El fallo del Tribunal Permanente de los Pueblos condena a Estado colombiano por Genocidio Político. ¡Se debe convertir en una herramienta de lucha!

Por: Victoria Sandino, senadora de la República  y firmante del Acuerdo de Paz

Como colombiana, como luchadora social, como mujer exguerrillera y firmante del Acuerdo de Paz celebro el fallo del Tribunal Permanente de los Pueblos y su decisión de condenar al Estado colombiano por el genocidio político que ha cometido contra cualquier expresión de inconformismo social y contra cualquier posibilidad de alcanzar la paz.

Como lo expuse ante el Tribunal Permanente de los Pueblos, el régimen político y el Estado colombiano se han caracterizado por el autoritarismo, el anticomunismo y la aplicación de la doctrina contrainsurgente. Este carácter antidemocrático se muestra en un país con profundas desigualdades políticas, sociales y económicas que han llevado al pueblo colombiano al límite, expresándose en un potente estallido social que inunda las calles de nuestro país desde el 28 de abril.

Hemos vivido un escenario de lucha y rebeldía social en donde jóvenes, campesinos, pueblos étnicos, mujeres claman por condiciones de vida digna, por oportunidades para el futuro, por un país en paz donde quepamos todos y todas.

Lamentablemente este torrente social fue respondido, como lo ha sido históricamente, con todo el rigor y la violencia de aparato represivo del Estado colombiano que se ensañó contra la juventud cobrando la vida de al menos 64 manifestantes, 70 lesiones oculares, 215 personas impactadas con arma de fuego y 28 víctimas de violencia sexual, según las organizaciones defensoras de Derechos Humanos. A diario, los desaparecidos se cuentan por cientos. Hasta el 15 de junio no se habían encontrado 93 personas.

Este pueblo ha sufrido por largos años todos estos vejámenes y ha decidido levantarse en contra de la opresión. Debemos persistir en la lucha para alcanzar las transformaciones soñadas a favor de las amplias mayorías. El fallo que profirió el 17 de junio de 2021 el Tribunal Permanente de los Pueblos sobre el genocidio político en nuestro país, es una poderosa herramienta para demostrar, reivindicar, defender y potenciar la justa lucha del pueblo colombiano.

Es de gran importancia que este Tribunal de la razón a lo que por décadas diversas organizaciones y líderes/as sociales, políticas, comunitarias y defensoras de Derechos Humanos tanto nacionales como internacionales hemos denunciado: en Colombia el Estado ejecuta un genocidio político. Es un genocidio en contra de todo aquello que se aprecie como diferente, como inconforme, como subversivo, según la doctrina del enemigo.

La ratificación de esta denuncia por parte de una instancia como el Tribunal Permanente de los Pueblos nos llena de argumentos y de fuerzas para seguir no sólo denunciando sino trabajando por el desmonte de la doctrina contrainsurgente, del autoritarismo y la violencia que caracterizan al Estado colombiano. Por la superación definitiva del orden de corte fascista impuesto a la sociedad colombiana.

La investigación y las categorías jurídicas aplicadas por el Tribunal Permanente de los Pueblos en el caso del genocidio continuado que tiene lugar en nuestro país son también un aporte al trabajo del Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición, así como a los demás órganos de justicia transicional existentes y aquellos que puedan crearse en el futuro. La paz en Colombia es una tarea incompleta no sólo por los incumplimientos al Acuerdo Final por parte del gobierno, la crisis de la implementación y la terrible situación de Derechos Humanos de los y las exguerrilleros/as en proceso de reincorporación, sino porque debe ser una paz completa.

Este fallo entonces se constituye en una herramienta para la acción y para la transformación. Nos ayuda a desplegar acciones en lo inmediato de la lucha: instar al Estado colombiano al cese inmediato del accionar genocida, a la reparación de las víctimas y al desmonte de la doctrina del enemigo, elementos que deben estar en cualquier programa de nuevo país. Un programa de país verdaderamente democrático y justo se nutre también de la agenda de reformas sociales y del potencial transformador contenido en el Acuerdo Final de Paz.

A los miles y miles de jóvenes, mujeres, pueblos étnicos, campesinos/as, desempleados/as que se han movilizado, un mensaje: ¡No perdamos nunca la esperanza, persistamos y organicemos nuestra lucha! ¡La hora del pueblo ha llegado, la hora de la política de y para la gente! ¡El futuro nos pertenece!

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