Un popurrí

Por: Germán Navas Talero y Pablo Ceballos Navas

Hay oportunidades en que los pésimos escenarios acaban con excelentes actores.

La semana que terminó tuvo de todo en materia noticiosa y de escándalos: desde un concurso de belleza entre las diversas vacunas, pasando por si fueron 2.000 o 6.000 los crímenes de lesa humanidad cometidos por los militares contra jóvenes indefensos; como también si el señor Zapateiro ofendió a las víctimas de esos crímenes de Estado o si por el contrario quería ofender a sus ‘enemigos’. Hasta en materia musical nos cuentan que ‘pichonearon’ a Celia Cruz en una mentira, pues ella afirmaba que nunca había apoyado a Castro y sin embargo una de sus canciones aparecía con una dedicatoria a la Revolución, de manera que también en las cruces se decían mentiras.

Notará, estimado lector, que los temas a comentar esta semana son múltiples y versan sobre ámbitos disímiles, por lo cual debemos advertirle que esta columna presenta una estructura difusa, distinta a la que acostumbramos. Es un compendio de ires y venires cuyo único elemento común es que toman lugar en este país que habitamos. Con esto dicho, comencemos.

Nosotros creíamos que achicharrar personas había sido un invento del Dios de los israelitas cuando le metió candela a Sodoma y Gomorra para no dejar nada en pie y así hacer imposible identificar si había muertos o pecadores. Los paramilitares, con objetivo distinto, construyeron sus propios hornos crematorios, armándole competencia a los Jardines del Recuerdo, con el único motivo de desaparecer su criminal obra y completar de acabarle la vida a sus víctimas. Durante un evento organizado por El Espectador y apoyado por la Embajada de Alemania, el ex-paramilitar Jorge Iván Laverde, quien comandó el Frente Fronteras de las AUC, confesó que la utilización de los hornos crematorios se debió a un aviso por parte de miembros de la Fiscalía General, quienes le dijeron “que venía una comisión a desenterrarlos [los cuerpos de las víctimas de las AUC] y que sería un escándalo”.

Por otra parte, esta semana se hicieron merecedores del Premio Nobel de la ridiculez y del provincialismo el presidente Duque y sus ministros con ocasión del show que armaron para la llegada –tardía– de las primeras vacunas contra el coronavirus. No deja de sorprender que se justifique tal movilización del Gobierno Nacional para ver un avión –peor, una caja– cuando esa misma atención le fue negada a miles de indígenas que tan solo hace unos meses viajaron desde Cauca hasta Bogotá, desesperados por la violencia y la desidia estatal que arrasa sus territorios y les cuesta la vida. Días después de su llegada a la capital, tuvieron que regresarse pues el Presidente estaba muy ocupado para atenderles.

Al ver el espectáculo que montaron nos sentíamos en un circo, pero en esta ocasión no iba ni el payaso ni la bastonera, iba el primer mandatario de la Nación acompañado de buena parte de su gabinete pidiendo aplausos y oraciones para la vacuna, como si de un gol de James se tratase. En los días siguientes el show continuó. Durante el primer día de vacunación solo se administraron seis dosis mientras el Ministro de Salud hablaba de “vacunación masiva”; en Cali, la primera dosis se retrasó más de tres horas porque el Ministro de Justicia no llegaba –como si eso importara para contener el virus–, mientras que en Sucre el gobernador puso en riesgo la cadena de frío de los viales por tomarse una foto. En Twitter las críticas se multiplicaban, así como los chistes y memes, de los cuales resaltamos este comentario de la presidenta del partido MAIS, Martha Peralta, (@marthaperaltae): “ni la NASA hizo tanto show con la llegada a Marte como Iván Duque con las vacunas en Sincelejo”.

El día de la llegada al país de la vacuna los periodistas Google –que saben de todo– hablaban de sus características y diferencias, los supuestos síntomas adversos, la temperatura que requería, entre otros detalles que presentaban con múltiples imprecisiones, pero con la seguridad de unos eruditos graduados de París V o de la Universidad de Moscú. El tono con el que presentaban sus informaciones nos recordaba al nuevo ministro del Interior, Daniel Palacios, de quien esta semana conocimos –por una investigación de Noticias Uno– que los dos posgrados que afirma haber cursado en realidad nunca los tomó, sino que hábilmente los extrajo de un curso de artes liberales que hizo en la Escuela de Extensión de Harvard. En otras palabras, Palacios caminó por el frente del campus de Harvard y a su regreso contó que se había graduado con honores.

En la misma línea, furibundos están los comunicadores patrioteros por un titular de un diario de Italia que se leía así: “Dalla Colombia dei narcos a Marte: Lo scienziato che muove la sonda” (en castellano: De la Colombia de los narcos a Marte: la científica que mueve la sonda). ¡Qué quieren que digan, si lo que están afirmando es verdad! No están desacreditando a la ingeniera aeroespacial Diana Trujillo, están señalando la realidad de nuestro país, que se ha mantenido hasta la actualidad y que algunos quisieran que no recordemos porque “es el pasado”. Pues no es el pasado. El narcotráfico está tan extendido como en la época de los grandes capos de la droga y desconocer eso no nos hace ningún bien. Tan no estará equivocado el titular que el alijo de cocaína más grande que se ha incautado en España iba en un barco que zarpó de Colombia y que transportaba bananos del Urabá fortificados con cocaína. Queremos sentar nuestra opinión sobre este asunto: el triunfo de Diana Trujillo es de ella, se debe a su trayectoria profesional y a sus capacidades. Ella no es Colombia; quizá ella es quien es a pesar de su país.

Por otra parte, ha sido noticia la forma despreciativa con la que el comandante del Ejército se refirió –algunos dicen que a las madres de Soacha, otros que a las víctimas en general– como “víboras venenosas» por levantar cargos contra el Ejército. Es de anotar que el señor José Miguel Vivanco, director para las Américas de Human Rights Watch, corroboró la cifra presentada por la JEP de 6.402 víctimas de ejecuciones extrajudiciales –en su mayoría durante el gobierno de Álvaro Uribe–. Con estos escándalos, ¿cómo quieren que no nos relacionen en el mundo con problemas?

Si el señor Zapateiro quiere que la gente hable bien de los hombres y mujeres del Ejército, debe exigirles que se comporten bien, pues los ciudadanos son libres de criticar –con el lenguaje que estimen conveniente– los desmanes del servidor público, y no al contrario, particularmente cuando se es militar, quienes no deben tomar parte en deliberaciones  políticas. General, ese no es su oficio.

El otro que hizo el ridículo esta semana es el “siete-labores” y actual Ministro de Defensa, quien ha sido concejal peñalosista, director del ICBF, director del Dapre y lo que toque; por eso ahora ocupa esa cartera. Luego del anuncio de la JEP sobre la nueva cifra de asesinatos extrajudiciales, Molano salió a contradecir aquella información y le solicitó al tribunal “tener en cuenta las cifras oficiales como las de la Fiscalía” sobre los ‘falsos positivos’. Al escribir esto pensábamos: si se desempeñó tan mediocremente en los últimos cargos que ha ostentado, ¿qué lleva a concluir que lo hará bien en semejante ministerio? A este sujeto nos referíamos cuándo comentábamos que al momento de su nacimiento en el Hospital Militar no había ginecobstetra en guardia y, por tanto, hubo de recibirlo un médico general.

Otro oso espantoso que hizo este país fue el viaje pirata del novato fiscal Barbosa, llevando a Quito chismes de cocina de cuartel. Sobre este tema escribimos la semana anterior, puede ver la columna titulada James Bond le prestó su avión al fiscal Barbosa. Los que saben de esto nos informan que él no está haciendo nada distinto a un mandado de alguien y que ese alguien tiene varias personalidades: un Uribe, un Almagro y uno que otro sin oficio de gobiernos foráneos. Nos decía un extranjero –cuyo nombre omitimos mencionar por razones obvias– que la credibilidad del informe entregado por Barbosa es la misma que se le dio al reporte presentado por Colombia ante las Naciones Unidas el año antepasado, con el cual buscaban imputar a Venezuela por refugiar guerrilleros y para probarlo mostraron unas fotografías que luego resultaron ser tomadas en territorio colombiano.

El video que suscitó la visita de Barbosa y las acusaciones contra Arauz fue refutado días después por el ornitólogo Manuel Sánchez, quien reparó en el canto de las aves que se escuchaban en el fondo del video y logró separar más de 10 especies, de las cuales varias no podrían estar en territorio colombiano, lo cual contradecía la tesis de Barbosa y apuntaba a que el video era falso y habría sido grabado en Ecuador.

Como pudieron ver, la semana pasada fue una marcada por osos gubernamentales y nosotros no podíamos dejarlos pasar. Esperamos no haberle confundido mucho y en caso de que sí, sepa que a nosotros también nos confunden y desconciertan las cosas que pasan en nuestra inverosímil realidad.

Ñapa: si usted quiere ver las similitudes entre España y Colombia, le recomendamos ver esta breve intervención de la escritora y periodista española Cristina Fallarás, la cual nos dejó desconcertados. Si le interesa, acá se lo compartimos.

https://www.youtube.com/watch?v=4Kqa9qge_rI

 

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