EMISIÓN Y REACTIVACIÓN, PARA EL PRIMO QUE SE CONTRADIJO

por: Daniel Rojas Medellín

La semana pasada produjo controversia la propuesta realizada por Gustavo Petro de aumentar la inversión pública respaldada por la emisión de un crédito del banco central al tesoro, de manera excepcional como medida de corto plazo para reactivar la economía; analistas querientes del mercado y adversos al Estado, han sacado provecho de su exposición mediática para trivializar sobre la propuesta, cargarla de adjetivos, caricaturizarla y sacarla de contexto. Entre ellos Martín Jaramillo quien escribió una columna en El Espectador titulada: Impresoras y fogatas de dinero, para mi prima. El título manifiesta, de entrada, la preferencia por preferir degradar el debate que por enriquecerlo. En consecuencia, me es fácil dar respuesta a los postulados de Martín.

Martín gasta buena parte de su espacio haciendo un esfuerzo literario para explicar de manera didáctica su postura, hago un reconocimiento público a su imaginación advirtiendo que no podré superarla, en lo que si me comprometo es en tratar de ser más cuidadoso para que el lector no tenga la sensación de que gasté todas las líneas hilando una metáfora para fortalecer mi imagen de hombre sabio que instruye a su “ingenua” prima y, peor aun, para no quedar en deuda con la teoría económica. Resalto un chispazo de brillantez en Martin que queda licuado en la insistencia por hacer abstracción de la teoría económica y reemplazarla por prejuicios meramente ideológicos.

Lo primero que debo señalar es que considero un error pensar que el dinero es una ficción, pero más equivocado aún, pensar que es una mercancía cuyo precio y oferta la definen sabiamente las fuerzas del mercado, el dinero es mucho más que eso y representa ante todo una construcción social. Desde que la mayoría de países renunciaron al patrón oro, sus sistemas monetarios quedaron relegados a la emisión de dinero FIAT (del látin hágase) que es en esencia la promesa del Emisor de pagar una deuda al portador y es aceptado por el público para realizar transacciones porque de éste deriva la posibilidad de pagar las deudas fiscales, esta postura es ampliamente aceptada, desde el poskeynesiano Hyman Minsky hasta el economista liberal Juan Ramón Rallo en su libro Contra la Teoría Monetaria Moderna, de tal manera que el dinero no es una criatura del mercado, es más bien una criatura del Estado.

Hemos dicho hasta el cansancio que la propuesta de Petro consiste en crear un shock de demanda aumentando la inversión pública mediante una emisión a título de préstamo de manera excepcional y no permanente. Aún así, Martín se ve en la obligación de distorsionarla tratando al lector(a) de la misma manera despectiva que lo hace con su prima: engañandole, afirmando que se trata de imprimir billetes indiscriminadamente. Cuando el punto de partida de un debate es la injuria se dificulta su continuidad, sin embargo aprovecho el margen que me deja Martín para mostrar su contradicción.

En un chispazo de brillantez Martín acepta en su columna que: “La provisión de liquidez a la economía puede ayudar algunas veces (cuando hay problemas macro de demanda agregada)”, ¡Bravo! Para él resulta lógico que aumentar la oferta monetaria ayuda a resolver la caída de la demanda agregada, y para nosotros también, pero luego el prejuicio eclipsa la brillantez porque parece que para Martín en Colombia no existe tal problema o lo ve como algo secundario porque aplaza su explicación prometiendo otra columna (de la cual estaré muy pendiente), lo relevante en esta entrega parece ser otra cosa. No obstante, los prejuicios a menudo resultan fáciles de desvirtuar cuando existen mediciones oficiales de las variables a las que se alude, los componentes de la demanda agregada en las cuentas nacionales emitidas por el DANE para el tercer trimestre del 2020 revelan que el consumo de los hogares se había contraído en 8,9%, la Formación bruta de capital decreció en 18,3%, y las exportaciones decrecieron más que las importaciones. Por lo tanto el problema en la Demanda agregada existe, tiene explicación en una de las tasas de desempleo más altas del mundo (15,9%) y como bien lo acepta Martín, se resuelve aumentando la oferta monetaria.

Tratando de convencer a su prima, Martín cometió una ligera contradicción. En el momento en el que acepta que aumentar la oferta monetaria tiene efectos de reactivación está aceptando, en la práctica, que un aumento en los ingresos de los hogares reactivará el consumo y así las empresas podrán volver a producir por encima del bajísmo nivel actual, fíjense que aunque en la pandemia se despidieron empleados y se cerraron microempresas, lo importante es que las máquinas existen y hay fuerza de trabajo, por lo tanto la economía tiene potencial para producir. En síntesis, los empresarios necesitan clientes y los clientes necesitan ingresos, alguien debe dar un estartazo inyectando liquidez para prender la máquina del capitalismo que va a media marcha, el único que tiene herramientas para hacerlo es el Estado, eso está sobreevaluado y comprobado. Lejos estaríamos de crear hiperinflación mientras haya desempleo con baja producción, tema para abordar cuando Martín acceda a dar el debate en el terreno de la economía.

La prima todavía se estará preguntando: ¿Si Martín es consciente del efecto reactivador que sobre la demanda ejerce una expansión monetaria por qué dice que una deflación (insuficiencia de demanda) nos beneficia a todos en tanto podríamos demandar más? No tiene sentido, ¿Por qué dice que la emisión destruye el ahorro de los pobres si los pobres en crisis no pueden ahorrar?. Pues razón tenía el premio Nobel Robert Solow cuando decía que la economía no puede desligarse del sentido común, Keynes ya lo había resuelto hace rato y la sabiduría popular la tiene más clara que cualquer escuela, es sencillo: Sin ingresos no hay consumo y mucho menos ahorro.

 

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