Cuando el púlpito no es suficiente para conquistar

Cuando el púlpito no es suficiente para conquistar

Cuando el púlpito no es suficiente para conquistar, por: Sebastian Sora / Twitter: @Sorajuan

El apoyo de sectores cristianos principalmente neopentecostales -conocidos popularmente como megaiglesias- a grupos políticos de derecha se ve reflejado en la agenda de legislatura actual. Por supuesto, algo común en las disputas políticas, los congresistas financiados y elegidos por ciertos sectores tienen una obligación con su electorado y por ello legislan a favor de los intereses de estos.

Pero ¿Qué sucede cuando estos intereses consisten en quitarle derechos a otros? Sin duda, esto genera odios, rencores, rencillas, o como se dice recientemente: polarización. Una agenda legislativa no “a favor de” si no “en contra de” hace que el país se divida lacerando el poco tejido social que la guerra, la corrupción y el narcotráfico nos han dejado.

Pues bien, los partidos de gobierno han anunciado una agenda legislativa en contra de los derechos de las minorías y regresiva para los derechos de las mujeres. Se adelantan proyectos de ley que pretenden criminalizar el aborto y la eutanasia, pagarles a mujeres para que no aborten, cadenas perpetuas para diferentes delitos, negar la responsabilidad de terratenientes en la adquisición de tierras de desplazados, ente otros.

Bajo una visión confesional del Estado, se pretende que los derechos que han ganado víctimas, mujeres y minorías, con mucho esfuerzo y trabajo, se disminuyan en pro de mantener el estatus quo en el cual hombres -o en este caso el pater Estado- pueden decidir sobre el cuerpo de las mujeres y terratenientes sobre tierras de campesinos.

Estamos -de no hacer nada- , ante el regreso al oscurantismo, a la Edad Media, que como América no debimos de ver pero que nos asedia en pleno siglo XXI. Una visión retorcida de la fe cristiana pretende negar siglos de avance social, buscando acabar con el Estado laico que es base fundamental de la democracia.

Es una afrenta a la ética cristiana liderada por partidos políticos de carácter confesional, autodenominados representantes del cristianismo en el Congreso y Gobierno. Por medio de leyes pretenden regular comportamientos de la sociedad que para la moralidad moderna no son vistos como malos y que algunos sectores consideran derechos ganados como lo es el aborto y la eutanasia. Es decir, pretenden por la vía de la fuerza, la fuerza de las leyes, imponer una moral que, desde el pulpito, la enseñanza y la vida de Iglesia, han sido incapaces de inculcar.

Lo curioso, es ver como estos grupos político-religiosos rechazan la moral moderna en cuanto derechos de mujeres y minorías, pero la misma moral moderna la celebran en cuanto al dinero, las posesiones y la explotación. “Las mujeres no tienen derecho a decidir sobre otra vida” dicen, mientras predican en grandes conglomeraciones que el favor de Dios puede comprarse con dinero. Desde el pulpito deciden sobre la vida de miles de personas, como deben invertir sus recursos, que música escuchar, que amistades tener, con quien casarse, por quién votar en elecciones, y hasta tachan a quienes apoyan el proceso de paz o piensan diferente.

Como si a Dios le interesase ver a un país o nación comportase de cierta manera, aunque sus convicciones o corazón estuviesen en otro lugar. Por ese tipo de actitudes que intentan solo una apariencia de piedad, fue que Jesús llamo hipócritas a los fariseos.

Al contrario de tan constantiniana ética los grandes pensadores del cristianismo han propuesto un camino contrario. San Agustín, por ejemplo, dicen en sus Confesiones que “ninguna persona que obra contra su voluntad obra bien, aun cuando sea bueno lo que hace”[1]. Desde tal punto de vista ético, no tiene sentido cristiano forzar a alguien, bien sea por coerción o coacción, a actuar de determinada manera.

Un Estado gobernado por la Biblia, como algunos grupos fundamentalistas pretenden, es un estado fallido sino no rige una nación de creyentes. Pero no de creyentes nominales, sino una comunidad de creyentes, la cual, el gran teólogo del siglo XX, Karkl Barth, define como la comunión de los santos. “Estos santos son las personas a las que llegó la Palabra y fueron movidas de tal modo por ella, que no pudieron sustraerse a su mensaje y llamamiento”[2]. De nuevo, se pone de presente que la ética cristiana se centra en actuar por convicción no por imposición y que en todo caso un Estado fundamentalista niega las enseñanzas del evangelio.

Pero el mundo asiste a un declive ético, no solo por parte de los grupos neopentecostales y partidos políticos que forman; hay una crisis ética que se refleja principalmente en la forma de hacer política. Se reduce la política a grandes campañas electorales basadas en algoritmos y encuestas, se fabrican candidatos con expertos en mercadeo que tocan guitarra y hacen cabecitas en espacios de radio y televisión, pero no se intenta ganar la mente y, mucho menos, el corazón de las personas, ni durante la campaña y ni después de ella, lo que en sí mismo es un insulto a la ciudadanía.

Cuando el púlpito no es suficiente para conquistar a la ciudadanía, grupos extremistas intentan imponer la fuerza. Sin embargo, frente al desalentador panorama que nos hace pensar en el oscurantismo, la alternativa está en aplicar esa ética que enseño Jesucristo en la que se actúa por convicción, se hace política por convicción. ¡Y la mayor de las convicciones se refleja en lo que hacemos cuando amamos!

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2 Comments on "Cuando el púlpito no es suficiente para conquistar"

  1. Amigo, no se necesita ser cristiano para saber que el aborto es un crimen.

  2. Es increible como las iglesias de hoy en día buscan sólo el favor de un gobierno para así conseguir que sus «valores morales» sean impuestos, alejandose del verdadero mensaje de Cristo y olvidando su misión en la tierra.

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