Bye-bye Puerto Rico

Bye-bye Puerto Rico

Por: Luis Guillermo Pérez Casas / Defensor de derechos humanos y promotor de La Paz

“Yo fui la más callada de todas las que hicieron el viaje hasta tu puerto” Julia de Burgos

En 1493 un tal Cristóforo Colombo, hispanizado como Cristóbal Colón, divisó en su segundo viaje a lo que creía eran Las Indias, una hermosa isla. Desde su flota, ahora más imponente y numerosa que las tres carabelas del primer viaje, al observarla brillar en lontananza y verificar a qué santo correspondía en el calendario ese día memorable, decidió llamarla San Juan de Puerto Rico.

Sin embargo, los taínos, habitantes originales del lugar que siglos después el cantante Daniel Santos llamara Tierra del edén y perla de los mares, la conocían como Borukén, “tierra de cangrejos”. Por eso el imaginario popular y el folclor autóctono se refieren a ella como Borinquen, una deformación del vocablo inicial y a sus habitantes suele denominárseles “borinqueños” o simplemente “boricuas”.

Desde la llegada de los españoles de la mano del genovés, los puertorriqueños han estado bajo gobierno extranjero. Primero, el dominio español durante cuatro siglos y cuando ya tambaleaba el colonialismo de los ibéricos, en 1898 cayeron bajo las garras del águila calva al terminar la Guerra hispanoamericana cuando, además de Puerto Rico, los Estados Unidos tomaron Cuba, Filipinas y Guam, las casi últimas posesiones del imperio español, después de haber perdido sus colonias en el continente americano.

A partir de entonces se convirtió en el llamado Estado Libre Asociado-ELA-de la potencia norteamericana y la continuación de dicha situación, su integración total a la Unión para pasar a ser el estado número 5 en la bandera de barras y estrellas o la independencia total se han vuelto el tema número uno en esta nación latinoamericana. La condición ELA hace del pueblo boricua un pueblo socio de los norteamericanos, con ciudadanía pero sin representación en el Congreso ni en la elección de presidente y sin política exterior propia, aunque puede tener representación en certámenes de tipo deportivo o cultural.

Así, a grandes rasgos, frente a esta cuestión tan crucial los dos partidos tradicionales que han dominado la política de la isla, coinciden en mantener la dependencia ante el coloso del norte, solamente con la diferencia de estado asociado por la que aboga el Partido Popular Democrático, o estado pleno, agenciada por el Partido Nuevo Progresista. Por su parte, el Partido Independentista Portorriqueño, como su nombre lo indica, aboga por la separación completa y porque el país pase a ser una nación autónoma. Este sector es de alguna manera continuador de la línea que sostuvo durante muchas décadas el Partido Nacionalista, fundado por el maestro Pedro Albizú Campos, que llegó incluso a promover insurrecciones a favor de la independencia y acciones audaces como el asalto a la Cámara de Representantes por un comando dirigido por Lolita Lebrón en 1954.

Además, los grupos independentistas lograron posicionar en la Organización de Naciones Unidas el tema como una situación colonial y siempre se opusieron a los plebiscitos organizados para que el pueblo decidiera el status del país frente a su poderoso patrón. En ellos la mayoría se había inclinado a la conservación del carácter de estado libre asociado, seguida de cerca por los partidarios de la incorporación como estado pleno. Los independentistas, de acuerdo a las encuestas, rondaron el 5% de las simpatías populares. Sin embargo, precisamente en la última elección en que se dio el plebiscito, en la que también se escogía gobernador, su candidato obtuvo casi el 12% de los votos. Los analistas aún discuten si es un aumento sustancial de los deseos autonomistas o una representación del prestigio personal de su candidato, Juan Dalmau Ramírez. Otro gran vocero de la liberación es el cantante René Pérez, conocido como Residente con su grupo Calle 13, que llamó a la unidad de los sectores independentista y a la población a expresarse con un claro no a la anexión.

Llama también la atención el contraste entre el bajo porcentaje de favorabilidad de la independencia y las grandes manifestaciones de respaldo y solidaridad que se han dado con ocasión de la muerte de figuras independentistas como la icónica Lolita Lebrón, ya mencionada, que hasta el último día de su vida mantuvo su posición firme a favor de la libertad total, y el legendario Filiberto Ojeda Ríos, jefe del movimiento armado Ejército Popular Boricua “Macheteros”, muerto en septiembre de 2005 por un comando de centenas de hombres del FBI cuando visitaba a su esposa. Ese grupo había realizado acciones tan desafiantes para el imperio como el ataque a la base aérea Muñiz, anexa al Aeropuerto Internacional de Isla Verde, que en la capital del país era un asentamiento de la prepotencia imperial. Ni en su pesadilla más delirante los amos mundiales podían esperar el reto por un puñado de rebeldes a sus fuerzas militares, pero estaba ahí, respirándole en la nuca a Goliat. En enero de 1981, en un amanecer neblinoso un pequeño grupo de macheteros burló la fuerte vigilancia y por la laguna San José dinamitó nueve aviones de combate que saltaron por los aires mientras otros tantos quedaban seriamente averiados en tierra.

En esta lucha de resistencia por la independencia boricua, necesario mencionar a Oscar López Rivera, quien pasó 35 años en prisión y sólo recuperó su libertad por un indulto que le concediera, el presidente saliente de Estados Unidos, Barack Obama, el 17 de enero de 2017 que conmutó su sentencia y ordenó su libertad el 17 de mayo de 2017. López Rivera, y había sido beneficiado por la oferta de indulto de Bill Clinton en 1999, que rechazó porque dos de sus compañeros quedarían en prisión.
El Comité de Descolonización de la ONU aprobó una resolución el 18 de junio de 2012 con el apoyo de Cuba, Bolivia, Ecuador, Nicaragua y Venezuela se reconoció el derecho a la independencia y autodeterminación de Puerto Rico e instó a la liberación de los independentistas prisioneros en Estados Unidos.

En esas condiciones se llegó a una otra consulta que se realizó el pasado 3 de noviembre de 2020, el mismo día en que se elegía al nuevo presidente de los Estados Unidos. En medio de noticias que la opacan, empezando por la de la escogencia del inquilino de la Casa Blanca, apenas sí hubo mención a los resultados: el 52% por ciento se pronunció por la estatalidad, esto es, porque el país pase a ser uno más de los Estados Unidos de América, con lo que la lucha independentista ha sufrido su más duro el golpe, decicido democráticamente por el pueblo boricua.

Esto no significa la anexión inmediata porque la decisión debe ser aprobada por el Congreso estadounidense que hasta ahora ha manifestado más interés por conservar el status de estado libre asociado.

De cualquier manera, es un paso que aleja más la posibilidad de independencia para esta nación que a pesar de todos estos avatares políticos, sin duda sigue formando parte de la comunidad latinoamericana en el plano cultural, emocional e histórico.

Por ello no deja de ser sorprendente que no haya más interés de los gobiernos y los pueblos hermanos en esta situación. En la región latinoamericana son aisladas las posiciones a favor de la independencia y se destaca la revolución cubana que siempre ha apoyado la causa independentista y a nivel diplomático ha sido un abanderado en las Naciones Unidas del tratamiento del caso como un asunto de descolonización.

Desde luego el derecho a decidir su futuro, incluso a favor de una opción que no compartimos, es parte de la autodeterminación del pueblo boricua. Sin embargo, creemos que no debe abandonarse la lucha por la integración de esa querida isla a su espacio natural desde el punto de vista de su propia identidad, de la tradición histórica, lengua y cultura, para que se incorpore a una América Latina que tarde o temprano tendrá que unirse en un solo bloque sin dependencias ni imposiciones imperiales. La potencia moral que soñaba y por la que luchó Simón Bolívar y que forma parte de los anhelos de muchos otros próceres de nuestro continente debe reservar un lugar para nuestros hermanos que están a punto de irse de esta casa materna a la que pertenecen.

Si las oligarquías que han gobernado nuestros países han estado sometidas al dictado de Washington, difícilmente podría pedírseles que abogaran por la autonomía de un pequeño territorio y de un hermano menor del que en realidad, salvo su tradicional desempeño en la salsa y en general su carácter musical, en realidad no saben mucho. De alguna manera entre las clases dominantes que desprecian y oprimen a sus propios pueblos, compiten por ver quién gana más el favor del amo y la propia élite portorriqueña, que además tiene en una grave crisis al país les lleva en eso gran ventaja.

Por eso, para la verdadera integración y liberación de nuestros pueblos es totalmente indispensable un cambio en la dirigencia, que lleve al subcontinente a senderos de independencia y de mejoría en las condiciones de vida. Hay señales de que ese perspectiva puede acercarse con las grandes protestas populares en varios países, entre ellos Chile que están llevando a cambios institucionales democratizantes, así como con el retorno de la democracia a Bolivia.

El rumbo decidido por Puerto Rico no es un adiós total a sus hermanos, entre otras razones porque en los propios Estados Unidos los latinoamericanos somos ya la primera minoría y porque en las entrañas mismas del monstruo, como los llamara el mártir cubano José Martí, la lucha por la democracia, la paz y la igualdad está al orden del día.

La isla, así se vaya de nuestra comunidad en lo administrativo, debe seguir siendo parte del alma de Latinoamérica y su corazón debe seguir siendo “Residente” de en esa gran Calle 13 en la que vive y vibra la hermandad de nuestros pueblos.
Tenemos que forjar un nuevo destino para la integración latinoamericana, ya no es el de la Sierra Maestra y la insurgencia armada, es el de la democracia, pero para llegar a conquistarla se requiere comprender que «La educación es nuestra nueva revolución, no es el fusil. Aquí se dispara con palabras, se asesina con conocimiento, nuestra guerrilla son los libros.» Residente – Calle 13

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