De niños se jugaba a policías y ladrones. ¿Ahora a qué?

Policías y ladrones

Por: Germán Navas Talero y Pablo Ceballos Navas

 

Quien abusa del poder destruye su poder.

Cuando niños jugábamos a “las cogidas” o, dicho de otra forma, a “policías y ladrones”. Allí, quienes hacían de policías –o sea, los “buenos”– debían coger a los ladrones –los “malos”–, y llevarlos a la cárcel. Hoy por lo visto es muy difícil saber quiénes hacen de “buenos” y quienes de “malos”.

Nos llamó la atención y por eso transcribimos a continuación un tuit de nuestra ‘tuiteróloga’ Juana Afanador, el cual dice –en respuesta a un comentario del Secretario de Gobierno de Bogotá–: “Se ve que Alexander está temblando, que no está bien, y que está al límite. La gente tiene hambre, secretario, está cansada, no hay renta básica y le piden paciencia. La verdad entiendo la rabia con la que tumbó su carro, se nota que ya no da más.” Coincide en el fondo del problema el congresista Inti Asprilla, quien denunció los hechos acaecidos el domingo entre Alexander, vendedor ambulante de 19 años –de quien desconocemos su apellido–, y la alcaldesa Claudia López, quien le ordenó que se retirara y minutos después envió una cuadrilla de policías para multarlo e inmovilizarle su triciclo. Asprilla acompañó su denuncia con este tuit, que suscribimos totalmente.

Las perritas de la casa son excelentes compañeras, pero pelean cuando de comida se trata. Se jalan la cola, las orejas, brinca una encima de la otra. Son nobles, pero no admiten que una le quite a la otra su comida. ¡Trate de quitarle la presa de la boca a un león! Los seres sintientes y vivientes pelean por su comida. En la escena que da lugar a los comentarios antes citados la razón de la controversia es la comida o el derecho que nos asiste de alimentarnos. La reacción en los dos tuits se debe a la privación a unos ciudadanos de su derecho al trabajo y por ende a la alimentación. Cuando Nieve mete su hocico en el plato de Trufa, Trufa se pone iracunda, y está en su derecho; como también lo está ese vendedor al protestar contra los agentes del desorden –que no del orden– que tratan de quitarle su fuente de sustento.

¿Querían acaso que cuando les quitaran el producto que les permite poner comida en su mesa se pusieran a hacer chistes al estilo de Chaplin? No. En ese momento aparece ese sentimiento de ira, –y no de irá, como diría el que no aprendió a conjugar verbos–. Ira, en términos psicológicos, es “una reacción emocional que se produce cuando una persona considera que existe o se va a producir un resultado negativo para sus intereses, que se podría haber evitado si alguien los hubiera tenido en cuenta y hubiera actuado de otra forma.”

¿Esperaba el señor Luis Ernesto Gómez que los vendedores ambulantes hicieran fiesta cuando apareció él, con sus consabidos tenis, para justificar el maltrato del que era víctima el vendedor? Por si el señor Gómez no lo sabe, la sentencia de la Corte Constitucional sobre esta materia es muy clara, en palabras no enredadas ni presidenciales: cuando usted retira del espacio público a un vendedor informal se supone que ya deben haberle reubicado u ofrecido alternativas laborales con el fin de garantizar su subsistencia y, por ende, no vulnerarle una serie de derechos fundamentales. Secretario, cuando ustedes le dijeron a Alexander que se fuera de ahí, ¿ya tenían una alternativa para ofrecerle? ¿Recibía él o le ofrecieron algún auxilio para pasar este momento tan complejo?

Nuestra ‘tuiteróloga’ de cabecera, Juana Afanador (@Juanaafanador1), comentando el incidente al que nos hemos referido analiza el estado anímico de la víctima del atropello, y es que no se requiere mucha explicación para entenderlo. Que lo que hizo el agente del desorden no gustó lo confirma la opinión de Manuela Mejía Santos (@tal_senora) quien escribió: “¡Qué dolor! Qué triste ver cómo el Estado se convirtió en la agencia de seguridad y el banco de unos pocos y en el enemigo de la ciudadanía. En este momento de crisis están dejando a la gente sin opciones y llevándolos al límite.” Si para algunos el vendedor estacionario –que en este caso no es ambulante– estaba violando la ley, para otros, la Policía está violando una sentencia judicial que precisa que se les podrá retirar del espacio público en cuanto el Estado les ofrezca una alternativa. Al escribir esto nos preguntábamos: ¿la administración de López ha construido algún espacio para reinstalar vendedores informales?

La Alcaldía gasta miles de millones de pesos dándole autobombo a la alcaldesa, frente a lo cual nos cuestionamos y les invitamos a preguntarse ¿no podría tener mejor uso ese dinero? ¿Es un gasto justificado en medio de una crisis económica? Cuando uno mira el comportamiento de ciertas autoridades de nuestra nación recuerda al emperador Nerón, de quien se dice metió candela a Roma; o a Calígula, quien designó cónsul a su caballo Incitatus, y que según dicen los anales, lo hizo mejor que uno que otro ministro actual. Estos emperadores acostumbraban a mandar adelante a su guarda pretoriana y a sus centuriones con la única tarea de despedazar con lanzazos y garrote al que osara ocupar las vías públicas cuando el divino emperador salía por la Vía Veneto o la Appia, o a quien se le ocurriera sentarse a descansar en alguno de los monumentos erigidos a sus múltiples dioses. No les daban culata porque aún no existían las armas de fuego, pero sí les daban por el ‘culote’ con todo el arsenal existente.

Queremos contarles –algunos ya lo sabrán– que en época de Roma también había ventas callejeras. Se vendía quincalla, perfumes baratos e inciensos para todo uso. En las esquinas las brujas podían comprar hierbas para sus bebedizos y había gente que remendaba el calzado de los romanos –ya en esa época había martillitos y tachuelitas para tal menester–. No le vendían la botella de aguardiente, pero sí el recipiente para envasar el vino y llevarlo al circo.

Quienes han leído el Nuevo Testamento recordarán que la ira o piedra santa de Jesucristo con los vendedores no fue por la actividad de tales, sino porque estaban vendiendo dentro del templo, y eso se consideraba una afrenta a su dios. Muy seguramente si Jesucristo los hubiese encontrado en la calle, a fe que les hubiese comprado un objeto, si es que acaso tenía necesidad de él.

El vendedor estacionario o ambulante que se encuentra en todas partes del mundo es consecuencia de una sociedad injusta, desorganizada, que no les ofrece más a sus ciudadanos para poder vivir. Muy posiblemente algunos querrían que la venta ambulante se hiciese en limosinas Mercedes-Benz, pero lamentablemente no se les puede dar gusto.

Otra cosa que no cabe en nuestro caletre es el porqué de esa enemistad que han creado los dirigentes entre la Policía y el vendedor informal, si los dos vienen de clase pobre. Pareciera que los ponen ahí para que los primeros salgan a combatir a los segundos. ¿Qué clase de instrucción se les está dando a los agentes para que maltraten a sus congéneres? El Estado debe cumplir con sus obligaciones si quiere exigir el cumplimiento estricto de las disposiciones en materia de espacio público. En campaña varios actuales funcionarios del Distrito no ahorraban promesas para quienes se dedican a la venta ambulante, pero amaneció y la realidad en la “Bogotá Cuidadora” fue la misma de toda la vida: garrote y persecución. Lo que el diccionario llama ira y el Nuevo Testamento ira santa es lo mismo que el pelafustán llama “piedronón el hijuemadre”.

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