¿Del lado de las víctimas o de los victimarios?

Por: Alexromagíster en Literatura, caricaturista de Cuarto de Hora y activista político. 

Buenos Aires, Argentina

Por estos días, un civil armado disparó como loco a manifestantes en Cali y algunos medios lo entrevistaron. Una camioneta Porsche atropelló a una joven en Bogotá y estos mismos medios le abrieron micrófono al dueño del vehículo. El primero justificó la intolerancia, afirmando ser “gente de bien” y el segundo con el argumento de que quien manejaba era su padre y tenía prisa para llegar a una cita médica. Ambos concluyeron que están cansados del paro y los bloqueos y todos tranquilos. Las víctimas no importan, siguen silenciadas por ser pobres, por ser de los muchos que no tienen nada y no ser de esos pocos que lo tienen todo.

La manera en que estos medios de comunicación abordan estas noticias, principalmente las  que tienen que ver con las movilizaciones, deja ver no sólo sus relaciones con el poder sino el ataque sistemático contra los manifestantes, un ejercicio que termina por aprobar la violencia contra quien se oponga al gobierno. De este modo, manifestarse está mal, pero disparar está bien. Quien se exprese musicalmente en una marcha es detenido y golpeado por la autoridad, pero quien atente contra la vida de los jóvenes que marchan es premiado con entrevistas y con impunidad. Para comprobar lo que estoy diciendo, bastaría con hacer un ejercicio de recopilación al menos de las noticias de las últimas semanas.

No quiero hablar de buenos y malos, porque todos somos ambas cosas a la vez y lo que es bueno para unos, podría no serlo para otros. Hablemos de víctimas y victimarios, porque como en los grandes estallidos sociales de la Historia, hay que tomar partido, elegir de qué lado estar, en este caso:  del lado de un pueblo que clama porque sus necesidades seas atendidas o del lado de un gobierno indiferente y opresor.

Los medios afines al uribismo insisten en alimentar un a narrativa que protege a los victimarios, que resalta a los delincuentes, siguen un libreto que consiste en favorecer a quienes detentan el poder y desprestigiar a quienes reclaman condiciones de vida más dignas. Carentes de ética profesional parecen haber perdido la vergüenza, deteriorando no sólo el oficio periodístico sino aún más el tejido social. Por eso, no es para nada extraño que un estudiante le diga a su profesor que no quiere estudiar porque su sueño es convertirse en un “duro”, como me pasó cuando trabajaba como docente en la Comuna Villa Santa de la ciudad de Pereira.

Ya que dicho periodismo no realiza un trabajo crítico, nos corresponde a nosotros hacer una lectura crítica de su ejercicio, dudar, desmantelarlos con precaución, porque parafraseando a Malcolm X: terminarán por hacernos amar al opresor y odiar al oprimido.

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