Andrés Escobar, un sueldazo por no hacer nada

 

Por: Germán Navas Talero y Pablo Ceballos Navas

El fruto de la imaginación en Bogotá

se mide por metros.

Con bombos y platillos salió este jueves Andrés Escobar de la gerencia del Metro de Bogotá. La alcaldesa López y el ex-alcalde Peñalosa no ahorraron elogios. La primera sostuvo que “hizo un gran trabajo; un proyecto con 70 años de atrasos lo sacó adelante”, y añadió que tiene “una profunda gratitud con él”. Peñalosa por su parte le agradeció por su “trabajo formidable”.

Comentarios iguales –dice nuestro corresponsal bíblico– se emitieron más allá del paraíso cuando el constructor de la torre de Babel se declaró incapaz de continuarla por la elemental razón de que en aquella época no había ascensores y, en consecuencia, era imposible subir hasta el último piso.

Escobar dice que el metro es su pasión, pero parece que también es su negocio. A través de unos cuestionados contratos logró pasarse por la faja el tope salarial del Distrito –establecido en el Decreto 2785 de 2011–, conforme al cual ningún contratista puede devengar más que la Alcaldesa (alrededor de 15 millones de pesos al mes), asignándose unos honorarios de más de 30 millones de pesos mensuales.

Uno esperaría que la alcaldesa anti-corrupción hiciese algo para corregir esta ilegalidad, pero ¡oh sorpresa! No hizo nada. Un día después de tomar posesión ratificó a Escobar y le dejó su sueldazo. Los sectores que la eligieron cuestionaron su decisión. Una de las personas que mejor conocen el proceso del metro, Juana Afanador, afirmó que mantener a Escobar “representa la continuidad de las enormes irregularidades del proceso del metro, licitación a dedo, posibles sobrecostos monstruosos y estudios incompletos”. El tiempo le dio la razón a Juana, en 2019 la Contraloría de Bogotá publicó sus conclusiones con respecto al avance del proyecto Metro, donde encontró 86 irregularidades que ascienden a un billón de pesos. Sus hallazgos no fueron exclusivamente administrativos, encontraron posibles responsabilidades fiscales, disciplinarias y penales. En enero de este año, el órgano de control encontró seis (6) irregularidades administrativas adicionales. Sugerimos al registrador Vega que se lleve a Escobar a que le administre las 1.200 chanfas que un montón de congresistas desocupados le otorgaron para que las entregue a quien se le dé la gana, según les convenga para sus fines electoreros. (Chanfas a las que se refirió Germán en una de sus intervenciones a la reforma del código electoral y que usted puede ver haciendo clic en el enlace).

Estuvimos consultando cuáles fueron las fallas de la torre inclinada de Pisa y nos cuentan que obedeció a la ausencia de estudios de ingeniería de detalle, así como a la carencia absoluta de estudios de factibilidad para la contratación que allá y acá se brincaron. Preguntamos un día si había algún proyecto o aprobación del cabildo para construir la torre y nos dijeron que los italianos, como los colombianos, eran expertos en construir sin autorizaciones. A decir verdad, si no fuera por lo inclinado de la torre nadie iría de viaje. Esto quiere decir que a veces los errores son una fuente para los negocios. Así pues, que en el futuro habrá excursiones para conocer el fracaso de Hidroituango por “Fajardo y Cia.” y el Metro Fantasma cortesía de “Peñalosa y López: improvisadores asociados”.

No pudimos indagar qué había pasado con las investigaciones que debían hacerse en la torre de Babel, hicimos lo propio en Pisa y se nos contestó que se habían hecho y las había adelantado un antecesor de Néstor Humberto Martínez, porque se habían perdido en las gavetas. Escarbamos a ver qué había pasado con las quejas de Hollman Morris y otros, respecto al prevaricato que se cometió por parte de quienes habían dado el visto bueno a las vigencias futuras sin cumplimiento de los requisitos legales y se nos contestó que dormía el sueño de los justos por cuenta del fiscal delegado de la mayor confianza de Néstor Humberto, en espera de encontrar una prueba que demuestre que sí había estudios.

Que corbatas hay, las hay. Dicen que fueron invento de los croatas, de ahí su nombre. Entre esas hay una que muchos de nuestros lectores quisieran, la del gerente de un metro inexistente, con salario de 30 millones de pesos y con el único compromiso de dar declaraciones en la prensa cada dos meses. Otra corbata muy buena es la del gerente de la vacuna para el COVID, que en Colombia llegará cuando los gringos le den permiso a Duque de comprar una vacuna hecha en EE.UU., ya que sería pecado comprársela a Rusia, China o en último caso, a Cuba. En Colombia se usa hacer lo que USA autorice.

Lo que más risa nos da es un comentario de Escobar y es que él afirmó repetidas veces que se estaba realizando el traslado anticipado de redes, pero según la Contraloría el proceso de traslado está apenas en estudio de factibilidad, palabras más palabras menos, el croata de los 30 millones y más mensuales le metió pinochos a Bogotá y al país.

Los entendidos en materia contable nos dicen que el derroche en el metro fantasma, sin haberse puesto aún una sola viga para su construcción, supera ampliamente el tamaño de una alcancía y aun cuando Escobar nos diga mentiras, la Contraloría nos dice que esos gastos los tendrá que pagar Bogotá. Nuestro asesor contable nos ha hecho un comentario que nos preocupa y es que la Contraloría encontró seis hallazgos, a lo cual nosotros preguntamos ¿cómo va a haber hallazgos si no hay nada que encontrar? Ni un solo ladrillo o hueco del nuevo metro.

Hemos hecho una reunión en compañía de nuestras perritas Trufa y Nieve para saber qué hacer y ellas con ladridos nos respondieron: eso les pasa por elegir los alcaldes que han elegido y por imaginarse un metro mientras que sus vecinos –sin hablar tanta guadua– ya lo hicieron. Alcaldesa, el de Panamá lo hicieron en 36 meses, en tanto que en Colombia hace más de 60 años intentan descubrir cómo hacer un metro que sea medio de transporte y no manera de enriquecer a unos cuantos tunantes.

Los biógrafos de don Andrés Escobar nos cuentan que él viene del sector privado y que fue gerente de Construcciones Planificadas, una de las tantas propiedades de Luis Carlos Sarmiento. Es decir, salió del sector privado y en el público quedó anestesiado, dilapidando millones de nuestros impuestos y que a la alcaldesa le parece que fue poquito lo que pagamos. Montar en el metro de Bogotá es hacer un buen uso de la imaginación, pues no lo veremos ni en esta ni en las próximas alcaldías. A los bogotanos les recordamos la obra de Calleja, citada previamente en esta columna, titulada Pinocho en Babia, siendo Babia un símil de Bogotá por la cantidad de tontos que en ella habitan.

Como diría una beata: que Dios lo tenga en su reino, eso sí, con una buena cuenta de ahorros.

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