MANIFIESTO POLÍTICO DE LAS MUJERES DE LA COLOMBIA HUMANA

Las mujeres de la Colombia Humana somos incluyentes diversas, propositivas, cuidadoras, dadoras de vida y por tanto, defensoras por naturaleza de las diferentes manifestaciones de la vida, buscando un equilibrio de la especie humana con la naturaleza como base de la existencia.

Colombia Humana conferirá derechos a la naturaleza y construirá las bases de una vida digna y sostenible, lucha por la vida en el planeta y por la humanidad, buscará que la sociedad sea la verdadera dueña de su país y de su territorio; Para ello ampliará la democracia directa y la articulación estrecha de la política y el gobierno con los movimientos sociales respetando la diversidad colombiana y su autonomía.

Nuestro movimiento estará orientado a mejorar la vida de los colombianos y colombianas, a fortalecer lo público, a defender los derechos humanos, a impulsar el desarrollo económico y cultural diverso en el ámbito del desarrollo sostenible. En fin, somos un movimiento político con vocación de poder. (2018. última versión de los estatutos del Movimiento Colombia Humana)

Por lo anterior manifestamos que:

Las mujeres como vida

Estamos comprometidas en defender la vida, garantizar la participación y la representación activa de las mujeres al validar los derechos humanos, al afianzar la democracia real, pluralista, participativa y representativa. Siendo la defensa a la vida una prioridad, superando el dolor, la marginalidad, la exclusión, de manera que seamos partícipes en la transformación de los dogmas, fundamentalismos, prácticas de una sociedad y cultura que ha vivido la guerra.

La vida es la expresión maxima de la libertad, la justicia, la igualdad y la equidad, que nos permita vivir en un mundo sin discriminación, sin racismo, sin pobreza, garantizando los derechos para todos. De esta forma reafirmamos nuestro compromiso con el tejido social para proteger la vida, la paz, la sociedad, al aportar al desarme de todo tipo de violencia, Por lo tanto nos negamos a parir hijos para la guerra que ha desmembrado y causado tanto daño a las familias de nuestro país y el mundo.

La mujer como política

Velaremos para que los derechos políticos, sociales y económicos de las mujeres en las regiones y la defensa de la integridad ambiental y cultural de sus territorios sean un hecho, acorde a un modelo económico sostenible y respetuoso de los derechos de la naturaleza y el vivir de las comunidades.

Las mujeres de la Colombia humana contribuimos desde nuestras diversidades étnicas, culturales, socio-económicas, generacionales, políticas, religiosas, sexuales a la construcción y fortalecimiento de nuestro movimiento, al ser las mujeres de base quienes trabajan en los territorios y con las comunidades de forma directa, generando transformaciones culturales y sociales en su entorno.

Así pues las mujeres activistas, lideresas, que interactuamos y trabajamos directamente con las comunidades, protagonistas, generadoras de cambio y por ende dignas de ser reconocidas como tal, Solicitamos que se reivindique nuestra lucha y que dentro del movimiento se garanticen las condiciones necesarias para la participación política de las mujeres, como un derecho adquirido, en los diferentes escenarios políticos en igualdad de condiciones con los demás integrantes del movimiento reconociendo además sus capacidades y su trabajo directo con la comunidad.

Defenderemos nuestro derecho a la autocrítica, a la objeción, al autoanálisis permanente sin señalamientos ni represalias, no permitiremos la satanización de nuestras compañeras cuando de forma respetuosa, tienen la valentía de hacer visibles fallas en el proceso o el proceder de nuestros compañeros o dirigentes, velaremos por que dichas fallas no se oculten sin resolverse, exigimos ser respetadas en nuestras opiniones y defenderemos nuestro derecho a DISENTIR.

Constituirnos en Fuerza Colectiva, en Movimiento desde los grupos, nodos, organizaciones, colectivos, redes, plataformas, alianzas de mujeres diversas, lideresas políticas y comunitarias, para la defensa del Estado Diverso, pluriétnico, pluricultural, Laico, el Estado Democrático Social de Derecho y la construcción de un tejido social por la vida, sin exclusiones.

No cederemos en nuestra exigencia de participación paritaria en todas las instancias, en el empoderamiento de nuestras organizaciones, en el derecho a la oposición política y el reconocimiento del poder que está en el ser, el saber y en el hacer de las mujeres en paz, seguridad, democracia, justicia, dignidad y libertad.

Constituiremos un puente para la reintegración a la vida social y política de las mujeres que dejen las armas, y contribuir para que su inclusión social, política y económica se dé en igualdad de condiciones y oportunidades a la de los hombres.

Nos declaramos en control social, como auditoras y veedoras ciudadanas permanentes de los líderes y dirigentes de la Colombia Humana, revisando el cumplimiento de los derechos de las mujeres en la implementación de este manifiesto y la arquitectura institucional local, regional y nacional.

Las mujeres como paz

Estamos en un proceso de transformaciones profundas al permitirse un acuerdo de paz después de más de 60 años de conflicto que lo único que dejó fue muerte, pobreza, desesperanza, desconfianza y un profundo dolor en los corazones de los colombianos y colombianas. No obstante, lo anterior con la llegada de la pandemia que transformó nuestra cotidianidad y forma de vida, volcándose a lo fundamental; la protección de la vida, en todas sus formas y manifestaciones, en aspectos como soberanía alimentaria y salud al territorio. En estos procesos han sido fundamentales los tejidos colectivos de mujeres a lo largo y ancho del territorio colombiano y el acompañamiento internacional por ello:

Es mandato de las mujeres de la Colombia Humana para proteger la vida: el cuidado de sí, el cuidado del otro y de lo otro, ser agentes de cambio, transformación y, respetuosas entre sí, parte activa en el avance de los diálogos de paz con los diferentes grupos al margen de la ley, que lleguen a un acuerdo definitivo donde se contribuya al desarme, no sólo de armas, sino también en nuestros corazones, del lenguaje, de la palabra y, se lleguen a acuerdos definitivos que aporten a que el pueblo colombiano pueda vivir en paz.

Siendo conscientes que la construcción de la paz es colectiva, y debe estar acompañada de transformaciones psicoafectivas, sociales y económicas profundas en todo el territorio colombiano. Se hace necesario que las mujeres de la Colombia Humana, sean garantes en el trabajo para garantizar la gestión de los territorios por medio de proyectos, que garanticen bajar los índices elevados de analfabetismo, desesperanza, desconfianza, desnutrición y muertes por inanición.

Es primordial en el tejido social construir territorios de paz, la confianza, el respeto, la solidaridad, la protección y garantías legales para todas las mujeres colombianas.

Es necesario para la reconstrucción de los territorios de paz, el desmantelamiento de todos los grupos al margen de la ley, una transformación profunda de las fuerzas armadas y de la policía por parte del Estado, encaminados en cuerpos de apoyo social para proteger la vida y el territorio, y deben estar al servicio de la sociedad civil, proteger y animar la paz, devolviéndole la confianza y la esperanza a la población.

Si priorizamos la vida como bien superior, debe triunfar la verdad, la reparación, la justicia y la garantía de no repetición como parte fundamental del perdón y la reconciliación, al igual que la transformación social que son las causas estructurales que originaron el conflicto.

Como mujeres reafirmamos que la protección a la vida es una construcción colectiva para hacer política, descentralizando el poder, erradicando prácticas históricas patriarcales, buscando nuevas acciones políticas que incluyan una planificación cultural, pedagógica, ancestral, creativa, artística, incluyente en los territorios que repercutan a nivel focal, local, regional, nacional e internacional.

Es importante retomar ese legado histórico de las mujeres que han dedicado su vida a la protección de la vida y a la construcción colectiva de la paz, mujeres que han enmarcado la democracia, los derechos y la justicia como punto fundamental en sus vidas. Quienes han resistido y construido un tejido social y una participación activa en medio de la injusticia, el conflicto, la violencia, han sido determinantes para que se conozcan las formas de silenciamiento, persecución, violencia, dominación, exclusión e injusticia a las que ha sido sometido el pueblo colombiano.

Hoy se abre una ventana de oportunidades para construir entre todas y todos en el reconocimiento de las autonomías de las mujeres y ampliar la democracia y la justicia efectiva en derechos sobre nuestras vidas buscando ser reconocidas por nuestra resistencia territorial y capacidad de resiliencia.

La mujer contra la violencia

Manifestamos el diálogo respetuoso como dispositivo contra el conflicto demostrando nuestra capacidad como seres humanos de reconocer en la diferencia un punto de encuentro, respetando al interlocutor, en lugar de negar nuestras diferencias. Con el ejercicio de la palabra dada, a través del diálogo, ganamos todos y todas. Nuestro compromiso constante en el tejido social donde todas las personas sin exclusión alguna, podamos vivir y ejercer nuestros derechos, autonomía, libertad, sin el temor de ser violentadas, ni vivir bajo la desesperanza del conflicto armado y la violación de nuestros derechos.

Como mujeres, por naturaleza dadoras de vida, contribuiremos al cuidado de la vida en todas sus expresiones, sin desestimar, ni negar el dolor que causa la guerra, reconocemos en el otro (a) sus diferencias y aportes para con la construcción colectiva y la transformación de lenguajes en nuestra sociedad, sus saberes, sus creaciones, aportes y dinámicas de transformación en la búsqueda de la paz.

A llegado la hora de sanar nuestras heridas, de transformar la desesperanza y desconfianza por lazos de afecto mediante la reflexión permanente, propiciar espacios para evitar la venganza y buscar la verdad, la justicia, la reparación y la garantía de no repetición, de no ser indiferentes ante las problemáticas y superar las diferencias que nos distancian, no para negarlas, si no para fortalecer la armonía y convivencia en medio de las diferencias. Es tiempo de transformar el dolor de la guerra en la base para proteger la vida y la libertad en la construcción de un mundo en paz.

Nosotras las mujeres de la Colombia Humana desde diversas identidades y expresiones de ser mujer, y provenientes de regiones y territorios diversos, que a lo largo de nuestra vida tejemos en nuestros hogares, barrios, ciudades, territorios y país para que podamos todas las personas vivir seguras, tranquilas, valoradas y en paz en nuestra dignidad humana.

Rechazamos cualquier discriminación, trato indigno y violento, negación, exclusión, señalamiento hacia las mujeres por ejercer sus derechos, su autonomia economica, afectiva, social, reproductiva, sexual, cultural, étnica y política.

Decidimos rechazar cualquier forma de desviación del erario, mal manejo de recursos y corrupción porque:

  1. Es allí, donde nace el Estado Social de Derecho, al que debe tener acceso todos habitantes en nuestro país.
  2. La muerte de niños, jóvenes, mujeres, producto del abandono por parte del Estado, incrementa la insalubridad y la mortalidad, cuando es el Estado el garante de satisfacer las necesidades básicas insatisfechas en todo el territorio nacional.
  3. Ha obligado al desplazamiento de los territorios y la no transformación en infraestructura social derivada de las problemáticas y pésimas decisiones administrativas en manos de los diferentes gobiernos, ya que estos hechos no permiten el avance social, cultural, económico en nuestros territorios.

Por eso, proponemos un sistema de rendición de cuentas de nuestros dirigentes y líderes a nivel local, departamental y nacional, donde la población civil pueda conocer sobre la gestión de manera permanente en el marco de las acciones y de la administración de los recursos que están a su cargo o de los cuales pueda tener control.

Ser garantes en los procesos de paz, respaldando la reparación y no repetición del conflicto armado y, la reparación efectiva e integral de todas las mujeres que han sido víctimas del conflicto en todas sus formas, a las mujeres que por estas circunstancias tuvieron que exiliarse, migrar o refugiarse.

Nos comprometemos a tejer la palabra que históricamente ha sido ocultada, conocer nuestras tradiciones, narrativas orales que nos permite mantener vivo esa construcción de tejido social con nuestros antepasados. Transmitiendo así a las nuevas generaciones todo este saber y conocimiento para que conozcan su arraigo cultural, su pasado; y aprender de él para no repetir lo que causó daño y dolor en nuestra sociedad.

Necesitamos respetar la vida en todas sus formas, defenderla, construir entre todos y todas el camino de la paz, respetar la palabra, respetar al otro con sus diferencias, garantizar la democracia, la participación efectiva, y la representación activa de las mujeres y la garantía de ejercer nuestros derechos. Cuidar y proteger la vida es nuestra prioridad, para esto necesitamos vivir en paz, superando todas los daños, reparandonos, superando la tragedia, la exclusión, la discriminación, los fundamentalismos, costumbres y prácticas culturales que le dieron origen al conflicto, para avanzar en una convivencia justa, con equidad, pluralista, diversa, inclusiva, reconciliada, amada, integra, comprometida y respetuosa de los derechos de todos.

La vida debe estar enmarcada en el respeto mutuo, buscando un mundo en paz, libre, justo con equidad e igualdad.

Ser garantes en los procesos de terminación del conflicto armado lleva a que se respeten los protocolos de reparación y no repetición, logrando avanzar en la construcción de un país donde se prioricen la vida, los derechos, el respeto a los recursos públicos y la transformación social que tanto hemos buscado a lo largo de la historia. Para garantizar estos procesos es importante que el gobierno tenga la voluntad política de iniciar el desarme nacional, la reestructuración de las fuerzas armadas y de la policía; posibilitando el diálogo permanente con todos los grupos al margen de la ley buscando con ello transformar las causas estructurales que dieron origen a los diferentes conflictos.

La presencia activa de las mujeres creando tejidos de afectos aún en medio del conflicto y la violencia, es determinante para que el conflicto existente sea un tema de prioridad para los gobiernos, donde buscamos que el tema de mujer y género sea transversal en todas las políticas públicas priorizando el trabajo constructivo en torno a la protección de la vida y a la consecución de la paz. Siempre buscaremos priorizar el diálogo sobre la violencia, el amor sobre el odio, la reconciliación sobre el rencor, la paz sobre la guerra.

El anterior manifiesto es firmado por mujeres de la Colombia Humana representadas en los diferentes municipios y ciudades de Colombia, hoy seis (06) de septiembre de 2020.

 

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