Ya estás tejiendo la red, como en aquella mañana…

Por: Germán Navas Talero y Pablo Ceballos Navas

Un crimen de Estado es un crimen contra el Estado.

El hombre araña no es aquel que se imaginan los niños, como Spiderman, que se lanza desde una torre y gracias a su tela de araña logra rescatar a la inocente víctima y evitar el delito, no. El hombre araña es esa persona que, como dice la canción mexicana, “ya está tejiendo la red” para embaucar a algún semejante. Un ejemplo fácil de un hombre araña sería Néstor Humberto Martínez, que todo lo enredaba y a quien volaba a su alrededor terminaba guardándolo al interior de su telaraña. No le chupaba la sangre, como hacen las arañas de ocho patas, sino que le envolvía su dignidad, se la arrastraba por el piso y le armaba procesos sin los fundamentos de ley, como lo hizo con Jesús Santrich y con sus dos amigos, padre e hijo –los Pizano–, que terminaron en la otra vida porque sabían mucho de lo que pasaba en esta.

Cambiando de tema, ¿qué les parece el enredo que tenemos con las tres líneas de metro que solo la alcaldesa ve? La semana pasada tuvimos oportunidad de conocer una ciudad que entre sus múltiples atributos cuenta con un completo sistema de transporte público para sus tres millones de habitantes: tiene tres líneas de metro, tranvías, trolebuses, trenes y un excelente servicio de taxis, Uber y similares. Como fanáticos de los trenes que somos, usamos el metro subterráneo. El precio es irrisorio, un tiquete sin distinción de hora o destino vale 80 centavos de rublo, que al cambio vienen a ser 1.200 pesos colombianos. Obvio que el transporte público funciona en Minsk porque no tienen que soportar los intereses económicos de ex-alcaldes ni la terquedad de algunos gobernantes. En nuestro recorrido por una línea que atraviesa el centro de la ciudad durante la hora pico, ambos conseguimos asiento. Según nos dijeron algunos residentes de la ciudad, el sistema es 100% público y la reinversión es evidente: por las calles transita una moderna flota de tranvías y buses eléctricos.

Pero esta ciudad no solo es buen transporte público. A una hora del centro, en la municipalidad de Zhodino se sitúa la sede central de BelAZ, una empresa pública de manufactura, ensamblaje y desarrollo de vehículos para la explotación minera. Esta compañía ostenta el récord de producir el camión más grande del mundo, que actualmente opera en una mina en Rusia. En esta fábrica –una de seis en el país– se exponen varios de los camiones que producen. Mientras caminábamos alrededor de estos nos sentíamos como los enanos en el mundo de Gulliver. Durante la visita a las instalaciones nos acompañaron dos personas de enorme amabilidad, Vasili y María. Nos contaron que allí trabajan alrededor de 13.000 personas y que en el pueblo donde se asienta la fábrica –con una población de más de 60.000 habitantes– suele decirse que no hay familia que no tenga relación con BelAZ. Fue impresionante conocer también los adelantos que hay en materia de dispositivos médicos y de seguridad humana de la firma Adani, que opera en esa misma localidad y que, a quienes somos poco entendidos en el tema, nos dejaron gratamente sorprendidos.

Ciudades como Minsk son en las que uno quisiera vivir. Sus residentes trabajan –y mucho– pero también descansan; los parques no son espacios para los caprichos de sus gobernantes sino lugares de recarga, descanso y recreación. Los niños andan solos por la calle, los conductores manejan con libertad, las parejas caminan cogidas de la mano por los amplios andenes. Si tienen la oportunidad de viajar al centro de Europa les recomendamos que visiten Minsk y, si el tiempo les alcanza, atrévanse a recorrer los parajes boscosos a las afueras de la ciudad.

Una muestra de humanidad recibimos en nuestro tercer día en Minsk. Durante la conexión en Estambul, Germán se cayó y una pata de sus gafas se dobló, haciendo imposible usarlas. El primer día hábil después de nuestra llegada a la capital bielorrusa acudimos a una óptica, donde Pablo le explicó a la dependienta lo que había ocurrido. La señora tomó las gafas y nos pidió que esperáramos 10 minutos. Antes de que se cumpliera el tiempo señalado salió de la trastienda y nos entregó la montura reparada y con un soporte adicional para que no se fuese a soltar de nuevo. Pablo le preguntó que cuánto le debíamos, a lo cual ella respondió con un ademán en señal de “nada”. Nosotros no podíamos aceptar que no nos cobrara, por lo cual Pablo le entregó un billete de 20 rublos (8 dólares) que ella en principio rechazó. Viendo nuestra insistencia lo recibió y nos regresó 10 rublos, frente a lo cual Pablo le dijo que conservara todo. Una persona que estaba al lado de la vendedora y que veía la escena se acercó y nos dijo –en español– “es mucho”. Tomamos el cambio, les agradecimos a ambas y salimos de la óptica. Días después, concluimos que, aunque nosotros somos escépticos de aquella frase que reza “en tal lugar la gente es buena”, los bielorrusos son especiales.

Durante nuestro viaje varias personas nos preguntaron por el magnicidio del presidente de Haití y la presencia de militares colombianos en el evento; tanta vergüenza nos dio que no nos quedó otra alternativa que hacernos los pendejos, lo mismo que está haciendo Duque cuando le preguntan qué hacían sus militares recién retirados agitando el avispero en un país ajeno y asesinando jefes de Estado. Hasta ahora no hemos visto ni escuchado explicación convincente del presidente mandadero, del minDefensa Diego Molano, o de quien funge como Fiscal General y que, al parecer, le ayudó a unos periodistas escandalosos a esclarecer en 24 horas el delito que aún los gringos no tienen claro. Estamos pidiendo con urgencia una cita con las autoridades de EE.UU. para endosarles a estos periodistas “investigativos” y a nuestro “investigador” general. Con estos sabuesos no habría crimen en el mundo que se quedara en la oscuridad.

Estamos esperando unas sabias y contundentes declaraciones de nuestra ministra de relaciones exteriores para que ella nos diga si los tentáculos de las arañas con los que comienza este escrito ayudaron a enredar lo que estaba desenredado. Nosotros ya hemos puesto de oficio una denuncia en la oficina de la Pantera Rosa para que ésta y el inspector Clouseau le ayuden a Duque a salir del enredo que le organizó Spiderman.

Adenda: Y apareció el video de Duque con otro ‘polémico’ empresario de quien dijo no conocer. Alfred Santamaría –según dicen– es socio de Tony Intriago, reclutador de los mercenarios en Haití. Si hoy fuese 28 de diciembre diríamos… ¡Páselas por inocente!

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