasivos ambientales irreparables y con serias dudas en el cumplimiento de las licencias ambientales que permiten dicha actividad en la zona.

Una huelga de hambre y un plantón frente al tribunal administrativo de Cundinamarca caracterizó la forma de protestar de la comunidad que defiende este ecosistema. Para los días 28, 29 y 30 de julio del presente año, la magistrada Nelly Villamizar se iba a sentar con las mineras para decidir la continuación de la explotación, sin embargo, esta audiencia fue aplazada. A propósito, vale la pena recordar que esta polémica magistrada ha emitido fallos y pronunciamientos que atentan contra los ecosistemas naturales de Bogotá, tales como el permiso para intervenir la reserva Thomas Van Der Hammen o la continuación del funcionamiento del relleno Doña Juana.

Las comunidades exigen ser escuchadas y vinculadas al proceso, para evitar que se reabra la posibilidad de la extracción de materiales en otras zonas de Cerro Seco, lo cual arrebataría aproximadamente 80 hectáreas del ecosistema y destruiría definitivamente la zona de anidamiento de especies como la alondra cornuda y otras más que están en peligro de extinción.

Bogotá se debate en el nuevo Plan de Ordenamiento Territorial (POT), y allí será la oportunidad para declarar definitivamente este parque ecológico como zona de protección ambiental. En ese sentido, hay que señalar que esto es una promesa de campaña de la actual alcaldesa y que está contemplado en el Plan de Desarrollo aprobado para su mandato. Pero ojo, es importante estar alerta, ya que de acuerdo con los documentos borrador del POT, esta zona (lo que conocemos actualmente como Parque Ecológico Cerro Seco) tendría diferentes categorías de ordenamiento que no son exclusivas de protección, como lo son el Parque de Borde o Parque Estructurante, que permiten la intervención antrópica en construcción de equipamientos, vías y obras duras. El debate para la defensa de este ecosistema está abierto, y desde ya, anunciamos la disputa por la declaratoria desde el POT del parque ecológico Distrital de montaña Cerro Seco como un patrimonio cultural, social y ambiental de Bogotá que debe ser reconocido, defendido y preservado por su valor para todas y todos.

  1. «Por la cual se adoptan medidas de protección de un ecosistema, se efectúa su delimitación dentro del perímetro urbano de Bogotá, D.C. y se toman otras determinaciones».

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