Néstor Humberto en la Comisión contra el Crimen: una afrenta a la decencia

Por: Luis Guillermo Pérez Casas / Defensor de derechos humanos, promotor de la paz

Cuando la sombra que hacen las banderas/ sea una sombra honesta y no una charca. Carlos Castro Saavedra

Pocas personas llegan a tener la capacidad y el poder de hacerle tanto mal a un pueblo, a un país, a una democracia, a un Estado, como el daño profundo que le ha hecho Nestor Humberto Martínez a Colombia. Lo conocí en la ceremonia de la firma del Acuerdo de Paz en Cartagena, el 26 de septiembre de 2016, estábamos cerca a Ban Ki-Moon el Secretario General de la ONU, 13 presidentes latinoamericanos, 27 cancilleres, incluyendo el estadounidense John Kerry.

Mientras hablaba Rodrigo Londoño -Timochenko- “ Nuestra única arma será la palabra”, pidiendo perdón a todas las víctimas de las FARC-EP en más de medio siglo de guerra, irrumpieron dos aviones de combate que nos hicieron estremecer por su ruido ensordecedor y sus vuelos bajos, muchos entre los 2500 invitados, llegamos a pensar que allí mismo nos podrían exterminar los enemigos de la paz y que la guerra se extendería muchas generaciones más.

Cuando se estaba sembrando esperanza, el temor se extendió entre el sorprendido auditorio. El mensaje tenía proyección, allí en ese acto de prepotencia, tendríamos que acostumbrarnos a que la paz sería bombardeada permanentemente. El Comandante de las FARC, quien llegó a perturbarse comentó “Bueno, esta vez venían a saludar la paz y no a descargar bombas”, pero todos entendimos el mensaje. Timochenko y Santos habían coincido en citar a García Márquez, esperando que tuviésemos una segunda oportunidad sobre la tierra, poderes espúreos estaban y siguen interesados en que no tengamos ninguna.

Al terminar la ceremonia saludé a Nestor Humberto Martínez, llevaba 7 semanas en el cargo como el nuevo Fiscal General de la Nación, promovido al mismo por el gobierno de Juan Manuel Santos. De manera ingenua le hablé sobre la trascendencia de ese momento histórico y de los esfuerzos que deberíamos hacer para proteger el proceso de paz. Me respondió que el acuerdo de paz era una farsa y que los comandantes de las FARC que estaban allí seguían siendo “narcoterroristas” y que él lo demostraría. Comprendí entonces que la paz tenía enemigos, no sólo en la férrea oposición del uribismo, sino en personas muy cercanas a la Casa de Nariño y en el Gobierno mismo, como Martínez Neira, que unidos en el propósito de la difamación del proceso y sus alcances, lograrían una pírrica victoria unos días después en el plebiscito del 2 de octubre de aquel año, una victoria amarga contra la paz de Colombia, contra la Colombia toda incluyendo los millones de personas engañadas que votaron contra el Acuerdo.

Efectivamente el flamante Fiscal General de la Nación dedicó los años de su gestión a minar el proceso de paz y a la institucionalidad misma, a sacrificar la soberanía nacional, a lesionar profundamente los intereses de la nación.
Sigue pendiente de aclaración lo referente al nombramiento de Luis Gustavo Moreno como Director de la Fiscalía Anticorrupción posteriormente detenido por promover lo que debería combatir, extraditado a los Estados Unidos y pieza clave en el llamado “Cartel de la toga”, quien regresó al país por estos días y que seguramente podría contar cómo logró que se le nombrara en tan alto cargo. Porque hasta el momento no se ha escuchado de Néstor Humberto una explicación razonable de por qué designó a Moreno como jefe anticorrupción, si es verdad que se lo recomendó su padrino Leonidas Bustos, en su momento el más entusiasta promotor de la candidatura de Martínez en la Corte Suprema de Justicia y ahora prófugo de la justicia, mientras otro de sus cómplices de alto rango, el exmagistrado Francisco Ricaurte, disfruta de la hospitalidad del INPEC. Tampoco sabemos si su hoja de vida le llegó por arte de birlibirloque, mucho menos se le oyó ofrecer una disculpa al país o pedir perdón por lo que constituye una de las peores ofensas a la justicia en toda la historia de Colombia.

También sería muy interesante que contara por qué uno de los socios de Moreno, Majer Abushijab, quien asistió a aquel en la defensa de Carolina Rico, primero clienta y luego esposa de Luis Gustavo, acusada de tráfico de estupefacientes, llegó a ejercer como asesor del despacho del Fiscal General y continuó en el cargo a pesar de sus vínculos con el flamante fiscal anticorrupción.

Por cierto, este Abushijab aparece preparando el acto mediante el cual Martínez autoriza el uso de quinientos mil dólares de la Fiscalía para comprar droga en uno de los entrampamientos. ¡Inaudito, fondos públicos utilizados para comprar narcóticos, además como parte de un ejercicio criminal para dinamitar el proceso de paz!

No sobra recordar que aún hay muchos interrogantes sobre el papel del señor Martínez Neira en relación con Odebrecht, asunto en el cual tenía un interés personal por haber actuado antes como abogado del empresario Luis Carlos Sarmiento Angulo y de su compañía Navelena en sus relaciones con la empresa brasileña. El solo episodio de la muerte del auditor Jorge Enrique Pizano en 2018, seguida de la de su hijo Alejandro Pizano Ponce de León, quien viajó de España para el sepelio de su padre y encontró la muerte en la propia casa paterna al beber una botella con agua envenenada es una sombra que gravita en la reputación del ahora miembro de la pomposa comisión anticrimen. Jorge Enrique temía por su seguridad y había hecho revelaciones sobre corrupción al interior de la compañía asesorada por Martínez y el comentario de éste fue banalizar la situación diciendo la frase inmortal: “eso es una coima, marica”, pero no denunció ante la justicia como era su deber, no solamente de jurista sino como ciudadano.

Recientemente se especuló con su posible nombramiento como embajador de Colombia en España. Aunque el presidente Duque afirma que nunca hubo esa designación, al parecer el amplio rechazo entre la opinión pública y el debate que hicieron varios congresistas por la actuación de la Fiscalía bajo su mando en 2018 en lo relacionado a la detención con fines de extradición del firmante de la paz, Jesús Santrich y en general por sus oscuras actuaciones contra el proceso de paz, llevaron a que el país ibérico le negara al beneplácito.

Las revelaciones hechas en la prensa y en el Senado muestran no solamente que la Fiscalía hizo un entrampamiento, por lo demás con la intervención ilegal de agentes de la DEA, no solamente a Jesús Santrich sino también a funcionarios de la Jurisdicción Especial para la Paz-JEP- Esto refleja la gran dimensión de la operación que estaba dirigida no únicamente a la extradición del excomandante sino a dinamitar todo el acuerdo de paz. Tan amplia era la provocación que incluso trató de enlodar a un personaje de alto rango, el general Òscar Naranjo, importante negociador del Estado y en ese momento vicepresidente de la República.
Bastaría citar las explicaciones contradictorias de Néstor Humberto Martínez sobre su rol en esta tramoya contra la justicia y contra la paz, independientemente de las irregularidades de naturaleza criminal contra el país en que habría incurrido, para que mereciera el repudio ciudadano, pero en lugar de ello el Presidente Iván Duque le extiende la mano para que siga afectando los intereses de la Nación.

De allí que resulte inaudito que Duque comunique al país que nunca se pensó en la embajada ante España, pero que el doctor Martínez es tan destacado que lo incorpora a la Comisión Nacional contra el Crimen, cuando el debate parlamentario y la propia prensa dejaron en evidencia los diversos delitos por los que debería responder. Y eso que en la citación al Congreso el asunto se limitó a los temas del entrampamiento, la entrega “controlada” de cocaína pagada con fondos de la propia fiscalía, la falta de transparencia en las comunicaciones dirigidas a la JEP, el “testigo” de la DEA al que le recitan lo que tiene que decir y, no se mencionaron otras situaciones tanto o más graves, como la interceptación de las comunicaciones del propio Jefe de Estado y de Gobierno en ese momento, Juan Manuel Santos.

En fin, es tal la desmemoria en el país y la desvergüenza de su dirigencia que ahora más de un criminal de cuello blanco se sentirá muy contento de que en la comisión contra el crimen esté alguien que sabe mucho sobre esos temas por haber tenido un contacto más que directo con ellos. Termino citando a Carlos Castro Saavedra, de su precioso poema, el Camino de la Patria, en estos tiempos aciagos “Cuando la espada que usa la justicia/ aunque desnuda se conserve casta”, para que no dejemos que la corrupción, la violencia y la pandemia nos paralicen, cuando debemos estar de pie, movilizándonos contra tanta infamia.

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