El oso Yogui paga el pato en Tayrona

 

Por: Germán Navas Talero y Pablo Ceballos Navas

La política es el camino para que los hombres sin principios

puedan dirigir a los hombres sin memoria

-Voltaire

Recurriendo a nuestros históricos cómics hemos supuesto la posibilidad de que el oso Yogui pueda quitarle el puesto al guardabosque que tanto le mortifica la vida: el señor Smith. Al ladrón no puede gustarle jamás el policía, salvo que el policía se vuelva ladrón; caso en el cual, serían socios. En una buena técnica de administración pública ¿para qué cambiar al señor Smith si tiene el parque bien y no maltrata a los ositos? Puede acontecer que haya alguien interesado en coger el espacio del oso Yogui para hacer un campo de nudistas, lo cual es un buen negocio, pero poco moral para las especies que allí viven y para el mismo medio ambiente.

En diciembre de 2019 el presidente Duque twitteó “buscamos un cambio en el relacionamiento político de las instituciones, perseverando en mayor meritocracia y exaltación de la carrera del servicio civil. Cuando hay más administración y menos política en la conducción de los servicios del Estado, vamos por el camino correcto.” Un año después, su Ministro de Ambiente –que de mérito poco– sacó a Julia Miranda de la dirección de Parques Nacionales.

En el extraño mundo de Subuso nada es extraño, es propio de ese mundo. En Colombia pasa lo mismo, dicha la frase pasa Crono y 12 meses después la realidad es otra. Miranda, que como el guardabosque Smith hacía su labor como correspondía, termina puesta de patitas en la calle, porque al defender los intereses de la naturaleza atacó los intereses de multinacionales de turismo y una que otra nacional, en las que a su vez tenía intereses uno de los componentes de la pareja de Tom y Jerry. Antes de que el remezón maltratara al guardabosque, el ex-presidente de Colombia y presidente de Duque, Álvaro Uribe, se mostró muy interesado en los problemas del Parque Tayrona y se fue lanza en ristre a atacar a Miranda, quien con lujo de detalles fungía como directora de Parques Nacionales. El clic lo dice todo. Si usted es curioso, haga clic aquí.

La decisión de sacar a Miranda causó rechazo en los pocos colombianos que les interesa su país y obligó a la Presidencia a decir algo. El director del Departamento Administrativo de la Presidencia, Diego Molano, exaltó las “calidades” del reemplazo de Miranda y añadió que “lo que buscamos como gobierno es que los colombianos y el mundo entero quiera y proteja (sic) nuestros Parques Nacionales, para ello los tienen que conocer, recorrer y respetar”. El comentario del señor Molano, que por su emisario no podría contener nada interesante, sí deja ver cuál es la intención detrás de la salida de Miranda: hacer del “ecoturismo” –que poco tiene de ecológico y mucho de negocio– la política principal de conservación ambiental.

El representante David Racero y la abogada María Alejandra Riaño alertaron que el reemplazo de Julia Miranda, Orlando Molano, no cumpliría con los requisitos exigidos en el manual de funciones de Parques Nacionales para el cargo de director. ¿Qué pasaría en un país donde se tuviera un mínimo respeto por la ciudadanía? Anunciarían que Molano ya no sería nombrado director y buscarían a otra persona que cumpliera los requisitos. ¿Qué pasó en Colombia? Como lo denunció Racero, horas después de hacer pública la impericia de Molano se empezaron a registrar modificaciones al manual de funciones. En cuestión de 15 minutos el señor pasó, de ser no apto, a mejor candidato para el cargo. Pero escuchen esto: conforme a la Circular Conjunta 004 de 2011 proferida por la Comisión Nacional del Servicio Civil y el Departamento Administrativo de la Función Pública, el manual de funciones de una entidad se debe adoptar mediante resolución del jefe del organismo, así como cualquier modificación, actualización o adición al mismo. Racero se puso a investigar cuándo había sido proferida la última resolución en relación con el manual de funciones de Parques Nacionales y encontró que tenía fecha del 26 de julio de 2018. En conclusión, el gobierno de Iván Duque es pésimo hasta para hacer trampa.

Observamos con preocupación que la salida de Miranda y la llegada de Molano a Parques Nacionales no es un hecho aislado, sino que responde a una práctica recurrente en el gobierno Duque consistente en politizar cargos de naturaleza técnica, que solían ser ocupados por los más destacados profesionales y que se conducían bajo un criterio objetivo y no político. A este caso se suman el cuestionado nombramiento de Darío Acevedo –un negacionista del conflicto– a la dirección del Centro Nacional de Memoria Histórica, la llegada de Jorge Rodrigo Tovar a la Coordinación de Víctimas del Ministerio del Interior, así como la designación de Claudia Blum de Barberi como ministra de Relaciones Exteriores teniendo poca experiencia en esa cartera y desempeñándose mediocremente, generando incluso preguntas sobre si existe. (Y si nuevamente lo asalta la curiosidad, puede hacer clic en el enlace) Y no podíamos dejar por fuera al nuevo ministro de Ambiente, Carlos Correa, un desconocido en el medio, al igual que el recién nombrado vice-ministro de esa cartera, Francisco Cruz, quien sí sabe algo del tema pero que en su paso por la Secretaría de Ambiente de Bogotá dejó un legado reprochable de miles de árboles talados e intervenciones sobre humedales que afectaron el medio y resultaron en varios litigios contra el Distrito.

Volviendo al señor Molano (ahora director de Parques), es tan genial este improvisado guarda-parques que siempre consideró que era más oxigenante un plástico pintado de verde que el pasto natural y por eso pelaba parques y los entapetaba para hacer un buen negocio con sus amigos –que lo eran también de Peñalosa–. El nuevo director de Parques nos produce una molestia particular, no solo porque no sabe nada de conservación ambiental, sino también porque es el claro ejemplo de una persona que asciende profesionalmente a través de la zalamería. Cuando trabajó en la alcaldía de Peñalosa lo único medianamente interesante que hizo fue llevar a la ciudad a los tribunales por la decisión de pavimentar humedales. Ahora en Parques pasará sin ton ni son, la deforestación seguirá disparada, dejará asperjar con glifosato una que otra zona protegida y quién sabe, quizá para el próximo año, abrirá el hotel de la Sociedad Reserva Los Ciruelos S.A.S. en el Tayrona, botando a la basura los esfuerzos de Julia Miranda y de cientos de ambientalistas que por años han protegido este parque de los intereses urbanísticos y agrícolas de acaudaladas familias costeñas.

Para Julia Miranda nuestro agradecimiento, admiración y buenos deseos. Nos reconforta saber que continuará en su encomiable labor de conservación ambiental como Presidenta Adjunta de la Comisión Mundial de Áreas Protegidas ante la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza.

Chisme de fin de año: en la Casa Blanca, donde tampoco nada es exótico, se celebró con lujo de detalles la fiesta de reyes anticipada. En la Bogotá de antes se acostumbraba –ya fuere en el barrio Egipto por cuenta del padre Jiménez, o en Villa Javier, a cargo del padre Campoamor– a volar en pedazos un matachín hecho de trapo y pólvora para quemar allí a los personajes nefastos del año que terminaba. Se le conocía como quemar a Herodes, pero también ‘prendían’ a Rojas Pinilla y a cuanta persona o situación que les incomodaba. Siguiendo esta tradición los gringos anticiparon el 6 de reyes. Quemaron al inservible Guaidó, sacándolo del santoral y le dan vía para el 2021 a un fascista acusado de incitación a la violencia, el señor Leopoldo López, quien también fue recibido como héroe por la alcaldesa que sabemos en Bogotá. Se quemó con pólvora barata al señor Guaidó y se infló con crema de afeitar al señor López.

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