La receta de la bruja Zascandil para fabricar un buen candidato

Por: Germán Navas Talero y Pablo Ceballos Navas

Candidato es aquel por quien los candidotes se rompen la crisma y votan por él.

Treinta y cuatro (34). Ese es el número de precandidatos presidenciales que habría hoy, según La Silla Vacía. Quizá por la pandemia o por la crisis que atraviesa el país la campaña electoral comenzó antes de tiempo. Hemos observado la salida de varios líderes políticos de sus partidos, el surgimiento de nuevas colectividades —que en algunos casos parecen ser más individuales que colectivas—, y anuncios por parte de varios congresistas en los cuales hacen saber que no aspirarán al Congreso en 2022. Aunado a esto, en los últimos días se ha reavivado una discusión sobre la existencia del centro político en el país y cuáles serían sus posiciones, si es que tienen alguna, para las elecciones legislativas y para la candidatura de su niño dorado Sergio Fajardo. La cosa no pinta tan clara por ese sector, algunos de sus líderes sugieren realizar una consulta con los candidatos de los partidos de izquierda y alternativos con el objetivo de lograr una alianza suficiente para derrotar a la ultraderecha en las urnas, pero han encontrado una oposición inesperada en el señor Fajardo. El mencionado candidato ha sido enfático en señalar que descarta cualquier unión con Petro, pero muy inteligentemente no hace lo propio con los sectores de derecha. ¿Por qué?, se preguntarán algunos. Pues porque Fajardo ya está calculando cuáles serían los apoyos necesarios para ganarle a Petro en segunda vuelta, lo cual sería imposible sin los votos conservadores y de derecha.

Con este panorama tan complejo, nos detuvimos a analizar qué se requiere para ser candidato en las distintas corrientes políticas que hacen presencia en el país, a saber, la izquierda; la derecha moderada; la extrema derecha y el clientelismo. Comencemos precisando a qué partidos nos referimos cuando hablamos de izquierda: Unión Patriótica, Colombia Humana y Polo Democrático Alternativo. En la derecha moderada situamos, con contadas excepciones, al Partido Verde y al Partido Liberal. En la ultraderecha, como se imaginarán, están el Centro Democrático y los partidos cristianos. Finalmente, en el clientelismo se encuentran Cambio Radical, La U y el Partido Conservador; este último que hoy en día dista de los ideales de su creación aun cuando su presidente afirme lo contrario.

La política pareciera seguir los consejos del libro de recetas de la abuelita, donde le enseñan desde cómo hacer unos huevos fritos hasta el más aquilatado plato bogotano: el ajiaco. Un término que emplean en estas recetas es que a todo hay que ponerle una pizca de algo. La mezcla de cosas termina a veces haciendo un buen sancocho, pero en cambio una mezcla de ideologías solo consigue un pésimo candidato y después un pésimo presidente.

Pregúntense ustedes, respetados lectores, qué menjurje revolvieron para obtener el Presidente de la República que tenemos. ¿Es de izquierda, de centro o de derecha? ¿Liberal, conservador o ultragodo? Los sectarios afirman que es pinochetista, es decir, que le echaron una pizca de autoritarismo. La abuelita, que para oreja mientras esto escribimos dijo: “mijo, le falta una pizca de inteligencia”.

Si ustedes están siguiendo con atención la manera de ensamblar un candidato, observen que en nuestro país casi todos los presidentes vienen de un expresidente, ya sea porque era su padrino de boda, su padre, tío o abuelo. Para recordar los últimos, un Ospina con antepasado Ospina, un Pastrana con antepasado Pasado, un Santos con antepasado Santos y, por último, un Uribe que quiere seguir los pasos de otro Uribe. Sobre estos Uribe hay que recordar que no tienen ni una pizca de Uribe Uribe.

Candidatos hay de todos los orígenes, pues algunos vienen hasta de La Calle. Como hay que meterle zoología a esto no podía faltar una Paloma, que viene también de la casta de un expresidente, Valencia, quien nos dejó con el problemita de las FARC. Hasta el momento no se ha colado ningún Pachito de candidato, pero sí se ha pasado una Dilian Pachita Toro, porque todos tenemos algo de Pachito –¿recuerdan aquella famosa telenovela que se titulaba “Todos tenemos algo de Pacho”?–. Y no hay que olvidar a mi nieto preferido, Germán Vargas Lleras, quien tiene por punta y punta, por su abuelo y por su tío Alberto.

No podía faltar alguien que les meta un gol olímpico, por lo cual se encuentra en el partidor el señor Alejandro Char, dueño de los supermercados, droguerías y emisora Olímpica. Cosas irónicas, una persona que decía ser ‘Concejal de la Familia’ y que maltrataba a su esposa –según dicen los chismosos– también aspira a sentarse en la Casa de Nariño, que como todos sabemos se afirma es propiedad exclusiva del matarife. No olvidamos también que el Polo Norte, perdón, el Polo Democrático, también sacó a la pista a un buen bailarín, Alexander López Maya, quien es el ídolo de las empresas municipales de Cali y marido de todas las madres comunitarias. Incluso hasta la agricultura se haría presente en la contienda electoral, con el actual procurador Fernando Carrillo ‘Flórez’. Otro heredero que está a la vuelta de la esquina es Juan Manuel Galán, quien aspira a recoger los restos del Nuevo Liberalismo, para lo cual tendrá que darse codazos con otros que pasaron por ahí, como Iván Marulanda, quien fuera pupilo de su padre. Y como ya se termina el año y en un santiamén estamos de nuevo en Semana Santa, no podía faltar nuestro propio Cristo. –Refiriéndonos a Juan Fernando, mano–.

No podemos marginar al gran Gustavo Petro, quien iría por su tercera candidatura y tal vez repita lo que hizo en México Andrés Manuel López Obrador, que confirmó aquel dicho que reza “la tercera es la vencida”. La candidatura de Petro es la que más rasquiña le produce a la oligarquía y a los de siempre, por eso en nuestro relicario guardaremos las esperanzas de aquellos que lo ven como una tabla de salvación. Nosotros solo opinamos, no nos matriculamos. Por último, la dignidad tenía que tener su candidato y es Jorge Enrique Robledo, quien va por segunda vez, aunque en la anterior se bajó en la primera estación y no llegó hasta el final de la ruta, habiéndole entregado sus bártulos al cándido Fajardo.

Ante este sancocho que nos tiene abrumados consultamos con la bruja Zascandil, quien era la que nos asustaba cuando niños. ¿Cómo fabricar un candidato a la medida de Colombia? Ella espantó a su gato negro que se le había sentado encima del hombro y nos dijo: “la fórmula no es tan difícil, porque hay tontos electores colombianos que se toman todo lo que les den. A los últimos que he tenido oportunidad de preparar les di lo siguiente. Tomen nota.” Y eso hicimos. Aquí transcribimos su receta: “Esencia de pezuña de lagarto y huevitos de lagarta, estos lavados en agua saborizada de cianuro. Gárgaras de hipocresía; sangre de murciélago con coronavirus; una tonelada de burocracia; cinco partidos de narcofútbol; unas cuantas cartas marcadas para jugar bien póker; tres libras de ignorancia; aplicar ají de registrador, y sudor de jurado de votación. También deben echarle unas gotitas de ñoño y ñeñe y buscar al tigre Noriega para que arregle todo este caldo antes del escrutinio final. Esta pócima debe ir en una cantina que cargarán con resignación y orgullo unos cuantos generales de la República.”

Adenda: si usted desea que hablemos mal de alguien, por favor sugiéranoslo.

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