La prohibición de las drogas (4/4 resumen)

La prohibición esta mandada a recoger

Por: Felipe Tascón Recio / Twitter: @felipetascon57@felipetascon57

Sobre las drogas hay entronizada una falacia, se presenta que prohibirlas es lo natural, lo humano, mientras que ir en contra equivale a ir contra la vida en alianza con el narcotráfico. Al contrario, es gracias a la prohibición, que la droga produce las altas ganancias que nutren al narcotráfico La falacia cogió fuerza desde inicios del siglo XX, cuando la relación humanidad-drogas paso de ser un mero estigma moral hasta la guerra mundial antidrogas desde 1961. En paralelo la necesidad de prohibir se repetía mil veces y devenía verdad. Hay que tener claro que aunque hoy sea un fetiche, la prohibición tuvo un origen histórico, de donde también es posible darle marcha atrás.

El estigma de la coca aparece con Américo Vespucio quien, en 1499, califico como “rumiantes” a indígenas en mambeo (Vásquez, 2012). Tapa su ignorancia usando un calificativo solo aplicado con animales, y este acto racista podemos considerarlo la prehistoria de la prohibición. La colonización vendida como un acto civilizatorio, no reconocía saberes ancestrales en las que consideraban tierras salvajes. A inicios de la colonia, el estigma evolucionó, los curas, operarios del sojuzgamiento mental no aceptaron la competencia del uso ceremonial de la hoja de coca en el Ande, de ahí surgió la cruzada por la “extirpación de idolatrías”. Sin embargo muy temprano la coca cobró un importante rol económico. El virrey Toledo del Perú (1569-1581), aunque mantuvo la condena religiosa, promovio su uso como salario, porque la coca devino el aditivo de energía contra el desgaste de los mineros andinos (Cabieses F., 2001).  En la misma época, en Colombia encontramos referencias de cobro de impuestos coloniales por la coca (Arango y Child, 1987).

Esta esquizofrenia de la coca, entre valor económico y prohibición religiosa, no solo la mantuvieron los colonizadores, sino que la exportaron hasta su colonia asiática de las Filipinas, donde a falta de coca debían lidiar con el opio y donde su regulación se mantuvo hasta la salida de los españoles y recolonización gringa.

Al comienzo del siglo XX, la coca, el opio y sus derivadas, eran productos legales en EEUU, tenia amplia  publicidad y el calculo de consumidores ascendía a 300,000. El hito de fundación global del prohibicionismo, data de la recolonización de Filipinas, así Charles Brent, el obispo en funciones de colonizador religioso del archipiélago, calificaba a los chinos del archipiélago como “raza degenerada” por el opio. Por esto en 1903, influyó sobre el presidente Teddy Roosevelt para bloquear la continuidad de la preexistente regulación fiscal española (Escohotado, 1986).

La tarea de lograr la prohibición no tenia soporte medico o científico, en cambio uso propaganda racista. Por ejemplo en 1910, Hamilton Wrigth, colega de Brent en 1a comisión de drogas, escribió sobre la cocaína que «estaba demostrada su conexión directa con el delito de violación de blancas por los negros del Sur y con la trata de blancas» (Ibíd.). Lo que complementaba un artículo del New York Times de 1914, que reclamaba el aumento del calibre de las armas para la policía sureña “por qué los negros cocaínizados necesitan balas mayores” (Ibíd.).

La prohibición, se originó en la cruzada puritana por los ‘valores morales’, a favor de privilegios laborales de los blancos anglosajones y protestantes WASP, y contra migrantes tardíos. El sentido de herramienta de control racial y moral siempre primó, y así  la recomendación contraria a la prohibición del “Comité de estudio el problema del opio” fue desechada en 1908 (Ibíd.). Pero las dificultades para convencer al congreso en EEUU, en buena medida por la oposición de los gremios médico y farmacéutico, llevaron a los cruzados morales a buscar presión desde el exterior. Así se sucedieron conferencias en Shanghái 1909, y La Haya 1911, donde una serie de contradicciones entre los países procesadores y la ausencia de los principales cultivadores, dejaron todo en el aire (Ibíd.). Finalmente en 1918, al Tratado de Versalles, la paz de la 1ª guerra mundial, le colgaron como mico la convención prohibicionista, discutida por solo 13 países en La Haya.

En 1914, finalmente “coronan” la ley prohibicionista de EEUU, llamada Harrison. La clave fue hacerlo sin una enmienda constitucional (lo que en paralelo si se hizo para la Ley Seca). Para ser constitucional tenían que suspender “los derechos a la intimidad, la libertad de conciencia y la búsqueda personal de la felicidad”, en cambio fue una norma anti-contrabando, ambigüa en la tolerancia al uso medico (Ibíd.).

Mientras tanto en Europa y Latinoamérica, en vez de curas, hubo psiquiatras. Luego del descubrimiento del uso anestésico de la cocaína, Sigmund Freud la uso para tratar el dolor que una amputación le producía a su profesor Fleischl. Como el tratamiento fracasó, el psiquiatra ortodoxo Erlenmeyer afirmó que Freud había agregado un tercer flagelo, el cocainismo, sumándolo al alcoholismo y morfinismo (Cabieses, F. 2001). Este argumento lo potencio Emil Kraepelin, quien en la orilla contraria a Freud, asumía solo causas biológicas y genéticas para las enfermedades psiquiátricas. El “cocainismo”,  devino otro ítem en la pelea contra el psicoanálisis.

En 1913 el psiquiatra peruano Hermilio Valdizán, publico “El cocainismo y la raza indígena”, donde suma la influencia de Kraepelin, con prejuicios contra la “raza indígena degenerada” (citado en Caycho, Salas y Arias, 2015). Tal suma sin ninguna clase de filtro, le sirve para “demostrar” su superioridad sobre los indígenas andinos. Para Baldomero Cáceres la incursión de la psiquiatría en el tema drogas, las definió como adictivas asimilando su consumo como enfermedad mental, “estigmatizó a cientos de millones de seres humanos y nos mantiene estigmatizados todavía”, al tiempo que clasificaba a un grupo poblacional como pacientes (Cáceres, s/f).

Volviendo a EEUU, el carácter fiscal de la Ley Harrison, la volvía ambigua en su meta de perseguir pacientes, lo que provocó toda clase de excesos. La misma dosis podía ser “alcahueteo” de teguas a “adictos” pobres o “tratamiento” médico a pacientes ricos. La legalidad se volvió subjetiva, dio pie a detenciones de médicos y cierres de clínicas, mediante “falsos adictos” informantes de la policía. Usaron la estrategia de vender el sofá, primaba “la premisa de que sin clínicas y manteniendo en estado de permanente intimidación a médicos y boticarios el problema quedaría zanjado”. Mientras las cifras de presos por drogas empezaron a crecer, menos de 10.000 en 1917, 80.000 en 1930, en contraste Inglaterra ese año  solo tenía 1,000 “adictos” que llevaban una vida «satisfactoriamente razonable» (Escohotado, 1986). Hoy la cifra de presos por droga, esta cerca de 2 millones, esa curva nunca se aplanó.

Esto no importa, al fin y al cabo “La adicción es para los prohibicionistas algo metafísico, «mucho más incurable que la lepra»… y cualquier compromiso con ella equivale, finalmente, a traicionar a Dios” (Ibíd.). Vale reseñar que el término “drug addict” surge en la década de 1920, cuando al tema le aparece un barniz científico. Antes se usaba “dope fiend”, literalmente “desalmado” o “demonio” de la droga. Aquí es la filología la que nos ayuda a evidenciar el origen moral de la prohibición (Ibíd.).

En una sentencia de 1925 sobre un caso de “falso adicto”, la corte suprema señaló las “graves dificultades constitucionales” de la Ley Harrison. Los cruzados volvieron a fracasar buscando la enmienda constitucional, el contraataque fue alinear todo un ejercito de organizaciones cristianas,. Seis años después la corte termino cediendo a la presión divina y en 1928 en un fallo 6 a 3 aceptó a la Ley Harrison (Ibíd.). Nunca hubo enmienda, se legalizo algo anticonstitucional. En 1924, Louis Lewin publicó “Phantastica”, primer estudio sobre el daño de las drogas (Cabieses, F. 2001). Genera dudas por qué pesquisas que documentan como realizadas con pacientes del cambio de siglo, sólo las publicó cuando la Ley Harrison estaba siendo cuestionada.

Corrupción y prohibición vienen de la mano hace 100 años. En 1932, el hijo y el yerno de Roland Nutt, comisario jefe de la Narcotic Division, aparecieron en la nomina de un gánster asesinado (Escohotado, 1986). Dos noticias recientes apuntan igual. El piloto Samuel Niño estrellado en Guatemala transportando cocaína, en un video reclamaba el retorno de la aspersión aérea de glifosato “porque al no poder fumigar, los narcotraficantes pueden sembrar a campo abierto”. También la senadora Paola Holguín, hija de un lavador de Escobar, divulgó un video contra Petro en el que ella se vende como adalid contra el narcotráfico. Ocultan que es gracias a su prohibición, que la droga ha dado la híper-ganancia que los nutre.

¿Cómo llego este lio a Colombia?. La detallada recopilación de Eduardo Sáenz recoge entre muchos otros un informe oficial que nos informa no existía en 1940 “Ni el menor indicio de que la coca del país sea utilizada para fabricar cocaína”. Además relaciona una lista de decomisos menores, recetas falsificadas y la prohibición nacional apenas en 1938. Dos datos son muy atractivos, el reporte del alcalde de Íquira Huila en 1941, sobre la destrucción de 525 matas de coca en calles y jardines del municipio. También una fabrica de cocaína y heroína en Medellín en 1957, propiedad de Tomas y Rafael Herrán Olózoga (Sáenz, 1996). Estos empresarios eran primos del industrial paisa Hernán Echavarría Olózoga y descendientes de los presidentes caucanos, Mosquera y Herrán (Sáenz, 2016).

Volvamos al plano internacional, si bien se sucedieron otras convenciones, la prohibición no conseguía fuerza global, lo que solo logró después de la 2ª Guerra Mundial y de la fundación de la ONU, cuando en 1961 se impone la “Convención Única de las Naciones Unidas sobre Estupefacientes”. Vale reseñar un antecedente importante, en 1947 el gobierno peruano, solicitó la creación de una Comisión especial de las Naciones Unidas para el “problema” de la coca. La Comisión era una pura formalidad, las declaraciones de su presidente -el empresario farmacéutico norteamericano H. Fonda- apenas aterrizando en Lima -en 1949- ya contenían los prejuicios de las conclusiones. Sobre el consumo tradicional de la coca, Fonda afirmó “no sólo es absolutamente nocivo y, por lo tanto perjudicial sino que es la causa de la degeneración racial de muchos núcleos de pobladores y de la decadencia que visiblemente muestran numerosos habitantes indígenas y aún mestizos de ciertas zonas de Perú y Bolivia” (El Comercio, 12/09/1949, citado en Cabieses, F. 2001).

La prehistoria de la prohibición es la ignorante estigmatización de Vespucio, y su historia esta en negar la ciencia, en el moralismo racista del obispo Brent, en la pelea psiquiátrica de Erlenmeyer y Kraepelin contra Freud, en el uso de este argumento para soportar el supremacismo racial por parte de Valdizán.

En fin, La prohibición esta mandada a recoger.


Bibliografía:

Arango, Mario y Child, Jorge (1987): “Narcotráfico: imperio de la cocaína”, Bogotá, Presencia.

Cabieses, Fernando (2001): “Más sobre la coca”, Lima, INMETRA

Cáceres, Baldomero (s/f): “Psiquiatría y prohibición de plantas psicoactivas”, Lima, Nodo50

Caycho, Tomas;  Salas, Gonzalo; y Arias Walter (2015): “Los aportes de Hermilio Valdizán y el cocainismo en el antiguo Perú”, Talca, Universidad Católica del Maule.

Escohotado, Antonio (1986): “La creación del problema”, Madrid, Revista Española de Investigaciones Sociológicas.

Sáenz,  Eduardo (1996): “La prehistoria del narcotráfico en Colombia”, Bogotá, Universidad Nacional.

Sáenz,  Eduardo (2016): “Los empresarios ilegales y la conexión cubana”, Bogotá, El Espectador.

Vásquez, Manuel (2012): “La ruta de la hoja de coca 1492-1992, Entre la historia y el olvido”, Bogotá, Oveja Negra

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2 Comments on "La prohibición de las drogas (4/4 resumen)"

  1. Apreciado Felipe: Me deleito con cada una de sus columnas, estan llenas de información y de argumentación, además de bien escritas. Ya en otra de ellas te dije que me siento en tertulia, con un amigo y aprendiendo historia.
    Vivo en Canadá, donde por fortuna aún hay protección a los derechos básicos de la sociedad y del individuo. Este es el segundo país del planeta en legalizar el uso y mercado de la Marihuana, lo que ha traido innumerables beneficios: médicos, económicos, sociales y estatales; los indices de criminalidad han bajado considerablemente. Quienes más se opusieron a esta ley fueron grupos religiosos, lideres y seguidores de derecha y, ciudadanos provenientes de regímenes represivos. Esto concuerda con las cuatro columnas sobre el tema.
    Sugiero leas y comentes tus columnas, como otros colaboradores de este espacio. Sería muy placentero y conveniente. !!GRACIAS!!

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