Las mujeres y el peso desigual de la crisis

Por: Victoria Sandino Simanca Herrera

Es innegable que la pandemia del Covid-19 ha precipitado las tendencias críticas del capitalismo. Nos ha permitido, una vez más, apreciar con crudeza las condiciones de un sistema profundamente desigual, violento, inhumano y patriarcal. Un modelo depredador que se reproduce sobre la explotación de las mayorías precarizadas, desempleadas y excluidas, donde la mayor carga de trabajo pesa sobre los hombros de las mujeres aunque este no sea reconocido ni pagado. Razón por la cual, somos las mujeres las más afectadas por la crisis y quienes tendremos que asumir la mayor parte de las pérdidas.

 

En una reciente entrevista del New York Times, Silvia Federeci, académica feminista, afirmó que “expertos en políticas públicas y economistas han señalado en los últimos años que es una locura excluir al trabajo doméstico de medidas económicas como el PIB”. Un informe de Oxfam (2020) muestra que si las mujeres de Estados Unidos percibieran, al menos, un salario mínimo por el trabajo que realizan en casa y el cuidado de familiares, ganarían 1,5 billones de dólares al año. Haciendo una escala a nivel mundial habrían sido 11 billones de dólares. Este dato no es menor, cuando se analiza que según la revista FORBES, para el 2020, 2.095 multimillonarios ganaron 8 billones de dólares. Es decir, apenas dos terceras partes de lo que producen las mujeres con su trabajo invisible en el cuidado de la humanidad.

 

La economista Marilyn Waring afirma que no se puede hacer una buena política económica en un país si el sector más grande de la economía no es visible. En otras palabras, no habrá una buena política económica hasta tanto no se tenga en cuenta el trabajo de cuidado que aportamos las mujeres a la sociedad.

 

En América Latina la situación es aún peor. El reciente informe de la CEPAL, La autonomía económica de las mujeres en la recuperación sostenible y con igualdad, solicita a los gobiernos de la región hacer políticas de recuperación económica para ayudar a las mujeres y reducir la brecha de desigualdad profundizada en la crisis: “Los sectores en riesgo alto concentran alrededor de un 56,9% del empleo de las mujeres y un 40,6% del empleo de los hombres en América Latina”. Entre los datos recogidos por la Cepal, en Colombia cuatro de cada diez trabajadoras domésticas se quedaron sin empleo y quienes lo conservaron vieron incrementadas sus tareas, horarios de trabajo y gastos, a causa de la adquisición de elementos de bioseguridad e higiene.

 

Las barreras que afrontan las mujeres para el acceso al mercado laboral, la formalización y la estabilidad, se agravan con la crisis. De acuerdo con los registros del DANE, durante el trimestre móvil de noviembre 2020 – enero 2021, las mujeres jóvenes en Colombia tuvieron apenas del 47,7% de participación en el trabajo, mientras que los hombres participaron del 63,7%. La tasa de ocupación para las mujeres se ubicó en 33,3% y para los hombres fue 53%. Según una encuesta realizada por la Escuela Nacional Sindical, cerca del 90% de las mujeres se encontraba en sus casas confinadas; sin embargo, alrededor del 50% no recibió salario.

 

La desigualdad entre el campo y la ciudad, también resulta más gravosa para las mujeres. Hoy en día, hay más de 5 millones de mujeres rurales, la mitad de la población que habitan estos territorios. Ellas dedican más del doble de horas de trabajo en labores del hogar sin remuneración, y perciben, según el último estudio elaborado por la Dirección de la Mujer Rural del Ministerio de Agricultura en el 2018, 200 mil pesos menos que los hombres al mes.

 

Estos datos ratifican que cualquier política de reactivación económica para salir de la crisis del Covid-19 pasa por el reconocimiento de las desigualdades de género y del trabajo invisibilizado que realizan las mujeres. En el modelo de gestión de la crisis donde se privatizan las ganancias y se socializan las pérdidas, las mujeres trabajadoras son las más empobrecidas, precarizadas y afectadas por la violencia del modelo capitalista y el patriarcado. Por ello, es preciso derrumbar la brecha laboral, es imperioso que las labores de cuidado sean redistribuidas así como reconocidas social y económicamente.

 

En lo inmediato, es indispensable que en la reactivación económica existan medidas diferenciales para dar mayores garantías de acceso a la formación y a la vinculación formal. Se deben adoptar medidas efectivas para garantizar ingreso vital monetario a las mujeres colombianas para su derecho a la existencia, lo cual impactará directamente el crecimiento de la economía del país.

 

Un futuro digno para la humanidad será antipatriarcal, antirracista y anticapitalista. Las mujeres somos el motor de ese futuro. Seguiremos haciendo historia.

 

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