Se paró bien en alto el paro

Se paró bien en alto el paro

Por: Germán Navas Talero y Pablo Ceballos Navas

“El que tenga miedo de morir que no nazca”

Frase de una estudiante en las manifestaciones del paro nacional.

Semana de marchas y contramarchas. Después de cinco días de protestas, el gobierno retiró la reforma tributaria y se comprometió a alcanzar un consenso antes de presentar una nueva reforma fiscal. Aunque somos escépticos de la voluntad del gobierno, creemos que debemos hacer un alto en el camino y reconocer que esto fue una victoria de los ciudadanos que se movilizaron y que es uno de los triunfos más importantes que se han alcanzado por medio de la protesta. Este logro es del pueblo, de los estudiantes, de los trabajadores, de los sindicatos, de los indígenas y de los afro en las comunas de Cali y en el puerto de Buenaventura, quienes se mantuvieron implacables en las calles. ¡Ganaron!

Apareció la lámpara de Aladino, su genio ha inspirado al alto gobierno, no hubo necesidad de rasparla, el mismo demonio que organizó el enredo presenta ahora la solución. Haremos una reforma tributaria en consenso, ¿pero con quién? ¿Satanás y el ángel de la guarda? A veces Dios y el diablo tienen que entenderse, sobre todo para prenderle candela al infierno. No olvidemos que el infierno es el mejor instrumento que tiene Dios para mantener y extender su feligresía. Así como nadie quiere la reforma, nadie elige por voluntad propia el incendio. ¿Qué propone Duque? Un consenso entre el ministro Carrasquilla y el viceministro Londoño y a su vez ellos con el Centro Democrático, La U, más la asesoría espiritual del MIRA y el aplauso burocrático del conservadurismo. Para poner orden en el lío que ellos han armado han designado como coordinador al ministro de guerra. Las reuniones serán en la Casa de Nariño y allí, con una buena cantidad de insulina para evitar un coma diabético resultante del exceso de mermelada, se conseguirá el número de votos que Duque requiere para salirse con la suya, una reforma tributaria reencauchada e igual en el fondo. Apreciados lectores, no se hagan muchas ilusiones, al pueblo nunca le toca y menos en un gobierno de derechas, el consenso será con los mismos y con las mismas. Un consenso que no incluya a la oposición tendrá como resultado la misma reforma que causó las protestas.

Con Duque cabe perfectamente el adagio popular de que perro que ladra no muerde. Lleva ladrando tres años y no ha hecho nada, de rabieta en rabieta hasta la derrota final. El presidente estaba en una situación crítica: retiraba la reforma o ponía en riesgo la integridad de su gobierno. Se decidió por el camino rápido con la creencia de que amainaría el descontento popular, pero nosotros no lo vemos tan fácil, porque este paro excedió desde el primer día su motivación primigenia y con cada hecho de brutalidad policial, con cada reunión pacífica de manifestantes y conversación familiar fueron brotando nuevas razones y regresando algunas de las marchas pasadas. Solo el tiempo dirá si fue suficiente el retiro del proyecto de ley para apaciguar la movilización social.

Nos llamó la atención la reacción de algunos indígenas que en un acto de rebeldía y soberanía decidieron tumbar la estatua de Sebastián de Belalcázar en Cali. Los arribistas descendientes de españoles estaban furibundos por bajar del pedestal a este conquistador, genocida por demás que hizo barbaridades con los indígenas del Perú y del Ecuador y ni qué decir con los indígenas del sur del país. Analfabeta como cualquier bachiller congresista, a sangre y fuego Belalcázar dominó a los pobladores originales y a todo aquel que se opuso a seguir su voluntad le dio muerte inmisericorde. Razón de sobra tienen los indígenas del Cauca para no desear saber nada de ese bárbaro. A quienes defienden a Belalcázar les preguntamos: ¿creen ustedes que los israelitas permitirían que en su territorio se levantase una estatua a Hitler o a Eichmann o a cualquier otro de estos genocidas? La respuesta obvia es que no, no lo admitirían, entonces nuestros indígenas tampoco deben soportar las estatuas de quienes los humillaron, explotaron, borraron sus creencias e introdujeron dioses que no eran los suyos.

Lo que menos esperábamos en esa barrida de iconos era que el señor Gilberto Alzate Avendaño, mano derecha de Laureano Gómez, fascista de principios y de prácticas, rodara por el suelo en Manizales. Nos extrañó que esto pasara en esa ciudad por lo conservadora y religiosa que ha sido en el pasado, pero nos consuela saber que algunos de sus habitantes, particularmente jóvenes, están decididos a borrar esa tradición. Tampoco le fue bien a Nariño en Nariño, al prócer lo bajaron del pedestal para recordar que los pastusos –mestizos e indígenas– no querían al criollo por temor a que gobernara en favor de sus intereses particulares y a fe que no se equivocaron.

A estas alturas los indígenas del Cauca reclaman a los latifundistas Mosqueras, Velascos, Valencias, entre otros, que les devuelvan sus tierras. Sus clamores de un reparto equitativo de la tierra siempre se responden con el metal que tanto gustó a los españoles y que mantiene afición entre los gobernantes de nuestro tiempo: plomo. Basta mirar cuántos de los líderes sociales e indígenas asesinados habitan en estos territorios y cómo se ha recrudecido la violencia contra ellos con la llegada al poder de Iván Duque.

La minga, que como ya hemos dicho no es la hermana menor de “dominga” sino la expresión más contundente de los pueblos indígenas unidos al rescate de lo que es suyo, reclama su identidad; reivindica sus costumbres y se solidariza con la crisis económica y social que se sufre con especial intensidad en las ciudades. Y ya que de indígenas hablamos, fue espectacular el cabeza a cabeza entre el mandamás de Blu Radio y el gobernador misak Pedro Velasco, en el que se demostró cómo quien habla con razón domina a aquel que discute desde la sinrazón. El gobernador tiene credenciales milenarias para exigir respeto por su pueblo y hablar en su nombre, mientras que Néstor Morales solo tiene un título de periodista y buenos amigos en altos círculos de poder.

No podía faltar el ministro de defensa, que ya viene siendo administrador de bolillo y bala, quien con sus acostumbrados ademanes de dictadorzuelo nos recuerda a Ramfis Trujillo, dictador dominicano que empleaba la fuerza del Estado para aplacar las protestas del pueblo. Estamos haciendo una colecta con el objetivo de comprarle un traje del estilo de su autócrata favorito al señor Molano, para que su apariencia vaya en sintonía con sus acciones. Feliz debe estar con la orden que entre bambalinas dio el presidente “jefe supremo de las FF.AA.” –como dijo en la alocución– para que los militares apunten sus armas contra su propio pueblo. Esta decisión tiene precedente, recordemos que el Batallón Colombia fue el mismo que con rodilla en tierra apuntó en 1954 contra una marcha de estudiantes en la calle 13 con carrera Séptima dando muerte a más de una docena de muchachos.

Estamos esperando escuchar los aplausos que van a dar al presidente de la República sus mayorías en el Congreso y que sin ninguna vergüenza elogiaron a Holmes Trujillo cuando se adelantaba contra este un debate de moción de censura. Hace tan solo unos días, 30 de los 36 congresistas de la Comisión Primera rechazaron las movilizaciones contra la Tributaria, que fueron las que en últimas le dieron la victoria al paro. Por nuestra parte, sepan que cuentan con nuestra compañía y apoyo hoy y siempre.

Y la movilización no solo tumbó las estatuas aquí mencionadas, también lo hizo con las de Carrasquilla y Londoño. Nos queda faltando la de min-bolillo Molano.

Abajo el petimetre. Viva el pueblo valiente. Viva el Paro.

Adenda: debemos hacer un justo homenaje a Alejandro Gaviria por su acertado trino que publicó después del anuncio de Duque sobre la asistencia militar y que nos permitimos citar acá: “La militarización no es la salida. Nada soluciona. Traerá más muerte, destrucción y descontento.”

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