Al pesimismo de la razón, lo vence el optimismo de la voluntad

El momento presente representa tal vez uno de los momentos de más incertidumbre en nuestras vidas. Una serie de espadas de Damocles nos amenazan: la pandemia, el genocidio del pueblo colombiano, la violencia política contra la Colombia Humana y contra toda voz de resistencia que se yerga en defensa de la vida, la crisis económica, la crisis climática, el terrorismo y el avance del fascismo en el mundo. Nos sentimos tan vulnerables ante semejante tsunami de caos, sufrimiento y muerte.

La incertidumbre frente a los resultados de las elecciones presidenciales en Estados Unidos tuvo al pueblo estadounidense y al mundo en un estado de inquietud y de ansiedad. Estamos caminando por el delgado filo de la historia. Ni Trump, ni Bolsonaro, ni Duque son ocurrencias accidentales de la historia, son más bien la manifestación expresa del despotismo y la codicia de unas castas corrompidas, las patadas de ahogado de un poder agónico. La estrategia del candidato republicano de desintegrar la democracia, sus instituciones, su legitimidad y el pacto social constitucional, consistió en el despliegue de un arsenal de mentiras, embrollos, engaños, manipulaciones y amenazas. Fuimos testigos del ataque de un hombre y sus accionistas en contra de un pueblo y sus decisiones, el asedio de unos pocos al destino de tantos.

A pesar de la victoria del Partido Demócrata, permanecen guerreristas y golpistas en Washington que tiene todavía el poder de desatar una sucesión de decisiones y hechos que podrían dejar exangüe la implementación del Acuerdo de Paz, desencadenar la militarización internacional de la frontera con Venezuela y provocar el estallido de una guerra regional que cobije el pillaje del tan codiciado petróleo venezolano, y seguir perpetuando la violencia y el despojo en los territorios de Colombia al servicio de intereses criminales mundiales. Esos intereses se debilitan, pero no ceden. Es con esa intención macabra y acumuladora que ciertos sectores políticos y económicos colombianos apoyaron a viva fuerza la campaña de reelección de Trump.

Por tanto, vivimos en un estado de sitio, en un estado de permanente amenaza a nuestra vida, a nuestra integridad, a nuestra dignidad. El riesgo de contagiarnos, de perderlo todo, de sufrir atrocidades, de morir por ser quienes somos, nos paraliza, nos debilita y acentúa nuestra angustia. En esta soledad y ese desamparo, es un estado de conmoción interior que han provocado en cada une de nosotres. Ahora bien, tengan certeza que encontraremos respuestas a estas incertidumbres, hallaremos los caminos de salida de este impasse y crearemos las condiciones, individuales y colectivas, para que en Colombia nada ni nadie vuelva a atentar en contra de nuestra vida y nuestra libertad.

La situación actual que ordena a los individuos a disputarse, a pelearse, a competir entre sí, a chocar, a rivalizar y a guerrear hasta quitarle la vida al otro, representa una deriva política y social, destructora de vida y de armonía. La política neoliberal de la muerte, que degrada nuestra casa común secando páramos, destruyendo selvas y dejando sin vida el agua y el aire, que arma nuestras comunidades para destruirlas, que explota y hunde en deudas a trabajadores, y que no sacia su sed de sangre y dolor, constituye nuestro mayor peligro y vencerlo, nuestro objetivo común.

A pesar de toda la oscuridad de estos tiempos, la esperanza es la que vence el miedo, como lo decía Lula. Aprendamos de este valiente acto del pueblo estadounidense. Fue juntando fuerzas que lograron la unidad del voto y la derrota del fascismo. Aquí, en Estados Unidos y en el mundo, nuestra capacidad de recobrar fuerzas, de inspirarnos, de emanciparnos y de unirnos, se conjuga con la oportunidad de transformar nuestra realidad. En minga, aunando nuestras voluntades, seremos capaces de derrotar todo percance que nos enfrentemos al luchar por una vida y un mundo más digno.

Diálogos y consensos nos permitirán superar conflictos y divisiones, y nos harán avanzar hacia la construcción de un programa político de unidad que nos represente a todes sin sacrificar quienes somos. Nos corresponde la unidad amplia de los demócratas, sin exclusiones. Es sacando a los oligarcas del poder que lograremos detener el desangre de Colombia y defender la autodeterminación de los pueblos. Estamos en condiciones de construir esa unidad y es nuestra tarea llevarla adelante hasta la victoria electoral de 2022. Lo podemos todes y lo podemos juntes. No hay fatalidad, nuestro destino lo definimos nosotres.

 

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1 Comment on "Al pesimismo de la razón, lo vence el optimismo de la voluntad"

  1. augusto velasquez elejalde | 8 noviembre, 2020 at 8:08 am |

    ¿Somos luz? si lo somos nada hay que temer, lo que hay es que descubrir porque tanta maldad. Toda esa maldad se debe a que la invasión desde la llegada de esos renegados de la vida, se hicieron al control del planeta y desde entonces mueven los hilos del mundo. Ellos son los que controlan las agenda del Orden Mundial, a la que los políticos y líderes del mundo sirven, unos sabiendo, otros no conociendo.

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