¡Es hora de la juntanza popular!

¡Es hora de la juntanza popular!

Por: María José Pizarro

Ya les vimos el rostro desenmascarado, en la matanza del 9 de septiembre y tantas veces antes en nuestra historia. Juntándonos y cambiando este relato hegemónico, es como pondremos fin a ese horror.

Cansados de jugar a la democracia fingida, ahora sólo impera su dominación criminal. Esta arremetida del poder significó el fin de 14 vidas de una juventud que lucha por protagonizar su propio futuro a la vez que defiende la vida para que nadie se la quite. Pero hoy lo sabemos: los autores materiales e intelectuales de esa masacre han puesto en marcha un plan macabro que prevé suspender el Estado de Derecho y desatar la violencia armada como dispositivo para “resolver” conflictos sociales. Las balas contra la protesta son una manifestación de pura y patológica represión. Es decir, se trata de una auténtica guerra contra la sociedad.

Esta guerra tiene varias caras y significados. Une de ellas es, en esto momento, la criminalización, judicialización y condena de la democracia. Usando su máquina del tiempo, nos hacen volver 20 o 40 años atrás, cuando los asesinatos, la tortura y las detenciones arbitrarias, eran justificados aduciendo argumentos de legítima defensa contra el terrorismo. Cualquiera que se atreva a poner en tela de juicio al poder será considerado terrorista, y por consecuencia deberá ser perseguido y aniquilado. Tal es la trama de este conflicto.

Sin embargo, allí no para, pues en medio de esa guerra contra la ciudadanía, las apáticas autoridades proponen dejar atrás ese trágico error humano, ese accidental desvío de las normas para entablar combate. No buscan justicia. Pero en cambio sí proponen tapar los crímenes con tierrita, piedad y concordia. Buscan apaciguar el dolor y la furia popular con perdones virales, reconciliaciones espectaculares y actos solemnes de olvido, que no hacen más que coartar el derecho de las víctimas y de la sociedad a exigir justicia. Ese acuerdo entre autoridades, dejando por fuera víctimas y victimarios, cimienta un futuro de impunidad, sin verdad, sin reconocimiento de responsabilidades, sin ninguna garantía de no repetición. Es así que pretenden imponernos la omertà, la ley mafiosa del silencio; aquí no ha pasado nada.

Pero eso no aguanta mucho más, pues la movilización social rompió el silencio con vida y arte en las calles. La potencia y la intensidad de las protestas populares de los últimos días y de los últimos meses excedió la capacidad de interpretación de las castas en el poder. Estas no logran ver más allá de las imágenes televisivas de multitudes que violentan su statu quo, pues la razón de ser de la protesta social elude su entendimiento. El camino más fácil y cómodo que los dueños del poder le han presentado mediáticamente a la sociedad durante décadas, ha sido el de explicar el disenso democrático en términos de vandalismo y evocando la supuesta intervención de grupos subversivos. Acto seguido, dan inicio a una campaña de manipulación para instaurar una narrativa hegemónica. Un relato único de los hechos, un relato manipulador mediante el cual se erigen a sí mismos, de manera cínica, en defensores del orden constitucional. En efecto, lo que impera hoy en Colombia es un régimen antidemocrático, dictatorial y fascista.

Somos protagonistas a la vez que testigos de la espontánea y orgánica organización de la ciudadanía. Manifestaciones, ocupación de espacios públicos, organización de asambleas populares: el pueblo reivindica sus derechos, se sacude por la dignidad, y se pone en marcha hacia una revolución democrática. La conjugación del atrevimiento, del empoderamiento y de la unión de cada miembro de este pueblo, portan el signo mismo de nuestra emancipación.

“El primer acto revolucionario que uno puede hacer ante el sistema es juntarse, porque el sistema te quiere individual y te quiere individualista”, afirmaba en noviembre uno de los miles asistentes a una asamblea popular en Santiago de Chile. Allí, en ese país, más de 10.000 personas participaron en unos 300 encuentros tan solo en una semana. Asimismo, juntarse significa el establecimiento de casas del pueblo en los barrios, donde la comunidad se organiza, donde los productos de las huertas comunitarias se comparten, donde los estudiantes de medicina atienden a sus vecinos, los de derecho brindan apoyo jurídico, y donde las mujeres intercambian saberes. Colombia no está sola, y puede también aprender de las experiencias de otros pueblos organizados.

En estos tiempos de desinformación mundial, el gobierno, a través de declaraciones oficiales, prensa y redes sociales, está desplegando una estrategia multidimensional de manipulación. Vía señalamientos y estigmatización, transforman retóricamente a la ciudadanía indignada en terrorismo organizado. Niegan masacres, muertos y violaciones, y condenan a la ciudadanía al estigma de pertenecer a actores armados. Y es así que en un país dominado por el narco-paramilitarismo, renace el viejo adagio: ¡Plomo es lo que se merecen esos ***! Es la legitimación fascista de la eliminación del Otro.

Matador lo ilustró perfectamente. A quien grite, se indigne, exija justicia, lo acusan sistemáticamente de criminal o terrorista, y asimismo será condenado. Pero en nuestro ejercicio de resistencia, en particular a través de la comunicación alternativa popular, demostramos nuestra capacidad de desafiar el relato hegemónico de los asesinos. Al no conformarnos, rompemos con su statu quo impuesto con armas y terror. Su respuesta a nuestro atrevimiento rebelde se enuncia como represión armada y falsos positivos judiciales. Esa persecución pretende quitárnoslo todo, la vida, la libertad, hasta el hecho de nombrar la realidad. Es organizándonos en nuestros barrios, en nuestras veredas, en la virtualidad, que logramos dar una respuesta contundente a la opresión.

Ante nosotros, colombianas y colombianos defensores de la vida, la libertad y la justicia, tenemos el inmenso reto de resistir a la muerte, la dominación y la mentira. Ante la persecución militar, judicial y mediática, la juntanza entre generaciones, entre parches, entre todes, ha de ser fundamental para construir una sociedad democrática, soberana y autónoma. A pesar de que el humo de las ollas populares se mezcle con los gases lacrimógenos, no daremos un paso atrás. El tejido social lo hilvanamos nosotros y nosotras, el pueblo de Colombia.

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9 Comments on "¡Es hora de la juntanza popular!"

  1. MJP. Excelente relato de una mujer joven actora del relato empoderado de la construcción de la historia hecha presente y esperanza constructora de futuro. Felicitaciones

  2. Tiberio Gutiérrez | 26 septiembre, 2020 at 6:52 am | Responder

    De acuerdo María José: unidad y organización popular, por ahí es el camino.

  3. César Augusto Orjuela | 26 septiembre, 2020 at 6:57 am | Responder

    Maria José, leyendo tus escritos, viene a mi mente un adagio popular: «Hijo de tigre sale pintao». FELICITACIONES.

    Seremos como una avalancha.. IMPARABLES. 😠✌️

  4. Excelente felicitaciones ,M José su visión es clara y su solución debe ser asi, gracias por su trabalo , por su lucha por la verdad, la paz, la reconciliació y la igualdad.
    Estamos.en una dictadura y no seria.raro un golpe de.estado, estan desesperados, Dios nos proteja y acompañe a todos.

  5. Muchas gracias por su aporte a seguir peleando por nuestras libertades. Quiero pedirle un favor. El hecho de hacer mención a palabras terminadas en «os» haciendo referencia a muchos ó a grupo, no requiere que se haga tambien con la terminación «as», ya que el no hacerlo, no significa que se denigre de uno ú otro sea mujer ú hombre.

  6. Maravillosa opinión mujer. Bravo!

  7. No más abuso de poder. No más miedo al Matarife, al macabro Mindefensa, a esas fieras salvajes del Centro Demonìaco. Resistencia civil al gobierno encabezado por el idiota útil que funge como «nuestro» presidente elegido alevosamente por el narcotráfico y su jefe encarcelado. La juntanza es necesaria. tengo 80 años, pero estoy lista a luchar por la libertad a la que aún tengo derecho.

  8. Excelente María José, te comparto una reflexión.
    El pasado 21 de septiembre, cuando se estaba llenando la plaza de Bolívar en Bogotá, una tanqueta del ESMAD recurrió a alta velocidad la carrera séptima con el pretexto de controlar unos vándalos que asaltaron un banco, gasearon a quienes venían en la marcha y luego disolvieron la concentración de la plaza de Bolívar. El 21N pasó lo mismo, el ESMAD desafiante entró por la esquina noroccidental de la Plaza de Bolívar y un grupo de personas que venían del parqueadero del palacio de justicia arremetieron contra el ESMAD y el palacio de Liévano y estos disolvieron la monumental concentración. Los vándalos aparecen de un momento a otro, pero nadie los detiene y no los apresan, aprovechan la confusión para detener a líderes sociales inmersos en la movilización y los medios de propaganda del Régimen nos tratan a TODOS como vándalos y esa es la noticia NO las causas de la protesta. Cuando nos califican de vándalos por hacer uso de la libertad de expresión, lo hacen por los posibles desmanes que suceden por la gente enardecida en la protesta. Resulta que la mayoría de veces, quienes inician las protestas son agentes del Estado camuflados en las marchas y manifestaciones. Nuestros líderes cuando les piden opinión, resultan descalificando esos hechos, que son condenables, pero *NO* advierten que pueden ser provocados por quienes se lucran políticamente desprestigiándonos. Hay que desarrollar una estrategia de vigilancia y control, hacer seguimiento y difundir estas prácticas perversas del régimen. Incluso realizar investigaciones con el apoyo de ONGs, periodistas y demás interesados en aclarar esas situaciones. He visto en múltiples ocasiones, como personajes ajenos al colectivo que se está manifestando, contribuyen a incendiar los ánimos, incitan a la violencia e inician las acciones violentas. Luego, quienes iniciaron las acciones vandálicas contribuyen a detener y judicializar a quienes cayeron en la trampa. De esto poco o nada hablan nuestros voceros, tal vez porque no tienen las pruebas concretas a la mano, entonces, hay que conseguir estas pruebas y difundir quienes son los vándalos. Un abrazo. Daniel

  9. augusto velasquez elejalde | 27 septiembre, 2020 at 1:09 pm | Responder

    Si, la juntanza, pero no la juntanza a la que estamos acostumbrados, o en religiones, o en partidos politicos, o en manifestaciones en las calles, la juntanza, debe ser en el ideario de la verdad que la humanidad no conoce, porque espera la verdad terrenal y resulta que es la verdad universal, universo que por inocencia e ignorancia ni conoce ni reconoce. Desde los 4 poderes: economía, religión, política y militarismo, la humanidad es sometida y termina por hacerse cómplice, solo que por acción de ley universal, viene la transformación, así como se transforma la fecundación de un óvulo por el esperma, en feto, luego en bebé, luego en niño, luego en joven, luego en adulto, luego en anciano, y vuelve a repetir ciclo con la reencarnación.

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