¡Cuidemos al prójimo!

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Por: Sebastian Sora / TW: @Sorajuan

El pasado fin de semana artistas, periodistas y presentadores, se unieron para hacer una protesta en contra de las muertes y el derramamiento de sangre que vive el país. Como nunca se había visto en Colombia se organizó una protesta digital que invadió las redes con el #UnCantoXColombia y entrada la noche con #ColombiaEnAlertaRoja.

Mas de dos millones de personas participaron de la propuesta pintando sus redes y ventanas de color rojo. Aunque es alentador ver tantos compatriotas protestando contra la injusticia, la desigualdad y la muerte, es doloroso conocer las cifras, relatos y nombres, que iban apareciendo cada tanto en la trasmisión. Inclusive muchos de los participantes se quebraron en llanto ante el descubrimiento de una sociedad oprimida por la guerra y la tragedia.

Ese sentimiento de dolor, rabia, indignación, pero principalmente, de impotencia que sentimos en este momento, nos plantea muchas preguntas ¿Qué hacer? ¿Es suficiente con poner una imagen en nuestras redes sociales? ¿De qué sirven los conciertos si las masacres continúan? Está bien indignarse y preguntarse, ese es el primer paso para la transformación y liberación.

Volviendo a la cuestión principal ¿Qué hacer? Podría encontrar respuesta en otra pregunta ¿Qué han hecho otros? Y así tomar como modelo sus respuestas. Por ejemplo, ¿Qué ha hecho el gobierno? Lo primero fue una negativa al préstamo de un avión para que la Comisión de paz del Congreso llegase a Samaniego, como si se tratase de una competencia, el primero que debía llegar allí era el presidente, no para dar consuelo a las víctimas sino para darles una lección: La muerte de sus hijos y familiares no son masacres, son asesinatos colectivos. Tampoco fue para escuchar a la comunidad a quienes se vio, en un video ampliamente difundido en redes sociales, como no se les permitió acercar a Duque a quien apartaron de los pobladores -curiosamente – con un gran despliegue de fuerza pública.

Por si fuera poco, esa actitud mezquina de corrector de estilo y de estrella de televisión a la cual no se le pueden acercar, el jefe del ejecutivo da rápidamente con los responsables de las masacres. Imputa los repugnantes hechos a los mismos de siempre y aunque está seguro de ello, los testimonios de sobrevivientes dicen otra cosa, como que en Samaniego no fue el ELN y que en Cali no fueron celadores. Mientras el gobierno -en toda su extensión- derramó lágrimas y apareció en todos los medios para defender al exsenador Uribe, frente a las víctimas de las masacres no se ve un solo gesto de compasión.

Una actitud como la del actual gobierno, trae al recuerdo una parábola que contó Jesús[i] para enseñar sobre el amor al prójimo. Un hombre es asaltado y dejado medio moribundo, los hechos ocurren en un camino peligroso –tal vez, como hoy el Catatumbo, Nariño, el Cauca, el oriente de Cali, o el Bajo Cauca antioqueño. Al hombre herido nadie lo atiende a pesar de que pasan junto a él un levita y un sacerdote –hoy podrían compararse con un pastor y un político.  Sin embargo, un samaritano –hay que entender que los samaritanos eran odiados por los judíos, en nuestro parangón se podría hablar de un venezolano migrante, un campesino cultivador de coca o un guerrillero- lo atiende, cuida de él. Jesús pregunta: ¿Cuál de estos tres piensas que demostró ser el prójimo del que cayó en manos de los ladrones? A lo que los oyentes contestan que el  samaritano, entonces el maestro les dice: Anda entonces y haz tú lo mismo.

Tal vez, en esta pequeña pero profunda historia se pueda encontrar respuesta a la pregunta ¿Qué hacer con la indignación y la rabia que nos generan las masacres cometidas? Sin duda queda claro que no se debe hacer lo del levita y el sacerdote, es decir, como sociedad no copiar la actitud antipática del Gobierno, ni las actitudes de líderes religiosos que, contrario a las enseñanzas bíblicas, prefieren omitir estos temas en sus sermones, pues la única relación con la política que les interesa es que ninguna lesbiana o ateo lleguen a ocupar algún cargo de elección popular,  que los predios de la iglesia eleven su valor comercial, o que el pastor o la pastora sean congresistas, senadores, ministros, concejales, etc.

Aunque para algunos suene raro buscar respuestas en las enseñanzas de Jesús, en un país como Colombia donde cerca del 95%[ii] de la población es cristiana, no tiene nada de descabellado volver a los principios del evangelio. Lo que lleva a pensar, en relación con la parábola, cómo ser los buenos samaritanos en nuestros días.

En primer lugar, es necesario aclarar que para amar el prójimo no es necesario ser judío, solo darse cuenta de la situación de desdicha de otra persona y hacer algo para mejorarla. Lo segundo, que amar al prójimo significa cuidar del otro, lo cual se puede hacer de la siguiente manera:

Movilizarse por la paz: Aunque estamos en plena pandemia, lo cierto es que se requiere sentar una voz que mueva las instituciones políticas para que tomen medidas efectivas de protección de la vida, exigirle al Estado el cumplimiento del Acuerdo de Paz, que como instrumento cuenta con las herramientas para frenar la ola de violencia que ataca a nuestros compatriotas, pero que además cuenta con el respaldo internacional para poder implementarse. Si bien, ahora no es lo más prudente salir a las calles, existen movilizaciones virtuales, cacerolazos y demás formas creativas que permiten, mediante una voz más fuerte que el ruido de las armas, cuidar del otro.

Hablar de la situación de violencia con nuestras comunidades: A la cristiandad le corresponde hablar de la realidad con los otros en sus iglesias y congregaciones, a los no creyentes hablarlo con sus amigos y familiares. El diálogo es nuestra oportunidad para visibilizar lo que sucede, para darle voz a quienes los violentos quieren callar. Un gran diálogo nacional en nuestras casas y chats de whatsapp que prenda las alarmas, que canalice la indignación, que sirva como red de ayuda al prójimo.

Construir un proyecto de país común: Toda acción que emprendamos por el cuidado del otro, pasa por un cambio en nuestras relaciones entre personas, con la naturaleza y con nosotros mismos. Estas relaciones están intervenidas por los Regímenes y de allí la necesidad de un Gobierno donde quepamos todos y la prioridad sea la paz. Amar al prójimo significa votar bien en elecciones por proyectos que cuiden la vida, y previo a eso participar de la construcción de los programas políticos que van a encarnar X o Y persona -eso es lo de menos- para garantizar el cuidado del prójimo.

Oración por la paz: Para la cristiandad la oración es un recurso invaluable, orar los unos por los otros[iii] recomendaba el apóstol. Realicemos una oración nacional por la paz de nuestro país, derramemos nuestras lágrimas ante la divinidad y confesemos nuestro dolor para que nuestra oración se convierta en acciones que liberen a Colombia de la opresión de la violencia y desigualdad.

Hay una forma en que los cristianos podemos responder a la pregunta ¿Qué hacer frente a las masacres que pasan a diario en nuestro país? Y la respuesta es ¡Amando al prójimo!, es decir, cuidando del otro mediante el diálogo, la movilización social, la participación política y la oración.

[i] San Lucas. 10:25 versión NTV

[ii] Cooperman, Allan; Sahgal, Neha (13 de noviembre de 2014). Religion in Latin America. Widespread Change in a Historically Catholic Region (en inglés). P 12. https://www.pewresearch.org/wp-content/uploads/sites/7/2014/11/PEW-RESEARCH-CENTER-Religion-in-Latin-America-Overview-SPANISH-TRANSLATION-for-publication-11-13.pdf

[iii] Primera carta a Timoteo 2:1. Versión NTV

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1 Comment on "¡Cuidemos al prójimo!"

  1. Genial, el cambio que se necesita ven nuestro bello país; está basado en el amor, en la solidaridad, y el bien general. La i diferencia es el arma más letal que destruye nuestra sociedad. Vamos por el cambio 🙏🏾

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