Es el paramilitarismo

Es el paramilitarismo

Por: Andrés Camilo Rodríguez Castillo

La ola de masacres que vive el país ha configurado mensajes claros en medio de las tensiones políticas por la detención domiciliaria de Álvaro Uribe Vélez; el primero, es que meterse con él, implica desencadenar una violencia sistemática por todo el territorio nacional; el segundo, es que atentar contra la vida de los jóvenes y las comunidades de las regiones más olvidadas, es la posibilidad de aplacar cualquier expresión contraria a un proyecto autoritario; el tercero, que ejercer violencia continua es vender seguridad hacia las elecciones de 2022 y el cuarto mensaje, es que el paramilitarismo como dispositivo de dominio y poder paraestatal, sigue siendo vigente y estratégico para la extrema derecha.

Una de las características más importantes de la consolidación del Estado en Colombia desde la segunda mitad del siglo XX hasta hoy, es el crecimiento del fenómeno criminal, representado principalmente en el narcotráfico y paramilitarismo, y que, a su vez, ha fortalecido la profundización de la desigualdad y el conflicto social a causa de la consolidación del modelo de desarrollo neoliberal y las políticas de exclusión, por su relación armónica con estructuras políticas a lo largo y ancho del territorio nacional. Así las cosas, el paramilitarismo tiene encarnada en su acción violenta, una identidad basada en la contrainsurgencia, en la relación civil, en la autonomía frente al Estado, en su penetración con el narcotráfico y en su estructura entrelazada con un conjunto de mafias políticas.

El patrocinio civil y político hacia los paramilitares a raíz del apoyo recurrente de diferentes sectores, ha conllevado a edificar un poder local, regional y nacional, legitimado institucionalmente por su economía y relaciones autoritarias con las comunidades en los territorios. El nexo orgánico con el desarrollo de la sociedad colombiana, es tan grande, que su multiplicación y fortalecimiento es dinámico, a pesar, de las circunstancias de un proceso de desmovilización dudoso y del crecimiento reciente de expresiones en favor de la justicia y la paz. El paramilitarismo, es una expresión más de la realidad nacional, que lleva a afirmar, que nos encontramos ante un Estado fallido, incapaz de superar la violencia estructural, no solo porque no quiere, sino que, al parecer, tampoco lo puede lograr.

Las fallas en la relación entre el Estado y la Sociedad, han llevado a inyectar el síndrome de la autodefensa en la siquis nacional, y no, necesariamente de la sociedad civil contra el Estado, sino de éste contra sectores específicos de la sociedad civil, que se pueden ubicar en la amalgama de clases subalternas del país. Y es este síndrome, el que ha llevado a tener impactos profundos en la democracia y en la posibilidad de consolidar la paz. La legitimación pública de la violencia, la convivencia continua de paramilitares y mafias políticas y, las nulas preocupaciones por el desarrollo regional, son los impactos que han configurado una interacción con un estatus de violencia permanente.

La legitimación pública de la violencia en la democracia por parte del Estado, Sectores Empresariales y la Extrema Derecha, ha implicado una convivencia del desarrollo político nacional con una noción de violencia insertada en los medios por los cuales, ya no solo se disputa el poder, sino que también se defiende. La presencia continua de estructuras narco-paramilitares en el país, ha impuesto un dominio político-militar que ha llegado a generar una cultura política basada en el autoritarismo. El extremo control de la población bajo modos de vida establecidos unilateralmente, configuró prácticas y relaciones sociales, que se tradujeron a restricciones democráticas y a formas de participación condicionadas de las comunidades, a causa de la militarización, el dominio de mafias, castas políticas y, la violencia criminal. Y, como si fuera poco, el desarrollo regional ha sido de corto alcance por el impulso que impone el paramilitarismo y los grandes intereses económicos en favor de un modelo especifico para las regiones; por su parte, el Estado no ha logrado adquirir una presencia nacional que brinde la garantía de derechos al conjunto de la sociedad civil y en especial, a las comunidades que habitan las zonas de conflicto directo; entonces, son estas las limitaciones que han calado en una visión del desarrollo basada en el despojo y la exclusión.

En este sentido, la condena a la violencia parece ser perpetua, y no es, por responsabilidad de la emergencia alternativa y democrática de los últimos años en medio de una transición política hacia la paz –por cierto, difícil-, como lo han querido hacer ver, sino por el contrario, es porque esto último, se ha convertido en una amenaza al poder político tradicional, lo que ha redundado, en el rediseño del enemigo interno. El horizonte paramilitar, con todo su entramado de patrocinios, hoy tiene como enemigo cualquier aire de cambio, y son, estas fuerzas de la muerte, las que quieren continuar en el eterno retorno a la violencia y en la implementación nacional de una noción de no futuro.

Hoy, la cartografía de sangre que quieren imponer tiene responsables, cómplices, financiadores y agitadores; es el paramilitarismo, es el Estado y es la extrema derecha. Y a éstos, la mejor manera de combatirlos, será radicalizando nuestra esperanza y acción por la democracia, la justicia y la paz.

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2 Comments on "Es el paramilitarismo"

  1. francisco romero | 27 agosto, 2020 at 7:50 am | Responder

    Que pesar que algunos colombianos no quieran y no les sirva la paz, se aprovechen de la desigualdad para que unos maten a otros para el beneficio ecoonomico de pocos.

  2. José Guillermo Vargas Zárate | 27 agosto, 2020 at 9:39 am | Responder

    Desde que se inició el innombrable en políticas están presentando estos problemas se orden publico, muerte a líderes sociales, líderes políticos y todo el que este en contra de sus demagogias políticas mentirosas

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