Feminismo progresista

Por: Leydi V. Carvajal

¿Cuáles son las vertientes feministas en los movimientos y partidos progresistas en Colombia?

Para responder a este interrogante primero hay que referirse a la discusión que está atravesando el principal movimiento político progresista de Colombia, el cual ha abierto y agudizado las discusiones feministas. En el contexto actual se observan unas vertientes feministas que se han consolidado ya sea alrededor de causas específicas e individuales correspondientes a la época modernista, otras que se han encargado de agrupar en causas sociales las diversidades de género en una perspectiva postmodernista.

Para entrar en materia, sin ánimo de clasificar las múltiples expresiones feministas surgidas en el debate político en los últimos años en Colombia, se puede hablar de dos tipos de feminismo, el liberal y el progresista. El primero es un feminismo individual, reivindicativo, ilustrado. El segundo responde a causas sociales asumidas por organizaciones de mujeres indígenas, afrodescendientes, marxistas, radicales, profesionales, mujeres insumisas que sostienen una lucha constante por conquistar la igualdad de género, el sufragio femenino, la inclusión en espacios de discusión política, el acceso a la universidad, entre otros derechos diferenciales en el contexto de la revolución industrial, la urbanización, el decolonialismo y un mayor protagonismo cultural.

Feminismo Liberal

Esta corriente defiende intereses individuales de las mujeres, cada grupo decide qué decisión tomar frente a los problemas de género. Y cuando convergen en una unidad de acción los grupos conforman un movimiento pequeño que pretende, de forma vertical, que las demás expresiones sean subalternas, ejemplo, juntarse todas las expresiones para abolir la prostitución, pero la propuesta liberal predominante señalaría “unas decisiones individuales entre hombres y mujeres que deciden ejercer la prostitución libremente”. Entonces, no hay una lucha profunda para erradicar las causas de la prostitución, la desigualdad de clases sociales como sustrato, solo mantener una estructura que deja en desventaja, sin élite, sin burocracia, a las mujeres emergentes, que trabajan en exceso y sin posibilidades de elección laboral para sostener sus hogares. Esta corriente parece estar conectada con los códigos de una época pasada, de unas estructuras obsoletas, modernistas, desconociendo el salto dado a una reciprocidad magnánima de saberes y culturas, una vez objetada la diferenciación de clases sociales. Esta forma de actuar servilista se observa también en el llamado “centro político”, donde el discurso se cierra en un actuar individual y que defiende intereses excluyentes y elitistas.

Feminismo Progresista

La otra vertiente que actúa, en una perspectiva postmodernista, de forma sorora hacía demás expresiones de diversidades de género, como por ejemplo las expresiones LGBTIQ+ en las que hay una participación de escucha constante, de horizontalidad, de encuentro y participación activa, se denomina Feminismo Progresista, un feminismo que ha hecho carrera en lo social, que se ha venido deconstruyendo a través de la historia, que reconoce como prioridad el sentir de las mayorías, en particular las mujeres y su diversidad de manifestaciones.

“Protocolo de Violencia Basada en Género-VBG”

Pero las discusiones en el progresismo político han tenido un punto álgido en el punto de la construcción de un protocolo para enfrentar los casos de discriminación y Violencias Basadas en Género-VBG. Y estas discusiones han desembocado en la identificación dentro del movimiento de corrientes feministas que se encuentran próximas al liberalismo, que sería benéfico para definir una política convergente si no atacara a otras mujeres, si no buscara subalternizar a las demás expresiones hasta el punto de pretender anularlas con calificativos como “intelectualismos que no dejan avanzar”, “construir un protocolo enquistado no machista ni feminista”, “feminismo oportunista”. Pretender que las mujeres se bajen al discurso de los hombres y se pongan a su altura es demagogia (Luciana Cadahia, 2020). Esta forma de operar es la misma línea liberal, devenida neoliberal, que oprime, es la perspectiva modernista que devela la vieja estructura organizativa de intereses individuales electorales o de un “Centro” inexistente, inoperable. También estas discusiones de la construcción de un protocolo basado en la prevención y rutas sobre violencia basada en género, demuestra las discusiones actuales que se están abanderando a nivel de Latinoamérica, una América Latina Feminista.

Juventudes Progresistas

Pero todo no está perdido en la construcción del protocolo, hay dos líneas de expresiones feministas de sectores sociales y de base, que se han movido para la construcción de este protocolo, además ya existía una propuesta que ha venido intentando materializarse desde el 2018. Anularla seria desconocer el proceso feminista dentro del movimiento, como también el grupo de Juventudes Progresistas, que ha actuado a la vanguardia del discurso feminista, promoviendo canales de interlocución, realizando capacitaciones internas, programando ciclos pedagógicos en conversatorios virtuales con panelistas que representan diferentes vertientes del feminismo (afros, intelectuales, lideresas sociales, excandidatas a cargos populares, estudiantes). Estas discusiones también se agudizaron con el comunicado que sacaron en rechazo a la violencia constante de la cual ha sido víctima Ángela María Robledo.

Hay que hacer un alto en el camino del movimiento progresista, en tanto la construcción del protocolo es algo muy serio en este momento en que surge al fin un movimiento social en Colombia con miras a ser poder en el 2022. Tras el reconocimiento de que se está trabajando en la igualdad de géneros, es importante preguntarse cómo se están dando estas discusiones, si se decide un panorama amplio de construcción o si va a quedar sometido a unos intereses particulares para hacer politiquería. Lo segundo no se diferencia del actuar neoliberal. Cabe recordar que los estatutos de la Colombia Humana señalan que la organización es nodal y horizontal, ningún nodo está sobre otro (ningún proceso de mujeres está sobre otro). Entre las acciones que se vislumbran, primero, estar bajo el principio del respeto de los procesos de base que se han venido consolidando, cumpliendo las normativas y reformas del actual gobierno que las ha dejado en desventaja. Segundo, reconocer que los procesos juveniles son vanguardia y se están consolidando como tal, habiendo demostrado las juventudes que están capacitadas en dar discusiones actuales, que son ejemplo en la construcción de un feminismo plural, incluyente, democrático, participativo y sobre todo progresista. Tercero, desde los cargos de poder que ostentan líderes del movimiento elegidos por las bases, no deben estar tomando posturas favoreciendo a sectores liberalistas que pretenden anular el discurso de las demás expresiones feministas.

La construcción de este protocolo se debe hacer bajo el principio de la pluralidad, la reciprocidad de saberes y la autocrítica. Hay que garantizar todas las voces, los insumos anteriores, para así materializar esta propuesta. Pero no solo exaltamos la construcción de este protocolo, sino la importancia de hacer pedagogía en prevención de la violencia de género, garantizando espacios seguros para las mujeres en sus diversidades, y también que los demás partidos progresistas continuen avanzando en las discusiones feministas, en la construcciones de espacios políticos seguros para todas/es/os.

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