El entrampamiento a la paz de Néstor Humberto Martínez

El entrampamiento a la paz de Néstor Humberto Martínez

Por Mauro Saúl Sánchez

Personas de muchas partes del mundo ven con asombro como en Colombia un grupo político de extrema derecha denominado “Centro Democrático” se oponga con tanto ahínco a los pasos que en materia de paz viene dando nuestra nación. Durante los últimos años, han ejecutado estrategias maquiavélicas que han envuelto en un limbo de incertidumbres ese derecho constitucional a vivir en paz que tenemos los colombianos. Con el expresidente, exsenador y expresidiario Álvaro Uribe Vélez a la cabeza, este colectivo ataca con ignominia y cinismo desbordante, todo intento que lleve consigo como propósito lograr un ejercicio vivo de la paz.

Frente a ese perverso escenario, en un acto de deber ético y coherente de control político, un grupo de valientes senadores adelantaron un debate magistral en la Comisión Primera del Senado. Allí, se develó cómo los violentos con poder doblegan servilmente las instituciones a sus intereses usando las más ruines artimañas para atacar la paz de Colombia.

Quedó probado clara y contundentemente cómo Néstor Humberto Martínez Fiscal General de la época, confabulado con la DEA, otra institución pública de los Estados Unidos, fraguaron una estrategia fraudulenta sembrando pruebas falsas para incriminar al entonces firmante de la paz, Jesús Santrich en el ilícito del lavado de activos; Santrich hoy prófugo de la “justicia” (esa que le sembró pruebas falsas) , decidió entonces abandonar el proceso de paz y retornar a la ilegalidad en las disidencias de las FARC, otorgando las razones suficientes para combinar elementos jurídicos y políticos que generaron en la opinión publica un estado proclive a la manipulación tramposa de las masas, ocasionando el regreso inminente a la guerra, tal como lo deseó siempre Uribe Vélez quien gobierna en cuerpo ajeno a través de Iván Duque, el actual presidente de Colombia.

Como lo demostraron los senadores citantes, NHM y la DEA lograron generar en la opinión pública la percepción de que el acuerdo final para la terminación del conflicto había sido la puerta de entrada del narcotráfico al país (como si no tuviéramos un portón bien grande ya desde Pablo Escobar) y la entrega de Colombia a la guerrilla de las FARC. Le hicieron creer a muchos colombianos que Juan Manuel Santos era aliado estratégico de las FARC y por consiguiente su socio en el negocio de la droga. Vendieron humo a diario en medios tradicionales sobre los candidatos opuestos al uribismo con la falacia recurrente de que se instauraría un régimen “Castro chavista” contra la libertad de la propiedad privada, el ejercicio democrático y hasta de religión. Mintieron usando las comunicaciones del grupo aval, del grupo Valorem, de Ardila Lule y demás magnates de la información, generando todas las condiciones para que el triunfo en segunda vuelta del candidato manipulable del uribismo, fuera un hecho garantizado.

Néstor Humberto le tendió una trampa a Colombia. No solo usó la Fiscalía general de la Nación como máquina persecutora de la oposición, sino que sembró desde allí el camino para limpiarle la cara a delincuentes de cuello blanco en negocios multimillonarios como los de Odebrecht. No solo hizo política desde la institución, también generó todo un entramado de acciones buscando la impunidad total de sus socios en procesos gravísimos como los que terminaron con la muerte de testigos calves en procesos de importancia nacional por envenenamiento con cianuro. Néstor Humberto hoy tranquilamente goza en el extranjero las mieles de un gobierno alcahueta con la delincuencia cachaca de smoking y corbatín, ahora desde la Embajada de España será como Alejandro Ordoñez ante la OEA o Pachito Santos en la embajada en Estados Unidos, una nueva vergüenza internacional para Colombia ante la opinión pública en el exterior. Ratificarlo en el cargo de embajador será una bofetada sin precedentes para el pueblo colombiano que le apostó decididamente a la paz. No puede Duque jugar de adalid contra el narcotráfico usando a Santrich pero haciéndose el ciego con el orangután de Sanclemente, exembajador de Colombia en Uruguay.

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